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Algunas razones por las que el death metal no debería estar en los museos

La cultura pop se empeña en reclamar los espacios de la alta cultura, y los resultados casi siempre nos dejan mal cuerpo

Del 3 de julio al 6 de Agosto, la banda de death metal Unfathomable Ruination estará tocando de miércoles a viernes en las puertas del Gherkin, el icónico edificio londinense de la City. ¿La peculiaridad del asunto? No tocarán al aire libre, sino dentro de una diminuta caja estanca, opaca e insonorizada. Nadie les escuchará ni les verá, salvo cuando entren y salgan de la caja. Como mucho, a la banda le dará tiempo a tocar Anti-Genesis o Extinction Algorithm in Procession durante el escaso tiempo que dure el aire dentro de la caja. Menos mal que sus temas no son muy largos.

Semejante puesta en escena salió de la mente del artista portugués Joao Onofre, que llamó a su instalación Box Seized DIE. La instalación se ha realizado en varias ocasiones: las bandas que se meten en la caja han ido cambiando, pero siempre han compartido sonoridades extremas. Con escuelas como la Metal Factory holandesa tratando de profesionalizar los sonidos metaleros y llevarlos al ámbito académico, la instalación de Onofre refuerza esa corriente que lleva años empeñada en dotar las músicas populares de un halo teórico o "arty". Esto se suele hacer llevándolas al terreno de la escuela, el ensayo o el museo.

Y aunque tal vez los esfuerzos sean bienintencionados, vistos los poco excitantes resultados y el aburrimiento general nos preguntamos si este tipo de experimentos realmente aportan algo. ¿Estrategia de márketing o intento de ganar nuevos mercados?¿”Street credit” para unos, legitimación por parte del mundillo artístico para otros? Partimos de la base de la libertad total para experimentar como se prefiera, pero aquí dejamos caer unos cuantos ejemplos rarunos para arrojar algo de luz sobre el asunto.

1. Matthew Barney - "Cremaster 3: The Order"

Barney fue, durante buena parte de los 90, la rockstar de los artistas contemporáneos, con permiso de Damien Hirst. Su universo mutante y plástico era tan atrayente como incomprensible la mayor parte del tiempo. No es de extrañar que se casara con Björk y que, juntos, acabaran pariendo una película dentro de un buque ballenero. Antes de eso creó su obra magna, el Ciclo Cremaster, una serie de películas basadas en los ciclos de la creación. En la tercera parte de las cinco, Barney se disfraza de homúnculo rosa y asciende los niveles del museo Guggenheim de Nueva York. En una de las plantas se encuentra en medio de una lucha de bandas hardcore. Los seguidores de Agnostic Front y Murphy's Law se enfrentan en un pogo mientras Barney remueve piezas de madera. Una película antes, habíamos visto al batería de Slayer Dave Lombardo tocando un solo de cinco minutos acompañado de un enjambre de abejas. La obra es fascinante, pero a día de hoy todavía nos rascamos la cabeza tratando de averiguar de qué iba todo aquello.

2. Jay-Z - "Picasso Baby"

Con el respeto debido, alguien debería estudiar qué le pasa a la gente con Marina Abramovic, investigar por qué últimamente se ha convertido en lo más cool de lo cool y TODO el mundo, desde James Franco a Lady Gaga, quiere pasar un rato con Marina. O imitarla. Basándose en "The Artist is Present", una acción de la artista en la que estuvo tres meses sentada en una sala de exposiciones, a Jay-Z se le ocurrió la idea de promocionar su disco Magna Carta...Holy Grail rapeando Picasso Baby en un museo. Claro que él sólo estuvo un día, y que el aforo era limitado. Llamó a Mark Romanek para dirigirle un vídeo y luego invitó a todos sus colegas artistas a ir a verle. ¿El resultado? Un intento algo ridículo de reconciliar su cada vez más frágil espíritu del ghetto con el entorno aséptico y estéril del museo, rodeado de VIPs que parecen vestidos para la ocasión por un equipo de estilistas, y un vídeo que no tiene nada de la fuerza ni la garra ni la autenticidad que al género se le supone.

3. Napalm Death + Keith Harrison

Una de las colaboraciones más extrañas con las que nos hemos topado es este combo entre grindcore y cerámica, que la banda de Birmingham llevaron a cabo el pasado noviembre en la localidad británica de Bexhill. La idea era crear un sistema de sonido muy poderoso forrado de cerámica de colores, y comprobar cómo la música salvaje de la banda lo tumba. Viendo el vídeo, la verdad es que la cosa tenía su gracia. Saber que pensaban montar el espectáculo en el Royal Albert Hall y que no les dejaron por miedo a que la estructura del edificio se resquebrajara también tiene su qué. Pero no deja de ser un poco decepcionante ver a una banda que es toda una institución de lo extremo rodeando de vallas una instalación artística y llenándola de seguratas. Lo contrario al carácter peligroso que ha hecho de la música de Napalm Death algo único a lo largo de la historia del género.

Vídeo

4. The National - "A Lot Of Sorrow"

La banda neoyorquina colaboró con el artista islandés Ragnar Kjartansson en esta pieza, para la cual estuvieron tocando sin parar su canción Sorrow durante seis horas seguidas en las instalaciones del MoMA. The National siempre han caído bastante en el lado de lo "arty", siendo una banda pop con buena acogida entre los fans más indies romanticones y entre quienes les piden a sus artistas favoritos que, antes de componer una canción, se hayan leido las obras completas de T.S. Eliot. También tienen ese lado de crooner clásico que reconcilia audiencias de todas las edades. Así que verlos en un museo no es nada del otro jueves. Otra cosa es la extraña sensación de ver a la banda vestida con fracs, o el público a los pies de un escenario en el que se está reproduciendo una y otra vez la misma canción. Aunque bien pensado, ¿no es eso lo que pasa en muchos macrofestivales?

5. Yoko Ono

En una lista sobre estas extrañas colisiones no podía faltar la señora que destruyó a The Beatles. Aunque muchos no soporten su música, Ono se ha ganado a pulso su estatus como artista y compositora a lo largo de los años. Pero, seguramente, el suyo sea uno de los primeros y más célebres ejemplos de cómo despojar a la cultura pop de su inocencia primigenia y hacerla entrar de golpe en la pantanosa arena de los mass media, la contracultura, la política de salón, las biennales de arte, la música experimental y la performance. Y se llevó a una ingenua y excelsa banda de inglesitos por el camino. Probablemente, a partir de ese momento el mundo de la producción cultural se hizo mucho más interesante. Pero también mucho MUCHO menos inocente.

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