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La primera abogada trans que pisó el Supremo brasileño: "Estoy haciendo historia"

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Hablamos con Gisele Alessandra Schmidt, que lucha porque se reconozca el derecho a cambiar de género y de nombre sin necesidad de una operación

Germán Aranda

12 Junio 2017 06:00

Cuando llegó al Tribunal Supremo el pasado miércoles, Gisele Alessandra Schmidt estaba "nerviosa", le dice a Playground. No era para menos: se trataba de la primera transexual en llegar a la más alta instancia de la justicia brasileña. "Había mucha gente —explica—, pero conseguí centrarme, dirigirme a los magistrados y hacer el trabajo como me propuse".

El trabajo era que el Supremo autorice los cambios de nombre y de género para personas transexuales en los documentos oficiales sin necesidad de que exista antes una operación genital.

Su declaración fue tan emotiva que incluso el magistrado del Supremo Luís Roberto Barroso reconoció que se había emocionado. Gisele era consciente de que estaba haciendo historia y así lo dijo:

Siento que estoy haciendo historia, pero si estoy aquí delante de Sus Excelencias, es porque soy una superviviente. Sobreviví al apedreamiento moral y físico, a la prohibición de estar en la calle y en los espacios públicos incluso a la luz de la calle, a la mendicidad y al sepultamiento como indigente, como sucede con la mayoría de personas trans brasileñas sin que, ni en el momento extremo de muerte, tengan el merecido respeto al nombre y al género con el que se identifican.

También sé que hablo desde un lugar de privilegio, sea porque soy abogada o porque mi documentación civil refleja mi nombre verdadero y mi identidad de género. La inmensa mayoría de travestis, transexuales y hombres trans no tuvo las oportunidades que yo tuve y están al margen de cualquier tutela, reitero, muriendo apedreadas y apaleadas en total violación al principio constitucional fundamental de dignidad de la persona.

El Fiscal General de Brasil, Rodrigo Janot, está de su lado. "Condicionar a la realización de tal procedimiento médico la alteración del registro civil, aunque sea de forma indirecta, choca, entre otros, con el derecho a la vida, a la salud, a la dignidad humana, al reconocimiento, a la libertad, a la privacidad y a la no discriminación, valores constitucionales de primera envergadura", dijo el pasado miércoles.



Con tal ayuda, y por la sensación con la que salió de que "los jueces están sensibles a votar a favor", Gisele es optimista con respecto al fallo del Supremo, que se sabrá en agosto. Si es positivo, el caso sentará precedente y las personas transexuales tendrán derecho a tener su nombre y género sentido en el documento.

"No me reconocía en el espejo"

Poco podía imaginar Gisele que llegaría a este punto hace unos diez años. Entonces se dedicaba a tocar el violín para ganarse la vida tras salir de la casa de sus padres y ni había empezado a estudiar Derecho ni tampoco se había asumido como mujer, aunque ya tenía 30 años.

"Para mí fue muy difícil, porque desde los cinco años no me reconocía en el espejo y sentía dificultad en utilizar ropas de hombre. El universo masculino no me pertenecía de forma alguna. Hacer de hombre para mí era como representar un papel, como llevar una máscara, pero veía a las personas transexuales como marginales y no quería ser marginada".

Gisele había pensado en el suicidio varias veces por el rechazo a su cuerpo y a su imagen, y aunque reconoce que la idea aún planea por su cabeza, también tiene claro que desde que decidió abrazar su identidad, "todo fue a mejor". Poco a poco, superó enfermedades psicosomáticas en la piel, depresiones y otros males que le asolaban. 



"El coste es alto, pero la sensación de liberación merece la pena. No aguantaba más llevar esa máscara, pensé que o dejaba aflorar la persona que soy o iba a morir de la locura".

El coste fue la ruptura con su familia, incluso con su madre, con la que se reencontró cuando sufrió un cáncer que acabó con su vida. En el entierro de su progenitora, vivió uno de los momentos más duros de su vida: "Nadie de mi familia me dirigió la mirada ni me saludó".

Nunca fue Gisele víctima de agresiones físicas como las que a diario aparecen en los medios de comunicación del país donde más asesinatos LGBTI se cometen en el mundo. Tampoco sintió prejuicios en el mundo laboral. Pero sí, además de la discriminación en la familia, pasó por fuerte bullying en la época escolar.

La hipocresía del país que más trans mata del mundo

Así que cuando en el plenario habló del apedreamiento del que se declaraba "superviviente", se refería al plano simbólico de hablar en representación de una gran cantidad de "transexuales que mueren apedreadas y son enterradas como indigentes y sin que se les reconozca el nombre". 

Aunque haya acabado mal con su familia, de clase alta, Gisele les reconoce el "mérito" de haberle dado la oportunidad de estudiar y se considera una privilegiada. "Otras de clase baja se ven empujadas a la prostitución ante la falta de oportunidades en el mundo laboral", denuncia.

En Brasil, el colectivo trans y LGTBI tiene cada vez más visibilidad gracias a un enérgico activismo y a ciertas leyes que reconocen sus derechos y condenan con más fuerza crímenes de odio y homofobia. Pero al tiempo, en las calles siguen siendo víctima de una violencia casi cotidiana que no decrece.



"Eso refleja un poco la hipocresía de la sociedad brasileña, porque el mismo país que asesina a sus transexuales es uno de los que más búsquedas hace en internet de pornografía con personas trans. O sea, que al tiempo que les gustan, los asesinan", expresa.

Para que todo eso cambie, empezó a estudiar Derecho poco después de reconocerse mujer y seis años después se ha plantado en el Supremo con un proyecto de aceptación de nombre y género básico para que se empiecen a respetar sus derechos. "Muchas personas trans me llamaron llorando, emocionadas, porque querían que se apruebe este reconocimiento de nombre y género en el documento".

"Algunos jueces aceptan el cambio de nombre pero mantienen el género masculino. Eso es muy embarazoso cuando llegas a cualquier lugar con el documento". En su caso, consiguió que sus cédulas tengan el género femenino y su nombre actual. No se conforma y quiere que todos los trans de Brasil tengan ese derecho.

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