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Chico punk busca chica para toda la vida

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"La ira es energía", las jugosas memorias de John Lydon, se publica en castellano

Ignacio Pato

11 Mayo 2015 06:00

“Soy el anticristo que anuncia mantequilla en TV”.

Más o menos, así podría definirse a sí mismo John Lydon. O quizá deberíamos decir Johnny Rotten, el chico podrido que puso el Reino Unido y el mundo patas arriba con su primer grupo, Sex Pistols.

Ahora se publica en castellano sus memorias actualizadas, La ira es energía (Malpaso): 600 páginas sin desperdicio en las que Lydon se despacha a gusto con todo y contra casi todos.

Este es un viaje extremo. De las ratas de Finsbury a un barco en Malibú, de la BBC negando la canción God save the Queen en 1977 a esta misma canción sonando en el estadio durante la ceremonia de inauguración de los JJOO Londres 2012. Del odio al amor para toda la vida.



Lydon nació en 1956 en una familia pobre del norte de Londres: “Vengo de la basura. Dentro de un sistema de mierda, el shitsem. En mi familia teníamos claro que si Santa Claus bajaba por la chimenea se quemaría y que luego la gente del barrio le molería a palos por la pinta de pedófilo que tenía”.



A los 7 sufrió una meningitis que le mantuvo en coma 7 meses. Llegó a ser incapaz de reconocer a sus padres. La adolescencia también le guardaba un episodio traumático más:

“Mi abuelo murió y tuve que identificar el cadáver. Por aquel entonces él tenía catorce hijos y vivía con una prostituta. Tuvieron que apañarle el cráneo un poco porque, cuando estaba follándose a una prostituta en el umbral de casa, se había caído de espaldas y se había abierto la cabeza. Así es como murió. La tenía dura”.

A esas alturas, John Lydon ya era Johnny Rotten, Johnny el podrido. “El concepto del cepillado de dientes no iba conmigo. Todo el mundo me conocía como Rotten y el mote se me quedó para toda la vida”, confiesa.



Uno de los mejores amigos de Lydon fue Sid Vicious, futuro bajista de Sex Pistols, con quien convivió una época como okupa. Vicious huía de una casa problemática. “La madre de Sid era adicta a la heroína. Un día le dio una bolsita de heroína para que se la chutase. Yo me quedé de piedra”.



Los Sex Pistols se formaron en 1975. Duraron solo dos años y sacaron un único disco de estudio, Never mind the bollocks, here's the Sex Pistols. Les bastó para ser considerados los padres del punk. Lydon tenía solo 19 años.



La leyenda rodearía a una banda con letras incendiarias que se mofaban del sistema político y la Reina y proclamaban la anarquía en el Reino Unido. La polémica alrededor de la banda despertó, en sus propias palabras, “al puñetero hijo de puta” que Lydon lleva dentro.

Los miembros de los Pistols, a pesar de las contínuas peleas internas, encontraron un blanco común: el manipulador manager Malcolm McLaren, deseoso de sacar partido económico del grupo. En sus memorias, Lydon ajusta cuentas con él y con sus ex-compañeros.

Malcolm quería que Charles Manson (sí, el asesino loco de esa secta) produjera nuestro segundo álbum desde la cárcel”, dice sobre el manager. “Nunca recibí el cariño y el respeto que nos debíamos como banda. Así que comed mierda y moríos, hijos de puta”, es el mensaje que tiene para el resto de Pistols.



La fugaz carrera de los Pistols acabaría en 1978. Durante su último concierto en San Francisco, Lydon lanzó sobre el escenario la pregunta “¿alguna vez habéis tenido la sensación de que os están engañando?”. Era evidente que él sí la tenía.

Lydon no iba a quedarse quieto. Entonces fundó Public Image Limited (PiL), un grupo en el que acabó dando rienda suelta a su visión del punk relajada y abierta. Con sonidos que recogían ecos de reggae y música disco, a Lydon se le hizo familiar la frase: "te has vendido, eso no es punk".



El punk como tal, de hecho, ocupa decenas de páginas en las memorias de Lydon. “Me horrorizaba el estereotipo en que se estaba convirtiendo el punk” o “los que de verdad deberían llevarse el primer premio de no enterarse de nada son los punks. Se involucraron con la ropa pero no con el contenido” son algunos de los sentimientos que expresa.

Agobiado por los peligrosos comportamientos de algunos de sus "fans" (una vez, en Amsterdam, un espontáneo intentó apuñalarle con un destornillador en el escenario) y tras varios encontronazos con la policía, Lydon decidió marchar a EE.UU. Primero Nueva York, después Los Angeles. Allí descubrió la cultura visual norteamericana y quedó fascinado por la TV.

En Los Angeles, desde el 84, estableció su particular nido de enamorados con su compañera Nora, a la que declara amor eterno en uno de los capítulos. “Cuando me comprometo es para siempre. No me puedo imaginar la vida sin Nora”, escribe. Y añade "una de nuestras mayores preocupaciones es cómo nos las vamos a arreglar para morir al mismo tiempo”.



Los problemas con las drogas marcaron parte de la existencia de PiL. De uno de sus miembros, Keith Levene, Lydon dice "tenía demasiada sangre en la droga que corría por sus venas”.

Las drogas no son ningún tabú en La ira es energía. Lydon analiza los efectos de todas aquellas que ha probado y se detiene en la que más le interesa: el speed. “El speed no me da ganas de levantarme y ponerme a correr sin parar, sino de sentarme, pensar y disfrutar de lo que estoy haciendo, aunque sea cortarme las uñas”.



Finalmente, y tras haber disuelto PiL, Sex Pistols volvieron a tocar juntos. Era ya 1996, Lydon tenía 40 años. El éxito fue notable y las acusaciones de vendidos, también. Irónicamente quisieron bautizar aquellos conciertos como "la gira del lucro sucio".

Lydon asegura haberlo pasado bien en aquella reunión. Con ella llegaron a Chile o Japón, donde por ejemplo le dio por "lanzar al público plátanos con mi autógrafo". Su vestuario y el punk continuaban siendo trending topic en su cabeza. “Cualquier cosa que yo me ponga es punk”, zanja.



En 2004 Lydon aparecería en el reality I’m a celebrity… get me out of here, una especie de Supervivientes británico rodado en Australia. Todo Reino Unido comprobó que seguía siendo un punk cuando se permitió llamar en directo "putos gilipollas" a los telespectadores. El programa recibió 91 quejas por ello.

Lo cierto es que Lydon, que ya había tenido su propio programa en el canal norteamericano VH1, "una MTV para puretas" como él mismo lo define, comenzó a protagonizar sus propios shows. John Lydon’s shark attack, John Lydon goes ape y John Lydon’s megabugs van de nuestro amigo haciendo submarinismo, tratando con chimpancés en Uganda o Ruanda y con todo tipo de insectos y arañas.

En los últimos años Lydon, se siente más libre que nunca. Tanto como para disfrutar de su barco en Malibú. O tanto como para protagonizar anuncios de mantequilla, teorizarlos a su particular modo —“es la idea más anarquista que me habían propuesto jamás”—… y hacer que sea otro éxito: las ventas de mantequilla aumentaron un 85% tras el anuncio.

Pero queda lo más importante. Mientras acabas de leer esto, John Lydon sigue siendo "un niño de 59 años" que es feliz con Nora. Quizá cambiar el mundo también era eso.



En caso de empate entre amor y rebeldía, que decida un barco en Malibú






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