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Si quiere ser millonario, hágase un blog de moda

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Cuando muchos hablaban de la decadencia del fenómeno, se publican las cifras astronómicas que estos chicos reciben por hacerse fotos con las prendas adecuadas

Leticia García

13 Junio 2014 13:12

"La edad de oro de los blogs de moda ha terminado", sentenciaba el New York Magazine hace unos meses. Según la publicación, ya no aportan frescura. Los periodistas y editores han adquirido la misma destreza en las redes sociales y los lectores han dejado de sentir empatía por ellos.

Un año antes, Buzzfeed ya anunciaba el fin de los blogs de estilo personal y apuntaba las mismas razones: ya no son creíbles y, si quieren sobrevivir, deben saber aportar otros contenidos más allá de las prendas que se ponen a diario.

Ambos artículos fueron muy leídos, compartidos y comentados. Su fin, para algunos, podía estar cerca, pero no cabe duda de que el tema, para bien o para mal, sigue interesando.

Pocos días después de que se decretara oficialmente su muerte, Nueva york amanecía repleta de posters en el metro y enormes vallas publicitarias. Youtube había decidido promocionarse a través del rostro de tres videoblogueras: Michelle Phan, Bethany Mota y Rosana Pansino. El enorme llamamiento no iba dirigido a que los transeúntes visitaran los canales de vídeo de estas chicas (que ya acumulan millones de fans por sí mismas), sino a las marcas de moda y cosmética. El mensaje, aunque entre líneas, quedaba bastante claro: "Comprobad por vosotros mismos la influencia de estas chicas y anunciaos a través de ellas".

Cifras millonaras

Puede que estemos hartos de hablar sobre los selfies o de discurrir sobre la exposición pública en el entorno digital, pero la fiebre por los chicos que detallan a diario a qué fiestas acuden y la ropa que llevan puesta no se está apagando, sino todo lo contrario: según detallaba ayer el diario Women's Wear Daily, un bloguero de moda puede llegar a ganar más de un millón de dólares al año. Curiosamente, los que alcanzan estas cifras astronómicas no son sólo los más famosos, también los semidesconocidos. Como Rachel Parcell, una bloguera que no reside en Londres, Nueva York o París, sino en Utah, y que, sin embargo, recibe unos ingresos anuales millonarios.

Rachel Parcell

Su éxito reside, precisamente, en la falta de glamour: no acude a fiestas exclusivas ni se codea diariamente con famosos. El público se siente más identificado y, en consecuencia, compra la ropa que Parcell postea diariamente.

Puede que la audiencia ya no crea en la veracidad del contenido de los blogueros más mediáticos, pero eso no quiere decir que el fenómeno vaya a morir, sólo va a transformarse: a mayor normalidad "simulada", mayor rentabilidad. El público reclama una vuelta a los inicios, a la etapa en la que los blogs eran espontáneos y cotidianos. La respuesta llega en forma de cotidianidad fingida.

Rachel Parcell

"Cien mil dólares no es suficiente. Puede ser mucho dinero para alguien que acaba de empezar, pero no cuando tu blog es un verdadero negocio. Tenemos muchos gastos", declara en el reportaje Bryan Boy, una de las estrellas de este fenómeno.

Monetizar cada detalle

Okiko Talents

La finalidad de estos chicos es conducir a sus seguidores a la compra apelando a la empatía. Nos sentimos más identificados con ellos que cualquier modelo o celebridad y, sin embargo, los blogueros también tienen asistentes, managers (empresas como Brand Architects o la española Okiko Talents se encargan de su representación) y grandes cuentas bancarias.

Algunos llegan a cobrar hasta 40.000 dólares por asistir a un evento y 5.000 por postear una fotografía de sus prendas en Instagram. Ejercen como diseñadores para grandes firmas (y agotan lo que diseñan), publican libros que se convierten en best sellers y, en su papel de emprendedores ejemplares, dan conferencias sobre cómo monetizar cada pequeño detalle.

Está claro que no han perdido su influencia. Y que el anuncio de su muerte es más el deseo de algunos que una realidad constatada. No importa lo extravagantes que lleguen a ser ni los contratos publicitarios que acumulen; millones de personas siguen creyendo que la moda se vuelve más real cuando la luce uno de estos jóvenes. Aunque, paradójicamente, la moda en este negocio suele ser lo de menos.

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