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La mujer que mantiene vivos tatuajes con miles de años

La filipina Whang-Od lleva tatuando cuerpos como lo han hecho sus antecesores durante generaciones

Imágenes de Joseph Angan ( Kamuska), Jacob Maentz, Jorge Fernández y Travel Triology

Whang-Od, de 92 años, podría ser el final de las mambabatok (maestras tatuadoras) de la región de Kalinga, al norte de Filipinas. La única esperanza para la supervivencia de esta tradición es su pequeña sobrina-nieta Grace, de 10 años. Al tratarse de una región rural, la despoblación de la zona ha provocado que apenas nazcan más niños.

En Kalinga cada pueblo solía tener una mambabatok. Tatuaban a las mujeres que estaban con edad de casarse con motivos decorativos, a los guerreros con ciempiés para ir a la batalla, y a los que volvían victoriosos, con águilas.

Su técnica, el batok, es de las pocas maneras artesanales de tatuar que quedan en el mundo: en el batok se usa una espina afilada sujetada a un palo. El palo está mojado en tinta hecha a base de hollín y penetra la piel con pequeños golpes de un mazo de bambú, siguiendo una plantilla hecha a mano.

La exclusividad de estos tatuajes ha atraído a periodistas y turistas de todo el mundo a la aldea de Whang-Od. El trajín de visitantes ha dado una nueva esperanza a la conservación de esta tradición milenaria. Pero también ha provocado colas de hasta 50 personas todos los días en el pequeño establecimiento de la mambabatok y ha alterado la vida tranquila del pueblo.

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