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Explican por qué el sexo en el espacio será la cosa menos excitante de la galaxia

La microgravedad lo complica todo

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Vamos a decirlo de entrada : el sexo en el espacio -si se tuviera- sería la cosa menos excitante del universo. Pero con las noticias que llegan de que el turismo espacial está a la vuelta de la esquina, es inevitable preguntarse acerca de los calentones en los viajes fuera de nuestro mundo. Y, desgraciadamente, tienen pinta de que serán incluso más torpes y horribles que la primera vez .

Según cuenta a Gizmodo John Millis, del departamento de ciencias físicas e ingeniería de la Universidad de Anderson, los movimientos en la microgravedad serían... complicados. Sobre todo, porque con cada empuje de cadera se aleja a la pareja en la dirección opuesta. Lo que uno en esos momentos menos desea.

"Imagínense un par de patinadores sobre hielo fresco: si fueran a empujar sus manos unas contra otras, cada una de ellas retrocedería alejándose una de la otra".

Ya de primeras, la pareja tendría que estar anclada y atada entre sí para que sus cuerpos no se separaran. Pero hay más.

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La gravedad de la Tierra es inteligente: ayuda a nuestro flujo de sangre a las partes más bajas de nuestro cuerpo. En el espacio, con gravedad cero y con la sangre enviándose a la cabeza, a los hombres les costaría más tener erecciones y a la mujeres lograr que su clítoris se agrande y pueda lubricar.

En microgravedad, al corazón también le cuesta más bombardear la sangre al resto del cuerpo y los músculos se acaban sintiendo flácidos y flojos. Como uno no esté muy entrenado será como si un runner principiante corre a los dos días una maratón: imposible de sorportar para el cuerpo.

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Incluso si se venciera a todo lo anterior, luego todavía quedaría vencer al asco. Dos cuerpos presionados el uno contra el otro se calientan y sudan. Pero en el espacio las gotas de sudor y los líquidos segregados no resbalan por el cuerpo: en microgravedad, se desprenderían formando pequeñas charcas en torno a la pareja.

Si todo esto no te ha quitado las ganas de tener sexo cósmico, ya te las quitará el espacio. Las largas estancias espaciales acarrean una reducción en los niveles de testosterona en los hombres. Todavía no se sabe por qué, lo único que se ha comprobado es que los astronautas los recuperaron una vez regresaron a la Tierra. La líbido de las mujeres, curiosamente y como ya viene siendo tradición, no se ha medido.

De hecho, la NASA no ha realizado ningún experimento sobre sexo cósmico. Hace 17 años, el escritor científico francés Pierre Kohler vendió al mundo que la Agencia Espacial había encargado un estudio sobre posiciones sexuales en microgravedad. Sin embargo, la historia resultó ser un bulo. Una lástima, por otra parte. Porque si vamos a colonizar otros planetas, la reproducción y el disfrute estarían bien.

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