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Así es la propuesta de paz de las maras en El Salvador

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Por primera vez, aceptan la posibilidad de desmembrarse en su negociación

Germán Aranda

12 Enero 2017 23:01

El pasado 9 de enero, la Mara Salvatrucha (MS-13) anunció a través del diario digital salvadoreño elfaro.net una propuesta de diálogo al gobierno para acabar con la violencia. Un portavoz de las pandillas contó las intenciones de grupo en una entrevista con dos redactores del periódico.

Por primera vez, aceptaban la posibilidad de desmembrarse si las negociaciones prosperan.

La Mara Salvatrucha aglutina las pandillas más peligrosas de Centroamérica (con ramificaciones también en Estados Unidos y Europa) y son consideradas una de las organizaciones criminales más sanguinarias del planeta.

Un portavoz aseguraba que podrían dejar las armas si se creaba una mesa de negociación en la que participen todos los partidos políticos, el gobierno, las propias maras y sus tres principales rivales: 18 Sureños y 18 Revolucionarios, facciones de Barrio 18.

“Uno de morro (niño) hace cosas que no tiene que hacer, pero cuando se hace adulto y uno tiene hijos, la mente madura y eso que hiciste ya no querés hacerlo. Todo ser humano tiene derecho a cambiar, no toda la vida va a andar uno haciendo cosas ilícitas” expresó a Elfaro.net un portavoz anónimo de las pandillas, que piden mecanismos de gobierno para poder abandonar el crimen y reinsertarse en la sociedad.

Los mareros se miran en el proceso de paz de Colombia, a pesar de claras diferencias como el hecho de que las maras nunca tuvieron un fin político. “Si las FARC lo han hecho…”, respondió el portavoz a la pregunta del diario de si estarían dispuestos a desmembrarse como banda.

Pero el portavoz presidencial Eugenio Chicas resaltó en su reacción a Elfaro.net las salvedades con el conflicto colombiano: “La posibilidad de encontrarle una salida política a un conflicto no se mide por lo cruento que puede ser el conflicto, sino por la expectativa de quienes están confrontando”.

“La posición del gobierno sobre diálogo, entendimiento, conversación con pandillas es irreductible: ningún diálogo y entendimiento ni conversación con estos grupos, ningún trato. Hasta hoy. Y digo hasta hoy porque es lo que me consta. Si el presidente dice otra cosa, será él y él tiene la autoridad para considerar cualquier otra condición”, añadió Chicas.

Un sueño difícil

El antropólogo Juan José Martínez D’aubuisson, que estudia el fenómeno de las maras desde 2008, pasó un año con ellas y lo contó en 2015 en Ver, oír y callar (Pepitas de Calabaza), ve “muy difícil” que se pongan de acuerdo las maras y el estado.

La razón: “El estado salvadoreño no se ha caracterizado por la rehabilitación de presos sino todo lo contrario. Si no contamos con la tregua, que duró un año, las estrategias del estado han sido la violencia radical y la represión profunda”.

Martínez D’aubisson da credibilidad al anuncio de paz, “es oficial”, pero advierte de que también podría ser “una estrategia de las maras”.

Y lo explica: “¿Es un ofrecimiento honesto? Me resultaría extraño. En parte dicen: 'me bajo del caballo porque el caballo está botando'. La violencia y la represión estatal han arrinconado a la pandilla. Un chingo (muchos) de muchachos están queriendo salir de las maras porque dejó de ser gracioso”.

“Las condiciones en los penales son de tortura, medievales. Eso ha hecho que muchos quieran salir. Puede que la pandilla diga ‘puta madre’, nos estamos desmembrando, mejor orientémoslo y gobernemos esta transición”, añade.

También contempla el antropólogo la posibilidad de que lo que intenten las maras sea “ganar tiempo” de cara al proceso electoral que arrancará en 2017 se culminará con las elecciones municipales y legislativas de 2018.

“Durante las elecciones, las maras tienen poder y no a través de la violencia, sino porque controlan los votos de sus regiones. Es el único momento en que tienen a estado de culo. Los políticos saben que sin las maras no hay elección posible, así que esta propuesta de paz les puede dar tiempo de calma hasta que llegue ese momento”, opina.

D’Aubisson cree que tiene que haber “mayor coordinación” entre las maras y otras pandillas y también entre los diferentes brazos del estado para que la paz prospere. “De nada sirve que el gobierno acepte la paz si el sistema judicial no lo hace”, explica. Y lo mismo sirve con el Barrio 18 y la MS-13.

De Los Ángeles al crimen

Aunque siembran el terror sobre todo en El Salvador, Honduras, Guatemala y Belice, las maras nacieron en los Estados Unidos.

Surgieron en los años 70, cuando grupos de inmigrantes salvadoreños radicados en Los Ángeles se agruparon para combatir los prejuicios étnicos de otras comunidades.

Con la reconversión de los grupos a la delincuencia y el fin de la guerra civil en El Salvador, los Estados Unidos empezaron a deportar masivamente a miembros de las maras, que se hicieron fuertes en Centroamérica en los años 80.



Hoy, las maras conforman a uno de los grupos más sanguinarios del mundo, en parte responsables del alto índice de homicidios en la región centroamericana. Sus tatuajes por todo el cuerpo se han convertido en su más clara seña identitaria. Estados Unidos los calificó en 2012 como grupo terrorista, aunque nunca han tenido una finalidad política. 

El Salvador alcanzó en 2015 su récord de homicidios con 6.670, como resultado del fin de una tregua entre las maras y el Estado que había reducido el número de muertes (2013, 2.492 homicidios, cifra más baja desde el fin de la Guerra Civil en 1992).

Con unos seis millones y medio de habitantes, las cifras de 2015 (últimas disponibles) suponen en El Salvador un índice de 103 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Un proceso de paz, según D’Aubisson, “reduciría notablemente el número de víctimas violentas, ya que a diferencia de otros países como Guatemala u Honduras y aunque existe una violencia estructural y cultural, las maras administran gran parte de las muertes violentas en el país”.

En 2015, D'Aubisson explicó a PlayGround su experiencia durante el año en que estuvo infiltrado en las maras. Y contó: "Es muy común una forma de matar que se llama 'caminar al otro'. Se trata de ganarse la confianza de alguien, hacer que baje la guardia y luego terminar con él. Cualquier cosita te hace pensar que te están 'caminando'. Si te invitan a jugar al fútbol, piensas que te están 'caminando. Si te invitan a comer, lo mismo".

¿Estarán las maras intentando 'caminar' al Estado con su propuesta de paz?


 


El pasado 9 de enero, la Mara Salvatrucha (MS-13) anunció a través del diario digital salvadoreño elfaro.net, después de reunirse con varios periodistas del medio, una propuesta de diálogo al gobierno para acabar con la violencia que les caracteriza.


La Mara Salvatrucha aglutina las pandillas más peligrosas de Centroamérica (con ramificaciones también en Estados Unidos y Europa) y es una de las más sanguinarias del planeta.


Una de las grandes novedades que ponían sobre la mesa las maras a través de un portavoz anónimo es la posibilidad de desmembrarse y dejar las armas creando una mesa en la que participen todos los partidos políticos, el gobierno, las propias maras y sus tres principales rivales: 18 Sureños y 18 Revolucionarios, facciones de Barrio 18.


“Uno de morro (niño) hace cosas que no tiene que hacer, pero cuando se hace adulto y uno tiene hijos, la mente madura y eso que hiciste ya no querés hacerlo. Todo ser humano tiene derecho a cambiar, no toda la vida va a andar uno haciendo cosas ilícitas” expresó a Elfaro.net un portavoz anónimo de las pandillas, que piden mecanismos de gobierno para poder abandonar el crimen.


Los mareros se miran en el proceso de paz de Colombia, a pesar de claras diferencias como el hecho de que las maras nunca tuvieron un fin político. “Si las FARC lo han hecho…”, respondió el portavoz a la pregunta del diario de si estarían dispuestos a desmembrarse como banda.


Pero el portavoz presidencial Eugenio Chicas resaltó a Elfaro.net las diferencias con el conflicto colombiano: “La posibilidad de encontrarle una salida política a un conflicto no se mide por lo cruento que puede ser el conflicto, sino por la expectativa de quienes están confrontando”.


“La posición del gobierno sobre diálogo, entendimiento, conversación con pandillas es irreductible: ningún diálogo i entendimiento ni conversación con estos grupos, ningún trato. Hasta hoy. Y digo hasta hoy porque es lo que me consta. Si el presidente dice otra cosa, será él y él tiene la autoridad para considerar cualquier otra condición”, añadió Chicas.



Un sueño difícil


El antropólogo Juan José Martínez D’aubuisson, que estudia el fenómeno de las maras desde 2008, pasó un año con ellas y lo contó en 2015 en Ver, oír y callar (Pepitas de Calabaza), ve “muy difícil” que se pongan de acuerdo las maras y el estado.


La razón: “El estado salvadoreño no se ha caracterizado por la rehabilitación de presos sino todo lo contrario. Si no contamos con la tregua, que duró un año, las estrategias del estado han sido la violencia radical y la represión profunda”.

Martínez D’aubisson da credibilidad al anuncio de paz, “es oficial”, pero advierte que podría ser “una estrategia de las maras”.


Y lo explica: “¿Es un ofrecimiento honesto? Me resultaría extraño. En parte dicen, me bajo del caballo porque el caballo está botando. La violencia y la represión estatal han arrinconado a la pandilla. Un chingo (muchos) de muchachos están queriendo salir de las maras porque dejó de ser gracioso”.


“Las condiciones en los penales son de tortura, medievales. Eso ha hecho que muchos quieran salir. Puede que la pandilla diga ‘puta madre’, nos estamos desmembrando, mejor orientémoslo y gobernemos esta transición”, añade.


También contempla el antropólogo la posibilidad de que lo que intenten las maras sea “ganar tiempo” de cara al proceso electoral que se culminará con las elecciones municipales y legislativas de 2018.


“Durante las elecciones, las maras tienen poder y no a través de la violencia, sino porque controlan los votos de sus regiones. Es el único momento en que tienen a estado de culo. Los políticos saben que sin las maras no hay elección posible, así que esta propuesta de paz les puede dar tiempo de calma hasta que llegue ese momento”, opina.


D’Aubisson cree que tiene que haber “mayor coordinación” entre las maras y otras pandillas y también entre los diferentes brazos del estado para que la paz prospere. “De nada sirve que el gobierno acepte la paz si el sistema judicial no lo hace”, explica. Y lo mismo sirve con el Barrio 18 y la MS-13.


Historia de las maras


Aunque siembran el terror sobre todo en El Salvador, Honduras, Guatemala y Belice, las maras nacieron en los Estados Unidos.


Surgieron en los años 70, cuando grupos de inmigrantes salvadoreños radicados en Los Ángeles se agruparon para combatir los prejuicios étnicos de otras comunidades.


Con la reconversión de los grupos a la delincuencia y el fin de la guerra civil en El Salvador, los Estados Unidos empezaron a deportar masivamente a miembros de las maras, que se hicieron fuertes en Centroamérica en los años 80.


Hoy, las maras conforman uno de los grupos criminales más sanguinarios del mundo, en parte responsables del alto índice de homicidios en la región centroamericana.


El Salvador alcanzó en 2015 su récord de homicidios con 6.670, como resultado del fin de una tregua entre las maras y el Estado que había reducido el número de muertes (2013, 2.492 homicidios, cifra más baja desde el fin de la Guerra Civil en 1992).

El pasado 9 de enero, la Mara Salvatrucha (MS-13) anunció a través del diario digital salvadoreño elfaro.net, después de reunirse con varios periodistas del medio, una propuesta de diálogo al gobierno para acabar con la violencia que les caracteriza.


La Mara Salvatrucha aglutina las pandillas más peligrosas de Centroamérica (con ramificaciones también en Estados Unidos y Europa) y es una de las más sanguinarias del planeta.


Una de las grandes novedades que ponían sobre la mesa las maras a través de un portavoz anónimo es la posibilidad de desmembrarse y dejar las armas creando una mesa en la que participen todos los partidos políticos, el gobierno, las propias maras y sus tres principales rivales: 18 Sureños y 18 Revolucionarios, facciones de Barrio 18.


“Uno de morro (niño) hace cosas que no tiene que hacer, pero cuando se hace adulto y uno tiene hijos, la mente madura y eso que hiciste ya no querés hacerlo. Todo ser humano tiene derecho a cambiar, no toda la vida va a andar uno haciendo cosas ilícitas” expresó a Elfaro.net un portavoz anónimo de las pandillas, que piden mecanismos de gobierno para poder abandonar el crimen.


Los mareros se miran en el proceso de paz de Colombia, a pesar de claras diferencias como el hecho de que las maras nunca tuvieron un fin político. “Si las FARC lo han hecho…”, respondió el portavoz a la pregunta del diario de si estarían dispuestos a desmembrarse como banda.


Pero el portavoz presidencial Eugenio Chicas resaltó a Elfaro.net las diferencias con el conflicto colombiano: “La posibilidad de encontrarle una salida política a un conflicto no se mide por lo cruento que puede ser el conflicto, sino por la expectativa de quienes están confrontando”.


“La posición del gobierno sobre diálogo, entendimiento, conversación con pandillas es irreductible: ningún diálogo i entendimiento ni conversación con estos grupos, ningún trato. Hasta hoy. Y digo hasta hoy porque es lo que me consta. Si el presidente dice otra cosa, será él y él tiene la autoridad para considerar cualquier otra condición”, añadió Chicas.



Un sueño difícil


El antropólogo Juan José Martínez D’aubuisson, que estudia el fenómeno de las maras desde 2008, pasó un año con ellas y lo contó en 2015 en Ver, oír y callar (Pepitas de Calabaza), ve “muy difícil” que se pongan de acuerdo las maras y el estado.


La razón: “El estado salvadoreño no se ha caracterizado por la rehabilitación de presos sino todo lo contrario. Si no contamos con la tregua, que duró un año, las estrategias del estado han sido la violencia radical y la represión profunda”.

Martínez D’aubisson da credibilidad al anuncio de paz, “es oficial”, pero advierte que podría ser “una estrategia de las maras”.


Y lo explica: “¿Es un ofrecimiento honesto? Me resultaría extraño. En parte dicen, me bajo del caballo porque el caballo está botando. La violencia y la represión estatal han arrinconado a la pandilla. Un chingo (muchos) de muchachos están queriendo salir de las maras porque dejó de ser gracioso”.


“Las condiciones en los penales son de tortura, medievales. Eso ha hecho que muchos quieran salir. Puede que la pandilla diga ‘puta madre’, nos estamos desmembrando, mejor orientémoslo y gobernemos esta transición”, añade.


También contempla el antropólogo la posibilidad de que lo que intenten las maras sea “ganar tiempo” de cara al proceso electoral que se culminará con las elecciones municipales y legislativas de 2018.


“Durante las elecciones, las maras tienen poder y no a través de la violencia, sino porque controlan los votos de sus regiones. Es el único momento en que tienen a estado de culo. Los políticos saben que sin las maras no hay elección posible, así que esta propuesta de paz les puede dar tiempo de calma hasta que llegue ese momento”, opina.


D’Aubisson cree que tiene que haber “mayor coordinación” entre las maras y otras pandillas y también entre los diferentes brazos del estado para que la paz prospere. “De nada sirve que el gobierno acepte la paz si el sistema judicial no lo hace”, explica. Y lo mismo sirve con el Barrio 18 y la MS-13.


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