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Estos son los recuerdos más azules de tu infancia

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Hay ocasiones en las que la oscuridad lo gobierna todo... pero de pronto, se ve el mar

Luna Miguel

13 Septiembre 2014 10:39

La culpa del intenso azul que envuelve a este libro la tiene, en realidad, un siniestro dibujo en tonos rojos y negros realizado por un niño . Así es como lo cuenta el célebre guionista Zidrou, quien recientemente ha vuelto al catálogo de Norma con Léo, Léa, una historia de familia, de enfermedad, de muerte y también de amor. Porque hay luz al final del túnel, o al menos existe un pequeño resplandor azul que nos invita a relajar la mente, a ocultar la tristeza, a destruir todo aquello que algún día nos hizo daño y, al fin, a ver el mar.

Ansiedades rojas y negras

Escribe Zidrou al final de Léo, Léa que  la idea de escribir esta historia le asaltó un día en que uno de sus alumnos del colegio le entregó un folio sin esos árboles o arcoíris como los que cualquier otro niño habría dibujado. El suyo, sin embargo, estaba repleto de garabatos de color negro y rojo. ¿Qué clase de pensamientos habrían llevado a un niño a dibujar eso? ¿Qué clase de penas habría sentido el pequeño para expresarlas de una manera tan siniestra? ¿O acaso no era tristeza, sino puro arte casual concentrado en esos dos pigmentos tan poco infantiles?

En este libro construido por Zidrou y por el ilustrador Benoit Springer también aparece un dibujo similar, creado por un niño similar que en vez de ser de carne y hueso es de papel, aunque eso no impide que podamos ver a su cadáver flotar en una piscina mientras sus padres lloran desconsoladamente su pérdida. El niño se llama Léo, y vivía en una profunda depresión que contagiaría a sus padres y que sólo podría ser solventada gracias a la concepción de un nuevo niño, en este caso, la adorable pero rebelde Léa, protagonista de la historia que en realidad ocupa el grueso de esta narración. 

¿Pero a quién no le emocionó ver el mar por primera vez?

Le han robado el móvil. El tío con el que se acuesta la deja tirada cuando necesita ayuda. Y lo más triste: su padre ha muerto sin posibilidad de despedirse. Léa lleva toda la vida enfrentándose a una historia familiar horrorosa, de la que asegura no poder recordar nada bonito. Un aborto, los divorcios de sus padres, la frialdad de él tan ocupado siempre con sus cosas y tan poco disponible para pasar un poco de tiempo a su lado…

En ocasiones las cosas oscuras nos invitan sin embargo a que encontremos la luz, y es después de la muerte de su padre cuando Léa consigue rehacer su vida y descubrir que aquel hombre que la crió no era para nada un monstruo, sino alguien completamente dolido por la muerte de su primer hijo. La casualidad de toparse con otra Léa y la de descubrir que hay vida, familia y amor más allá de la propia sangre.

Al final, Léa se atreve a recuperar con cariño cada una de las cosas que le daban miedo de su pasado, y es entonces cuando a su memoria regresa aquel momento tan feliz de su vida que durante demasiado tiempo quedó bloqueado de su mente. ¡Ya sé cuál es el recuerdo número 1!, exclama Léa mientras se da un chapuzón en su piscina: el de la primera vez que viajaba sonriente con sus padres y de pronto, sus ojos felices se toparon de lleno con el mar.

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