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Si la corrupción fuera una industria, sería la tercera más importante del mundo

El secreto bancario sigue protegiendo a los ladrones de guante blanco

¿Recuerdas a los banqueros corruptos que desencadenaron la crisis financiera?

Quizá también recuerdes cómo el G20, el foro de países más industrializados y ricos del mundo, se comprometió a poner fin al secretismo que protege a los ladrones de guante blanco. Dijeron, incluso, que se trataba de una cuestión de "alta prioridad".

¡Sorpresa! Las palabras, como los billetes, se las lleva el viento. Las promesas del G20 parecen solamente un buen motivo para hacerse una foto de grupo.

Según un nuevo informe de la ONG Transparency Internacional, aquellas promesas quedaron en nada. Y la debacle económica que han sufrido millones de personas, sin muchos de sus culpables ni siquiera identificados.

Los hechos son los siguientes: el sistema financiero mundial blanquea cada año en Estados Unidos hasta 2 billones de euros de "dinero sucio". La mayor parte, ocultando quiénes son los verdaderos dueños de las empresas.

¿Qué ocurre?

La corrupción cuesta al mundo un 5% de su PIB anual global. Si fuera una industria, sería la tercera más grande del planeta.

Todo ello gracias al secreto bancario, que permite que el beneficiario real de la cuenta tenga derecho a mantenerse oculto.

Según el informe de Transparency International, algunos de los sistemas menos transparentes son Brasil, China y Estados Unidos.

Si la corrupción fuera una industria, sería la tercera del planeta

Sólo el Reino Unido tiene un marco legal fuerte, en gran parte debido a la legislación que se ha aprobado recientemente: la policía británica tiene acceso inmediato a la información bancaria en caso de sospecha.

En los últimos años el secreto bancario ha protagonizado grandes escándalos. Algunos ejemplos son el "FIFA Gate", el caso Petrobras en Brasil o la fortuna que el expresidente de Ucrania Viktor Yanukovich robó de sus ciudadanos.  

En Transparency International lo tiene claro: el secretismo sigue y es una cuestión de voluntado política. "Hay medidas fáciles, sencillas y efectivas para atajarlo", dijo Cobus de Swardt, director ejecutivo de la ONG.

 

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