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Guía superfácil para triturar a un liberal de izquierdas en una conversación

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Zizek ha escrito un libro que es una bola de demolición contra los liberales de izquierdas

Antonio J. Rodríguez

04 Mayo 2016 06:00

La postura realmente valiente consiste en admitir que es probable que la luz al final del túnel sea la de un tren que se acerca en dirección contraria.

Slavoj Zizek, La nueva lucha de clases

Una anécdota. Había una vez una superviviente del Holocausto conversando con algunos doctorandos en Alemania, cuando de pronto uno de ellos empezó a quejarse de algo que le ocurrió en Jerusalén. Resulta que el doctorando había conocido a un ex prisionero en Auschwitz que no paraba de meterse con los árabes. Decía que todos eran mala gente, sin parar. ¿Cómo puede ser, se preguntó el universitario, que alguien que ha estado en un campo de concentración hable así de los árabes? La superviviente del Holocausto no dudó en corregirle. Al fin y al cabo, ¿qué esperaba? Auschwitz no fue un centro de enseñanza de nada, precisó la superviviente, y mucho menos de humanidad y tolerancia.

—Jamás ha habido instituciones más inútiles, más absolutamente superfluas que esos campos —zanjó la superviviente.

La peripecia de Ruth Klüger la recupera Slavoj Zizek en su último libro, titulado La nueva lucha de clases (Los refugiados y el terror), y su propósito es contundente: acabar con la mistificación de la figura del refugiado que cierta izquierda liberal ha erigido durante esta crisis. Evidentemente, la posición de Zizek no puede ser más lejana que la de grupos de extrema derecha tipo PEGIDA, y he aquí el gran encanto del esloveno.

La nueva lucha de clases se plantea como una bola de demolición adecuadamente dirigida contra esa clase liberal de izquierdas contra la que normalmente solo arremeten los liberales de derechas y los conservadores (ya saben: «piji-progres», «izquierda-caviar», «burgueses-bohemios», etcétera, etcétera, etcétera). Así pues, lo gracioso de este libro es su manera de triturar cierto progresismo de época desde un anticapitalismo sin concesiones.

Dicho esto, lo que sigue en este artículo es una pequeña colección de fundamentos del liberalismo de izquierdas, convenientemente desmontados por el filósofo esloveno. Veamos.


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?"Precisamente hoy el capitalismo global no tiene ningún problema a la hora de adaptarse a una pluralidad de religiones, culturas y tradiciones locales"?

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1. «No se puede combatir el terror con el terror; la violencia sólo engendra violencia». Falso. Ocurre que ISIS ha terminado convirtiéndose en un agente en mitad del tablero de las guerras que de verdad importan. O como dice el filósofo:

«Nos hallamos en medio de un choque de civilizaciones, pero de hecho los choques ocurren dentro de cada civilización: en el espacio cristiano tenemos a los Estados Unidos y Europa Occidental contra Rusia; en el espacio musulmán tenemos a los sunitas contra los chiitas. La monstruosidad del ISIS sirve como fetiche para encubrir todas estas luchas, en las que cada bando finge combatir al ISIS para golpear a su auténtico enemigo».

Que se lo digan sino a los turcos, cuyo país finge combatir el ISIS pero en realidad está socavando a los kurdos, que son quienes de verdad están luchando contra el Estado Islámico. 




2. «El feminismo o las luchas por los derechos LGTB pueden convertirse en el caballo de Troya del imperialismo». Boko Haram, Mugabe, Putin… «la crítica anticolonialista de Occidente —dice Zizek— se presenta cada vez más como el rechazo de la confusión ‘sexual’ occidental y como la exigencia de que regresemos a la jerarquía sexual tradicional.

Añade:

«Deberíamos negarnos tajantemente a extraer la conclusión de que los izquierdistas occidentales deberían llevar a cabo una ‘renuncia estratégica’ y tolerar en silencio la ‘costumbre’ de humillar a las mujeres y a los gays en nombre deuda lucha antiimperialista ‘superior’».


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?Para Zizek, la solución política que ofrece el islam es nihilismo fascista y escenarios como Arabia Saudí o los Emiratos, absolutamente integrados en el capitalismo global?

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3. «Lo que Europa necesita es más democracia». No. En realidad, dice Zizek, ese déficit democrático es una parte necesaria de la estructura global: «Delata[n] la misma candidez de los críticos de los países excomunistas que, en el fondo, los apoyaban, quejándose tan sólo de la falta de democracia».

 

4. «Los valores europeos son una expresión de colonialismo». La cosa va más allá. Justo hoy, dice Zizek, «el capitalismo global no tiene ningún problema a la hora de adaptarse a una pluralidad de religiones, culturas y tradiciones locales».

Y luego agrega: «la cruel ironía del antieurocentrismo es que, en nombre del anticolonialismo, se critica a Occidente justo en el mismo momento histórico en que el capitalismo global ya no necesita valores culturales occidentales para que todo vaya sobre ruedas».

Finalmente hay otro asunto a tener en cuenta: «¿Acaso hemos olvidado que toda la idea de la emancipación comunista, tal como la concibió Marx, es absolutamente ‘eurocéntrica’?».


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?"Deberíamos cortar el vinculo entre refugiados y empatía humanitaria —pide Zizek—, y dejar de fundamentar nuestra ayuda en la compasión hacia su sufrimiento. En cambio, deberíamos ayudarlos porque es nuestro deber ético hacerlo"?

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5. «Toda crítica al islam es ‘islamofobia’». En realidad, el miedo de la izquierda liberal a decir o hacer cosas islamófobas no hace más que amplificar más la demonización del islam. «Cuanto más profundizan en su culpa los izquierdistas liberales de Occidente —detalla el filósofo—, más los acusan los fundamentalistas musulmanes de ser unos hipócritas que intentan ocultar su odio hacia el islam». De esta forma la culpa no mengua, sino que siempre se agrava. La tolerancia nunca es suficiente.

Varios ejemplos: «a sus hijos no se les sirve cerdo en las escuelas, pero ¿y si el cerdo que comen los demás les molesta?; a las niñas se les permite cubrirse en las escuelas, pero ¿y si las europeas que enseñan el ombligo les molestan?; su religión es tolerada, pero no se trata con el debido respeto».

Para Zizek, el islam no contiene ninguna alternativa política válida. Lo único que ofrece es «nihilismo fascista, que parasita el capitalismo», y escenarios como Arabia Saudí o los Emiratos, absolutamente integrados en el capitalismo global.




6. «La violencia que pueda ejercer un musulmán a una occidental es, en verdad, reflejo de una estructura patriarcal global». Recuerda Zizek lo ocurrido en Rotherham, una ciudad del centro de Inglaterra en la que hubo al menos 1.400 niños sometidos a una brutal explotación sexual entre los años 1997 y 2013. La investigación demostró que los delincuentes eran casi en su totalidad miembros de bandas pakistaníes; las víctimas, escolares blancas. Muy poca gente quiso meterse a analizar esto. Les preocupaba incurrir en juicios islamófobos: «a los delincuentes se les designó vagamente como ‘asiáticos’, se afirmó que los abusos no eran una cuestión étnica ni de religión, sino relacionada con la dominación de las mujeres a cargo de los hombres».

¿Problema con esto?

«Este aparente antirracismo —resuelve Zizek— es, de hecho, un racismo apenas encubierto, pues de manera condescendiente trata a los pakistaníes como seres moralmente inferiores a quienes no habría que aplicar nuestros criterios morales.


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?"Boko Haram o ISIS son el reverso islamofascista de los racistas europeos antiimigración"?

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7. «Los refugiados son buenas personas». Ocurre aquí la misma circunstancia que con el superviviente de Auschwitz que se quejaba de los árabes: depositamos en la figura del refugiado una expectativa moral que difícilmente esperaríamos de nosotros mismos. Ni se nos pasa por la cabeza pensar que los refugiados puedan ser personas crueles y con bajos instintos.

«Deberíamos cortar el vinculo entre refugiados y empatía humanitaria—pide Zizek—, y dejar de fundamentar nuestra ayuda en la compasión hacia su sufrimiento. En cambio, deberíamos ayudarlos porque es nuestro deber ético hacerlo, porque no podemos no hacerlo si queremos seguir siendo personas decentes, pero sin ese sentimentalismo que se rompe en el momento en que comprendemos que la mayor parte de los refugiados no son ‘personas como nosotros’ (no porque sean extranjeros, sino porque nosotros mismos no somos ‘personas como nosotros’). Parafraseando a Winston Churchill: ‘A veces hacer el bien no es suficiente, aun cuando sea lo mejor que puedes hacer. A veces tienes que hacer lo necesario’». 


8. «Tenemos la obligación de comprender mejor el ISIS». Lo cierto es que no hay nada que comprender, «en el sentido de que sus ‘actos deplorables son la reacción a las intervenciones brutales europeas’, sino que habría que caracterizarlos como lo que son: el reverso islamofascista de los racistas europeos antiinmigración; ambos son las dos caras de la misma moneda».

Tras los atentados de París, Alain Badiou distinguió tres tipos de subjetividad en el capitalismo actual.

El primero de ellos es el sujeto liberal-democrático de clase media «civilizado». El segundo son quienes, fuera de Occidente, están poseídos por el deseo de Occidente. En último lugar se encuentran los nihilistas fascistas, cuya envidia de Occidente se convierte en un odio mortal y autodestructivo.

Para Zizek, fenómenos como el ISIS y cualquier expresión de islamofascismo no son sino el reverso ideal del capitalismo global contemporáneo. «El hecho básico del fascismo fundamentalista —explica— es la envidia. El fundamentalismo permanece arraigado en el deseo de Occidente gracias al mismísimo odio que siente hacia Occidente». Además, «el Estado Islámico es también una gran empresa comercial mafiosa que vende petróleo, estatuas antiguas, algodón, armas y mujeres esclavizadas, ‘una mezcla de propuestas enormemente heroicas y de corrupción occidental a través del consumo’».


Expuestas estas ocho críticas al liberalismo de izquierdas, la pregunta es obvia: ¿qué hacer? La solución que Zizek propone es recuperar la lucha de clases mediante la solidaridad global con los explotados y oprimidos:


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?«Quizá la solidaridad global sea una utopía —concluye—, pero si no luchamos por ella, entonces estamos realmente perdidos, y merecemos estar perdidos».?

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