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El rap se lo inventaron un puñado de congresistas yanquis

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¿Qué papel juega la exportación de cultura hip-hop en la política exterior estadounidense?

Tomás Fullola

23 Marzo 2014 13:31

Esta semana hablábamos del libro "Rebel Music: Race, Empire, and the New Muslim Youth Culture", el nuevo texto del politólogo estadounidense Hisham Aidi. El libro vendría a abundar en la reflexión sobre uno de los fundamentos sociopolíticos clave de la cultura hip-hop, que prácticamente nació con ella: su relación estrecha con el Islam. Nuevamente, la documentación de Aidi nos hace reflexionar sobre la apropiación estatal de toda forma de cultura popular, o sobre los fundamentos reales en los que descansa nuestro canon cultural.

Así como el expresionismo abstracto recibió el apoyo de EEUU durante la Guerra Fría, Aidi habla de la llamada "diplomacia del jazz", un programa igualmente conducido por el departamento de Estado norteamericano que consistía en enviar a bandas de jazz, lideradas por músicos de la talla de Dizzy Gillespie, Louis Armstrong, Duke Ellington o Benny Goodman a países de África, Asia u Oriente Medio. ¿Su propósito? "Contrarrestar la propaganda soviética" y promocionar el "American Way of Life".

A mediados de los 2000, una iniciativa gubernamental llamada Rythm Road reprodujo la misma mecánica, pero esta vez aplicada a artistas hip-hop (rappers, dj's, breakers…). El procedimiento consistía en convocar conciertos y talleres en diversos puntos calientes del islamismo desde Costa de Marfil a Indonesia. Esta vez el fin deseado era contrarrestar el extremismo islámico y el "hip-hop yihadista" con "buen rap" y "buenos musulmanes".

En 2010, precisamente después de uno de estos conciertos en Damasco, la por entonces Secretaria de Estado Hillary Clinton describió el hip-hop como una "pieza de ajedrez en el tablero multidimensional que es la diplomacia cultural". Semejante declaración, aparte de evidenciar que los estrategas políticos del mundo podrían quitarle la gracia a cualquier cosa que se les ponga a tiro, no deja dudas sobre la manera en que los órganos estatales del país se aproximan a la siempre fecunda relación entre islam y hip-hop. Para ellos no es una manifestación cultural, sino un arma. Y la usarán como mejor consideren. De hecho ya están preparando un nuevo programa llamado "Next Level Project", cuyo fin es "cultivar la diplomacia cultural a través de la música y el baile".

Pero, ¿está funcionando su estrategia como sí que lo hizo la "diplomacia del jazz" en su momento? ¿Puede un hip-hop políticamente correcto imponerse a otro hip-hop política y culturalmente radicalizado, que además se usa como arma contra el imperialismo? ¿Puede el rap, un arte de esencia reivindicativa ser desactivado con sus mismas armas, en países cuyos regimenes tiránicos han sido muchas veces construidos con el apoyo estadounidense? Y más importante todavía, ¿cómo puede el gobierno reclamar para sí la autoría del género, o declararlo como algo genuinamente norteamericano, como si el mero hecho de hacer rap tuviera algo que ver con adoptar las políticas USA? ¿Dónde están los matices y los grises, y en definitiva, quién se apropia de quién?

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