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¿A quién quieres más, al bebé o a tu vicio favorito?

María lo tiene bastante claro

María va a la consulta del doctor Carrillo y el doctor le pide que se siente. Enhorabuena, va a tener usted un bebé, le informa; y María se pone roja, empieza a sudar y, por último, saca un cigarrillo.

Entonces Carrillo le dice que alto ahí, asesina, que primero de todo en el hospital no se puede fumar y, segundo, si no sabe lo malo que es el tabaco para el niño. Que no lo dice él, que lo ha leído en el Telegraph: un estudio científico ha monitorizado los vientres de las embarazadas fumadoras, y que las imágenes hablan por sí solas:

Arriba se retuerce el bebé de una fumadora; abajo descansa el de una no-fumadora

¡Pero yo NECESITO fumar, y ahora más que nunca!

Eso es lo que piensa María mientras el pedante de Carrillo le cuenta los pormenores del estudio: en las universidades de Durham y Lancaster han monitorizado a lo bebés de 20 mujeres que se fumaban catorce cigarros al día. Catorce cada una, ya me entiende.

Pero, doctor Carrillo, catorce cigarros son tres cuartos de cajetilla y yo no fumo ni tres pitillos al día; además, que seguro que las embarazadas de Durham y Lancaster le dan al Ducados negro, pero yo fumo Marlboro Light.

Carrillo dice que ni hablar, que el tabaco afecta al sistema nervioso central del bebé, y que este es solo la última mala noticia científica para las fumadoras: estudios previos demostraron que los cigarros dañan la calidad del óvulo, adelantan la menopausia e incluso aumentan el riesgo de parto prematuro.

Pero, antes de que el doctor acabe la frase, María se enciende un cigarro.

María le va a decir cuatro cosas al doctor Carrillo

A ver, doctor, usted sabrá de ciencia más que yo, pero no tiene ni idea de embarazos. No sabe lo que es que le pateen a uno la tripa desde dentro, tener que ir al baño cada hora y, desde luego, no tiene ni idea de cuánto duele un parto. Para eso no hay droga que valga.

Para lo que sí me sirve el tabaco es para rebajar el estrés y dejar de odiar, solo un ratito, al asqueroso que me dejó embarazada contra mi voluntad.

Porque, si estoy encendiendo este cigarro, es porque aquí se van a empezar a hacer las cosas con mi aprobación; y mi primera decisión es que este niño no será un malnacido como su padre, porque este niño nunca nacerá.

Y María aspira otra calada

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