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¿El primer burdel para personas discapacitadas?

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Reino Unido planea abrir el primer centro de atención sexual para este colectivo el año que viene

Carlota Ming

10 Marzo 2014 16:44

Cada vez son más las personas con discapacidades que reclaman su derecho a una sexualidad plena. A través del eufemismo “sustituto sexual” para hablar de la prostitución en este sector, el variado colectivo de afectados está levantando la voz y organizándose cada vez mejor, también en España.

El problema de fondo es que en los países donde la prostitución es ilegal lo es también en estos casos, incluso cuando alguien intermedia para poner en contacto, por ejemplo, a una prostituta con un cliente.

La mayor parte de los países europeos no están preparados para ofrecer satisfacción sexual a aquellas personas con limitaciones motrices que lo demanden. Por este motivo, varias ONG se están haciendo cada vez más fuertes en la representación del sector.

Es el caso de TLC Trust, una organización británica que se dedica a conectar a trabajadores sexuales con quienes los demandan. “El número de personas con discapacidad en el Reino Unido – seis millones en la actualidad – está aumentando y entre nosotros hay una sensación creciente de aislamiento emocional y la exclusión sexual”, explican en su web, donde es posible contactar con 100 prostitutas que se encuentran con unos ocho clientes cada mes.

Becky Adams dirige una asociación sin fines de lucro que ofrece un servicio de contacto en colaboración con TLC Trust. Adams planea abrir el primer burdel diseñado para clientes con discapacidad del Reino Unido el año que viene. La idea es proporcionar un entorno en el que estas personas puedan explorar su sexualidad: “Puede ser sexo, un abrazo, o puede que sirva para que alguien manifieste un travestismo en privacidad”, ha declarado Adams a The Guardian.

Un tabú nominado al Oscar

Alrededor de este tema hay muchos tabús. Uno de ellos tiene que ver con la discriminación de género: son muy pocas las mujeres que utilizan servicios de acompañantes masculinos por miedo a los abusos. En general, ellas desconfían más de este tipo de servicios (sólo el 19% han tenido encuentros con profesionales del sexo entrenados para ello, en comparación con un 63% de los hombres, según la revista Disability Now).

El prejuicio más extendido, sin embargo, es el que considera a las personas con discapacidad seres frágiles, similares a los niños, que sólo necesitan cuidados y nada de diversión. Desde TLC Trust aseguran que el contacto físico y el descubrimiento de la sexualidad (muchas de las personas que acceden a estos servicios por primera vez son vírgenes) resulta un revulsivo de confianza y autoestima. “El sexo es una necesidad, como la comida. Es cruel no procurarla a quienes no pueden sofocarla”, añade Adams.

Precisamente este vínculo, el que une a una trabajadora sexual con su cliente, fue contado en 2012 en la película The Sessions, nominada a varios Oscar y protagonizada por Helen Hunt y John Hawkes. El film narra la experiencia real de un hombre que perdió la virginidad con una “sustituta sexual”, y reflexiona sobre el debate que genera esta nueva industria en busca de aprobación social. Porque no todo el mundo está a favor de la idea. Hay quienes opinan que el desarrollo de este tipo de servicios supone un mensaje claro del mundo a las personas con discapacidad: la única forma con la que pueden tener relaciones sexuales es pagando por ello.

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