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Miedo a un Fukushima español

Cinco años después del desastre, en España las grandes empresas eléctricas luchan por reabrir un reactor exactamente igual que el de Japón.

Hace hoy cinco años, un terremoto de 9 grados y un posterior tsunami provocaron el mayor accidente nuclear del siglo XXI. En la costa oriental de Japón, la central nuclear de Fukushima I sufrió numerosas explosiones en los edificios que protegían los reactores; también sufrió la triple fusión de su núcleo y una fuga masiva de radiación que aún hoy sigue.

Cinco años después, la central todavía expulsa 300.000 litros de agua con radiación al Océano Pacífico y sus reactores siguen ardiendo. Se calcula que no lograrán enfriarse hasta dentro de 40 años.

Ahora, una central nuclear con un reactor idéntico al primero de los seis de Fukushima podría reabrirse. Se trata de Santa María de Garoña, en Burgos, al norte de España.

El complejo energético tiene el mismo reactor que el que sufrió la triple fusión de su núcleo en Fukushima: un General Electric BWR-3, fabricado en 1967, el mismo año en que se fabricó el de la central japonesa. El contenedor del reactor de Garoña es el mismo modelo Mark I de Fukushima.

El reactor de Garoña ha estado 40 años trabajando a altísimas temperaturas y tanto el reactor como su contenedor han aguantado una presión muy alta

“El reactor de Garoña ha estado 40 años trabajando a altísimas temperaturas y tanto el reactor como su contenedor han aguantado una presión muy alta”, dice en conversación telefónica Pep Puig, ingeniero y portavoz del Grup de Científics i Tècnics per un Futur no Nuclear (Grupo de Científicos y Técnicos por un futuro no nuclear).

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“En Garoña no habrá un terremoto de 9 grados, pero estamos hablando de un reactor obsoleto y completamente amortizado. No sabemos qué probabilidades reales tiene de que sufra un accidente, pero sí sabemos que fue diseñado para una vida de 30 años, se ha alargado a 40 y quieren prolongarlo a 60”, continúa Puig.

Operativamente desde 1970, la gemela española de Fukushima cerró el 16 de noviembre de 2012 (en 2009 recibió una prórroga de 3 años) y el 6 de julio de 2013 dejó de estar operativa completamente. Nuclenor, la empresa propietaria y operadora, formada por Endesa e Iberdrola, justificó entonces el cierre por motivos de rentabilidad económica, no por la obsolescencia de las instalaciones: su propósito era reabrir la central 17 años más.

Nuclenor quería prolongar la vida de la central hasta 60 años, pero el Gobierno no se la dio. Cerraron, y ahora el Gobierno parece dispuesto a dársela

Miguel Muñiz, activista ecologista y miembro de Tanquem les nuclears (Cerremos las nucleares), señala que el cierre se debió a que la sociedad formada por los dos gigantes energéticos pidió una prórroga de operación para la central de 17 años. Querían llegar hasta los 60. Esta petición se produjo después de que el gobierno anterior ya hubiera extendido la vida de la central hasta 2013, exigiendo elevados impuestos y reformas de seguridad, después del desastre de Fukushima.

Ante la nueva petición, el Gobierno del PP dio una prórroga hasta 2019. Sin embargo, la empresa siguió sin estar satisfecha. Debido a su escasa rentabilidad, Nuclenor decidió detener las operaciones.

Hacia una reapertura: decenas de millones de beneficio neto

Sin embargo, las cosas parecen haber cambiado y el Gobierno estudia ahora una petición para la reapertura: en 2014, un año después del cierre del reactor, Nuclenor volvió a pedir al Ministerio de Industria y Turismo la prórroga hasta los 60 años.

La solicitud de reapertura avanza en manos del CSN a pesar de la oposición política y podría emitir un informe favorable definitivo en la segunda mitad del año

A pesar de la oposición política a la reapertura (el 64% del parlamento nacional pidió paralizarla, además de la oposición del parlamento vasco, el navarro y el de Castilla y León), la solicitud fue aceptada por el Ministerio y ha sido transferida al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), único órgano que con sus estudios técnicos podría autorizar el alargamiento de la vida de este dinosaurio nuclear.

El pasado 3 de febrero, el pleno del CSN formado por políticos de PSOE y PP aprobó por mayoría —no por unanimiadad— los primeros cuatro permisos para la reapertura de la central. Se prevé que el informe definitivo se publicará durante la segunda mitad del año.

Puig señala que por motivos políticos, “un informe favorable tendría todos los números de salir durante el Gobierno en funciones. De esta forma evitaría que cualquier futuro Ejecutivo impidiera el alargamiento de la vida de la central”.

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Si el próximo Gobierno decidiera echar atrás la autorización del actual CSN, Iberdrola y Endesa podrían reclamar indemnizaciones millonarias por la no-explotación que ya había sido pactada. Es lo que ya ha sucedido con la plataforma de gas Castor.

Los ecologistas señalan que la reapertura de Garoña es un ensayo con el objetivo de sentar un precedente para alargar la vida de las demás centrales nucleares en España, de segunda generación

Según Muñiz y Puig, junto a los principales grupos ecologistas, el cambio de postura del Gobierno con Garoña responde a un ensayo para una operación mayor del lobby energético. Esta operación tendría el objetivo prolongar la vida de las demás centrales nucleares.

via GIPHY

“En España existen otras siete centrales, todas de segunda generación, de los años 80. Si se alarga la vida de Garoña, se sentará un precedente para alargar la vida de las demás centrales cuando cumplan su ciclo”, asegura Puig.

Según cuentan los ecologistas, esto repercutiría en decenas de millones de beneficio neto para las grandes empresas eléctricas. La estrategia de las empresas es reaprovechar las infraestructuras existentes para evitar inversiones millonarias en nuevos reactores. Solo con Garoña, Nuclenor ganaba 150 millones de euros anuales. Apenas producía el 1,4% de la energía eléctrica que se consume en España.

¿Qué dicen los pro-nucleares?

Por su parte, desde el Foro de la Industria Nuclear Española, su presidente Antonio Cornadó nos ha asegurado que “desde finales de los años ochenta y hasta 2013 se han invertido un total aproximado de 430 millones de euros en modernización, puesta al día y actualización tecnológica de la central”. Sin embargo, desde 2013, las modificaciones tecnológicas han sido nulas.

El Foro Nuclear asegura que desde finales de los 80 hasta 2013 se han invertido 430 millones en modernizar la central. Pero los ecologistas denuncian que no hay ningún sistema de seguridad capaz de proteger un reactor tan antiguo

Muñiz asegura que “la única tecnología capaz de mejorar la seguridad de un reactor es la construcción de un reactor completamente nuevo. El esquema de funcionamiento del reactor de Garoña es el que es y no se puede modificar. No hay ninguna mejora tecnológica contundente que incremente su seguridad. Quieren mantenerlos en funcionamiento con pequeños ajustes, que es lo único que puede hacerse”.

La amenaza de un desastre nuclear por la reapertura se ha extendido como un fantasma. No existen estudios que prueben con datos el porcentaje de riesgo que implicaría que la central volviera a funcionar. Muñiz asegura que es “imposible” hacer un estudio de estas características por las trabas del lobby de las nucleares. Todos los informes técnicos dependen del CSN y de sus técnicos, y el CSN, a su vez, depende de un consejo político formado por viejos miembros de PSOE y PP.

Contaminación radioactiva de las aguas

Para Puig, Garoña representa un peligro potencial, sobre todo por la contaminación radioactiva de las aguas: “Garoña está en la cuenca del Ebro, donde residen 3 millones de personas y se encuentra gran parte de la industria agroalimentaria española”.

Sin necesidad de que se produzca un accidente, Garoña emite niveles de tritio que pueden considerarse contaminantes para el agua. En 2011 Greenpeace publicó un informe que denunciaba que la central ha aumentado la temperatura del río Ebro 10 veces por encima de lo permitido

Y Muñiz añade que, aunque no se produjera un accidente, el funcionamiento normal de la central emite niveles de tritio (un isótopo radioactivo) suficientes como para contaminar las aguas. Por otro lado, en 2011 se publicó un informe independiente pagado por Greenpeace que señalaba que la central calentaba las aguas del Ebro 10 veces por encima de lo permitido.

Por su parte, Cornadó asegura que, a pesar de ser el mismo modelo de reactor, Garoña no representa peligro de catástrofe nuclear porque “en Japón se produjo un terremoto de 9 grados”. Además, “a través del Plan de Vigilancia Radiológica Ambiental (PVRA), se toman muestras y medidas de radiación y radiactividad del aire, de las aguas, los suelos y de productos naturales y alimentos”.

Estas muestras descartarían el riesgo ambiental según el Foro Nuclear. Sin embargo, para los ecologistas, los niveles de contaminación hallados son inaceptables, la antigüedad del reactor amenaza con un accidente y la única alternativa es el cierre definitivo de la central.

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