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¿Es el porno una crisis de salud pública?

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Una socióloga carga contra el porno tachándolo de grave problema de salud pública. Estos son sus argumentos... y nuestras dudas al respecto

PlayGround

12 Abril 2016 11:50

Imágenes de Ulrich Lebeuf

Gail Dines está harta del porno. Esta profesora de sociología del Wheelock College de Boston opina que el porno no es solo inmoral sino que es una auténtica crisis de salud pública.

Y no ha dudado en defender sus argumentos en un artículo publicado en The Washington Post, que no es sino una nueva vuelta de tuerca a las ideas expuestas en su libro Pornland: How Porn Has Hijacked Our Sexuality, y en el que se apoya en estudios científicos que dicen demostrar la maldad que se esconde detrás de las escenas sexuales.

"Después de 40 años de investigaciones de expertos, los estudiosos pueden decir que la pornografía es un producto industrial que da forma a la manera en la que pensamos sobre el género, la sexualidad, las relaciones, la intimidad, la violencia sexual y la igualdad de género para peor".

Esta afirmación tan categórica hace que nos preguntemos: ¿Pueden realmente unas películas pornográficas tener el poder de configurar nuestro comportamiento como humanos? ¿La evolución de la sociedad?

Dines cree que sí y que parte de esto se basa en el éxito que tiene la pornografía en la sociedad.

"Las estadísticas sobre el uso de la pornografía de hoy son asombrosas, un artículo del Huffington Post anunció en 2013 que las páginas de vídeos pornográficos consiguen más visitantes al mes que Netflix, Amazon y Twitter juntas".

"Una amplia investigación científica revela que la exposición y el consumo de la pornografía amenaza la salud social, emocional y física de los individuos y las comunidades y pone de relieve el grado en que la pornografía es una crisis de salud pública en lugar de un asunto privado".

Según la autora, el daño que hace la pornografía a los humanos está muy bien maquillado por "la bien engrasada maquinaria de relaciones públicas" de la industria del sexo.

Sin embargo, hay estudios que demuestran que la pornografía puede despertar reacciones perjudiciales para el hombre y la comunidad.

"En un estudio realizado entre hombres universitarios de EEUU los investigadores encontraron que el 83% de los encuestados que habían visto pornografía eran más propensos a decir que cometerían una violación o un asalto sexual que los hombres que no habían visto porno en el último año".

"El mismo estudio encontró que los consumidores de pornografía eran menos propensos a intervenir si observan un asalto sexual".

Pero, ¿es la pornografía la que configura a los hombres o estos hombres ya eran propensos a la violencia antes de ver pornografía?

Dines no parece dudarlo: la pornografía no solo configura el comportamiento masculino sino que afecta de una manera muy clara a las mujeres.

"Un estudio de 2012 realizado a las mujeres en edad universitaria cuyas parejas consumían pornografía determinó que esas mujeres sufrían una disminución de autoestima, de la calidad de las relaciones y la satisfacción sexual".

La raíz del problema reside para la autora en la temprana edad a la que los jóvenes acceden a la pornografía.

"Debido a que la pornografía es libre y sin filtrar en la mayoría de los dispositivos digitales, se estima que los 11 años es la edad promedio de la primera visualización del porno".

"A falta de un plan de estudios de educación sexual integrada en muchas escuelas, la pornografía se ha convertido de facto en la educación sexual de los jóvenes".

Entonces, ¿cuál es realmente el problema? ¿Es la pornografía o la falta de educación sexual en las escuelas?

Parece lógico que si los padres y los profesores se niegan a hablar de sexo con sus hijos, los niños acaben buscando pornografía en el ordenador con sus amigos. Para ver cómo es eso.

¿Qué se encuentran? Evidentemente, un contenido no apto para su madurez intelectual (ni sexual) que acaban interiorizando de una manera no muy recomendable.

"En un análisis de contenido de las películas porno más alquiladas y vendidas los investigadores encontraron que el 88% de las escenas contenían agresión física como golpes en las nalgas o bofetadas".

"La agresión verbal se produjo en el 49% de las escenas en las que, comúnmente, las mujeres eran llamadas 'putas' o 'zorras'. Los hombres cometían el 70% de esos actos agresivos".

Sí, es cierto que hay cierto género de pornografía donde predominan las escenas de sexo agresivo o dominación, como también es cierto que hay personas que prefieren estas tendencias sexuales en la privacidad.

¿Son las películas porno las únicas películas violentas? ¿Lo que aparece en esas películas condiciona nuestros comportamientos sexuales en la vida real?

Quizá deberíamos empezar a tomarnos las películas con menos seriedad y aceptando que son eso, películas.

A estas alturas, a nadie se le ocurre ir reproduciendo por la calle la acción de Los Mercenarios y la mayoría de los consumidores de pornografía estarían de acuerdo conmigo en afirmar que a nadie se le ha ocurrido abofetear a su pareja sexual en medio del coito, sin que él o ella se lo hayan pedido, simplemente por haberlo visto en las películas.

Tal y como afirma Dines, "la pornografía puede causar problemas de por vida si a los jóvenes no se les enseña a distinguir entre el sexo porno y el sexo sano".

Dines, estamos de acuerdo contigo en que al final, todo depende de la educación que les demos a nuestros hijos.

Aún así, afirmar que la pornografía es un problema de salud pública nos parece equivalente a afirmar que las películas de Harry Potter producen un trauma en los niños que a los 10 años siguen esperando la carta de Hogwarts.

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