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Estas dulces princesitas se cagan en el patriarcado

La campaña de la marca de camisetas FCKH8 ya es viral

El marketing y el activismo se llevan cada vez mejor. La empresa de moda FCKH8 representa este nuevo maridaje: hacen camisetas con mensaje y en vez de tener secciones para hombre, mujer y niño, las tienen de anti sexismo, anti racismo e igualdad LGBTQ.

Su última campaña ha resultado ser una bomba viral. Imaginamos que sus creadores lo hacían con toda la intención, ya que viene cargada de dinamita. En el vídeo, niñas de varias edades y etnias pasan de ser adorables hadas y princesitas a auténticas motherfuckers que gesticulan como lo hacen las actrices negras cuando se enfadan: “¡Joder! No soy una maldita princesa indefensa que necesita ayuda. Soy jodidamente poderosa y estoy lista para triunfar”. Las pequeñas intérpretes no paran de decir tacos y es divertido ver lo cómodas que se sienten en ese papel: “Qué es más ofensivo, una niña diciendo ‘fuck’ o la jodida discriminación de sexos?”.

El vídeo desgrana algunos de los datos más aberrantes de la desigualdad de género en el mundo, como que las mujeres cobran un 25% por el mismo trabajo y que 1 de cada 5 serán asaltadas sexualmente o violadas a lo largo de su vida. Al parecer, cada vez más gente quiere romper con la neutralidad y la corrección política y les resulta cómodo que su ropa hable por ellos. De este modo, las luchas con décadas de antigüedad empiezan a ser aceptadas y dan el salto a la sociedad de consumo.

Es en este punto cuando parecen dilucidarse dos grandes caminos para aunar beneficios económicos con valores éticos: hay casos decepcionantes como el desfile de Karl Lagerfeld para Chanel, pero también empieza a haber ejemplos más acertados, como el que nos ocupa. Por un lado, las empresas quieren parecer más justas ante sus compradores y a menudo utilizan mensajes políticos de una forma banal y desmovilizadora. Por otro, están los activistas que crean empresas para hacer rentable el cambio social.

En un momento en el que las celebridades parecen no entender o temer identificarse como feministas (“creo en la igualdad pero no soy feminista”), la campaña de FCKH8 es clara y pedagógica. Utilizar a niñas para hablar de algo que muchos entienden como cansino, espinoso o desagradable es una buena estrategia. Pero sobre todo, se aprovecha el final de la campaña para apelar a los hombres que también se sienten presionados por lo que el patriarcado espera de ellos. Un chico vestido de princesa mira a cámara y dice: “Cuando dices a los chicos que no se comporten como una niña, ¡es porque crees que es malo ser una chica!”.

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