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El día que los humanos intentamos enseñar a hablar a los delfines con LSD

En 1964, durante un controvertido proyecto se les administró dosis de la droga para que imitaran el lenguaje humano

Pixabay - Arte Stephen Lyne

Tenía veintitantos años cuando llegó a la conocida como Casa del Delfín, las instalaciones en la isla caribeña de St.Thomas donde se comenzó a tratar de enseñar a hablar a los delfines en 1964.

Margaret Howe Lovatt, la protagonista del documental La chica que hablaba con delfines que emitió la BBC, no tenía formación científica pero su entusiasmo y disciplina le hicieron entrar en el controvertido proyecto que desarrolló el neurocientífico John C. Lilly.

Lilly quería averiguar si la comunicación entre especies era posible. Tres años antes, su libro Man and Dolphins, popularizó la idea de que los delfines, al poseer un cerebro más grande que los que cualquier primate no humano, podían poseer una inteligencia para comunicarse con las personas. Todo un best-seller, el libro también capturó el interés de la NASA, muy interesados en la forma de comunicarse con posibles extraterrestres.

Para que ahondara en sus estudios, y tras tener una reunión con astrofísicos entre los que se encontraban Frank Drake y Carl Sagan, a Lilly le concedieron fondos públicos y se trasladó a la Casa del Delfín, un instituto en el que los investigadores pasaron a vivir con tres delfines: Peter, Pamela y Sissy.

"Lo interesante es que se sabe desde tiempos de Aristóteles que los delfines pueden hacer sonidos de forma parecida a los humanos, a través de sus espiráculos, las pequeñas aberturas exteriores de las tráqueas, no por sus bocas", explicó el director del documental Christopher Riley, a la BBC.

Si bien en los años que duró el proyecto se hicieron avances - las cintas de audio revelan que Peter, aunque no verbalizó nada, imitaba la entonación e inflexiones de la voz de Lovatt- los métodos que emplearon y las extralimitaciones ensombrecieron su estudio.

El doctor John C. Lilly en la Casa del Delfín

Lovatt pasaba seis día a la semana a solas en un tanque con el delfín Peter. Los delfines son animales a los que les invaden numerosos impulsos sexuales. Al principio, la joven solía transportar a Peter al tanque donde estaban las hembras pero comenzó a ser perturbador para las lecciones el constante traslado. Entonces Lovatt comenzó a satisfacer las necesitades del delfín masturbándole.

En la Casa del Delfín, la estimulación sexual y las dosis de LSD a los delfines terminaron ensombreciendo el proyecto

" Lo permití. No me sentía incómoda con él, sólo se convertiría en parte de lo que estaba sucediendo", aparece diciendo 50 años después Lovatt en el documental. "A Peter le gustaba estar conmigo. No era privado, la gente podía observarlo".

Para la joven no tenía tintes sexuales sino una forma de no romper la dinámica de su trabajo. Sin embargo, a finales de los años 70, la revista Hustler sacó un artículo que, aunque distorsionado, lo daba a conocer a un público amplio.

Publicación que sacó la revista Hustler

Pero no solo las lecciones de Lovatt perjudicaron la deriva del experimento. El doctor Lilly era uno de los pocos neurocientíficos que había obtenido permiso de la administración estaodunidense para investigar si dosis de LSD tienen propiedades terapéuticas en los pacientes de salud mental. El neurocientífico pasó a administrárselas también a los delfines sin lograr nada más que drogarles. Observó, no obstante, que la droga podía lograr que un delfin, que estaba traumatizado por haber recibido un disparo en la cola, venciera el miedo y se acercara a los humanos. Pero relacionado con la comunicación, nada.

Ambas polémicas acabaron con el proyecto. El delfín Peter, en palabras de Lovatt, acabó suicidándose al poco tiempo de ser separados. The Guardian, tras preguntar a un veterinario, confirma los hechos.

"Los delfines no son respiradores automáticos como nosotros. Cada respiración es un esfuerzo consciente, si la vida se vuelve demasiado insoportable, los delfines simplemente respiran y se hunden hasta el fondo", explicó el experto Ric O'Barry al medio.

Actualmente se ha demostrado que los delfines poseen un alto grado de inteligencia. La falta de ética fue la que arruinó aquel proyecto.

Margaret Howe Lovatt en el documental La chica que hablaba con los delfines

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