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"Iban a matar": el grito de un indígena gamela tras el ataque que dejó a dos mutilados

Uno de los indígenas perdió las dos manos. Catorce fueron hospitalizados. Testigos relatan a PlayGround cómo centenares de personas, "muchos de ellos embriagados y armados", perpetraron una agresión masiva contra la comunidad al norte de Brasil

Fotografía de Ana Mendes/Cimi

"Había mucha gente, centenares, y muchos estaban armados. Empezaron a disparar hacia todos lados, muchos tiros. No les importó si lo que había eran niños, ancianos o jóvenes. No querían saber nada de nada. Iban a matar".

No murió nadie, por poco. "Nuestro 'encantado' nos protegió", cuenta a PlayGround Kerlinho, un indígena de la tribu de los gamelas que presenció el brutal ataque que centenares de personas perpetraron contra su comunidad en unas tierras de la localidad de Viana, en el norteño estado brasileño de Maranhão. La ONG Survival Internacional denunció el ataque.

Los indígenas intentan "retomar" una tierra que les fue arrebatada por la agroindustria en los años 70. Los actuales moradores hablan, sin embargo, de ocupación ilegal de los terrenos.  

No hubo víctimas mortales. Pero dos de los heridos, de entre 14 hospitalizados, vieron alguna de sus manos amputadas por los cuchillazos. Uno de ellos perdió ambas, según una foto divulgada por el Consejo Indigenista Misionario y según el relato de Meiri de Jesus, miembro de ese Consejo, que visitó la comunidad tras el ataque. Hasta cinco de los heridos tuvieron que ser atendidos por heridas de bala.

"Había más de 300 personas, muchas de ellas embriagadas, con cuchillos, piedras y armas de fuego. Fueron incitadas a atacar el pueblo, una cosa brutal, fue un crimen de odio", explica Meiri a PlayGround.

Tierra ocupada por los indígenas donde tuvo lugar la agresión / Consejo Indígena Misionario (CIMI)

 

"El ataque nos hace más fuertes"

Después del ataque, "los gamelas tienen recelo a sufrir otro, aunque tal vez la repercusión les frene un poco", cuenta Meiri, que explica que días después de la agresión "varias camionetas pasaron al lado del poblado en una noche para insultar a los indígenas y exigirles que se vayan".

Pero Kerlinho, joven indígena que estaba allí, no está asustado. " Si te digo la verdad, no tengo miedo. Sólo preocupación por los niños, que no se pueden defender. Pero creo que de este ataque nuestro pueblo sale más fuerte aún. No vamos a salir nunca de aquí, venga quien venga. El mundo entero está con nosotros", dijo.

El Consejo Indigenista denuncia que la "reunión pacífica" que fue convocada por una radio local y que acabó congregando a personas para el ataque fue una incitación al odio. En ese programa de radio participaba el diputado Aluisio Mendes, al que los indígenas acusan de participar en el ataque. Mendes trabajó con el ex presidente brasileño José Sarney, cuya familia dominó el gobierno regional de Maranhão durante años y tiene estrechos lazos con el agronegocio. 

"Había políticos, empresarios y personas de la iglesia evangélica de la Assembleia de Deus detrás del ataque", asegura Meiri de Jesus.

En aquella tertulia radiofónica que convocó a la acción ciudadana, los participantes denuncian que los indígenas estaban destruyendo casas, insultando a los vecinos del barrio y quedándose con su ganado.

La policía civil aseguró, según informa el portal UOL, que el ataque fue un enfrentamiento entre dos bandos y que ambos tenían armas de fuego y tuvieron heridos. No obstante, no han trascendido informaciones sobre heridos entre los presuntos agresores.

La versión de los indígenas es que recularon en cuanto vieron llegar un ataque en avalancha. Y niegan tener armas, aunque se preparan para una eventual resistencia con "arcos y flechas". "Son nuestras únicas armas, las flechas y nuestro canto", dijo Kerlinho.

Para Meiri, la paz sólo llegará cuando "el estado brasileño haga cumplir la Constitución y reconozca esas tierras como indígenas", aunque lamenta también que "no existe ningún plan de protección" de los indígenas contra los ataques.

Un grito desesperado

Cuando habla de cumplir la Constitución, Meiri se refiere al artículo 231 de la Carta Magna aprobada en 1988 que dice: "Se les reconoce a los indígenas su organización social, costumbres, lenguas, creencias y tradiciones y los derechos originarios sobre las tierras que tradicionalmente ocupan, y compete a la Unión (gobierno), proteger y hacer respetar todos sus bienes".

Los gamelas son una pequeña tribu de unos 1.500 indígenas que reivindican unas pequeñas tierras cercanas al municipio de Viana, en Maranhao. Pero el conflicto por la tierra afecta a muchas de las 240 tribus que hoy residen en Brasil. Según un estudio de la CEPAL, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, esas tribus reúnen a más 900.000 indígenas.

En los últimos trece años, 891 indígenas fueron asesinados en Brasil, según el Consejo Indígena Misionario. La mayoría de ellos debido a los conflictos por la tierra con los terratenientes de la agroindustria.

La escalada de violencia contra los gamela y otras tribus coincide con el avance en el Congreso de una enmienda a la ley que permitiría que el gobierno tenga más competencias para delimitar las tierras indígenas, función destinada hoy en día a la FUNAI (Fundación Nacional del Indio), que elabora estudios antropológicos antes de conceder terrenos a las tribus.

El pasado 25 de abril, unos 2.000 indígenas ocuparon una esplanada frente al Congreso en Brasilia como protesta para pedir más respeto en la delimitación de sus tierras. La policía dispersó a los manifestantes con gas lacrimógeno y balas de goma y tuvo lugar una batalla campal sin heridos de gravedad.

El pasado mes de marzo, el cacique indígena Ládio Verón, cuyo padre fue asesinado poco después de un viaje similar por Europa, visitó España y otros países del continente para denunciar el cerco que viven los guaraní-kaiowá, una de las mayores tribus de Brasil, con 45.000 miembros, y también la etnia más atacada y asesinada en el país. "Me amenazan todo el tiempo, incluso por Whatsapp. Pero yo no me rendiré y si me matan, sé que muchos otros líderes reaccionarán", dijo a PlayGround.

El de los gamelas, como el de los guaraní-kaiowá, es un grito desesperado de un pueblo ancestral en un país que devora sus selvas y a sus más antiguos habitantes, a golpe de explotación agrícola, industria y negocio para unos pocos.

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