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El recepcionista del hotel fue cómplice de mi violación

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Cuando el crimen busca intimidad, siempre encuentra una habitación libre

Alba Muñoz

28 Julio 2015 06:00

“El chico de la recepción me vio, nos miramos el uno al otro. Creo que sabía que algo iba mal, pero miró hacia otro lado. Ellos siempre miran a otro lado. Es extraño, porque debe haber algo que puedan hacer, ¿no?”.

Habla una niña de 13 años que ha sido forzada a prostituirse en un hotel. Su testimonio podría ser el de cualquiera de los 2 millones de niños que se calcula que son víctimas del tráfico sexual cada año.

La organización Equality Now, que maneja estas cifras, está detrás una campaña de sensibilización que nos acerca esta historia común y aterradora: el tráfico de adultos y niños con fines de explotación sexual es un negocio creciente, pero también discreto.

La mayor parte de las víctimas son vendidas por familiares o conocidos, secuestradas por las mafias o engañadas con falsas ofertas de trabajo. Les llaman los esclavos del siglo XXI.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 20 millones de personas han sido trasladadas a América del Norte y Central, Europa y Oriente Medio para ser explotadas laboral y sexualmente.

La misma ONU advierte en su informe de 2014 de que con toda probabilidad las cifras reales son mucho más elevadas. Precisamente porque este es un negocio que no ocurre mayoritariamente en prostíbulos o lugares destinados al trabajo sexual, sino en lugares a salvo de las miradas indiscretas y de las redadas policiales.

La campaña de Equality Now señala a los cómplices fundamentales: los hoteles, moteles, pensiones, casas privadas y de hospedaje. Sin su cooperación y silencio, la trata de personas con fines de explotación sexual no se habría convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo.

Los clientes se sienten seguros y los traficantes siguen aplicando su estrategia ganadora: la movilidad constante, nunca quedarse fijo en un sitio.

Equality Now apela a los clientes y a los trabajadores de estos establecimientos: ante cualquier sospecha, hay que llamar a la policía. Polaris, otra organización en defensa de las víctimas, ha elaborado una guía para reconocer casos de trata en nuestro entorno.

Y es que cuando el crimen busca intimidad, siempre encuentra una habitación libre.


El silencio social y la falsa privacidad son claves en el crecimiento del tráfico sexual





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