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"Asesinos silenciosos": la causa de la muerte de los refugiados de la que nadie habla

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Existe un motivo de muerte entre los refugiados del que a menudo no se habla

astrid otal

09 Enero 2017 06:00

En Jordania, los refugiados sirios que escaparon de la barbarie de la guerra se enfrentan cada día a una amenaza silenciosa. Tras haber conseguido cruzar la frontera dejando atrás la violencia, un gran número vio inasequible comprar medicamentos para tratarse las conocidas como 'enfermedades no transmisibles', entre las que figuran la diabetes, la hipertensión, el asma o los problemas de corazón. A consecuencia de no poder acceder a fármacos básicos, estos refugiados mueren.

"Las enfermedades no transmisibles están entre las causas de muerte más comunes en la región. Su tratamiento es tan importante como el de una herida de bala, la única diferencia es que estas enfermedades pueden pasar desapercibidas. Nosotros las llamamos 'asesinos silenciosos'", declara Marjan Besuijen, coordinadora de un proyecto de Médicos Sin Fronteras encaminado a cambiar esa realidad, en un informe.



Hace dos años, el Ministerio de Salud jordano dejó de ofrecer asistencia gratuita a los sirios huidos debido, según se explicó, a un colapso en el sistema propiciado por su llegada masiva al país. Desde entonces, muchos refugiados han agotado sus ahorros para pagar los cuidados médicos mientras que otros se han visto obligados a buscar alternativas menos eficientes o, directamente, abandonar a la suerte su salud.

Para cubrir la asistencia que el gobierno había dejado de proporcionar, en 2014, Médicos Sin Fronteras estableció dos clínicas en Irbid, una ciudad al norte de territorio. Atiende gratuitamente a 3.700 personas —el 69% son sirios, el 31% restante jordanos vulnerables— realizándoles un seguimiento de su enfermedad.



Sin embargo, a pesar de que abrieron estos dos servicios y de que realizan visitas a domicilio para los que por discapacidad o restricciones financieras no pueden acudir a los centros, se ven desbordados y ni siquiera llegan a todos los diabéticos, asmáticos o afectados del corazón que malviven en el país.

"Mi casa fue bombardeada. Perdí mi propiedad y mi sustento por la guerra en Siria", cuenta Muwaffaq Mreish, de 51 años de edad, ahora acogido en Jordania. "Sufrí un ataque al corazón debido a lo que había vivido".

La organización tuvo que empezar a aliviar también los problemas de salud mental provocados por el estrés y los traumas psicológicos, aunque no den abasto. Seis años después de que se comenzara la guerra, los daños del conflicto son inmensos y algunos, invisibles.

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