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La policía quiere un indie antisistema

El grupo madrileño La La Love You denuncia abusos policiales en Gijón

Gijón, noche del sábado 24 de octubre. El grupo indie madrileño La La Love You concluye su concierto en Stereo Club. Rafael, uno de sus integrantes, elige retirarse al hostal. La tarde del día siguiente tiene un partido de fútbol en Madrid, así que prefiere levantarse pronto para coger el coche a primera hora. El resto del grupo continúa la fiesta y horas más tarde llegan al hostal. Sin embargo, Rafa no se encuentra allí. Asustados, corren a comisaría para denunciar su desaparición. Es entonces cuando descubren que Rafa ha sido detenido por la policía.

—Cuando estaba volviendo al hostal hacía frío —explica Rafa por teléfono—, así que me puse la capucha. Yo iba caminando por una calle bulliciosa y entonces giré para ir a un sitio donde vendían bocadillos. De pronto, dos personas me gritan y me detienen. Empiezan a pegarme. Uno de ellos me dice: “¡no huyas!, ¡mira lo que has hecho!” En ese momento pensaba que me iban a secuestrar.

Dado que los policías no van uniformados y no se han identificado aún, Rafa desconoce por qué está siendo golpeado. Luego sabrá que es acusado de “atentado contra la autoridad”. Al parecer, esa noche alguien habían golpeado a un policía, y a Rafa lo habían confundido con el agresor.

—Debió ser por la capucha —razona Rafa, y prosigue—: me esposaron y me hicieron un daño increíble en las muñecas; incluso esposado, siguieron pegándome.

Rafa cuenta que a continuación es llevado a comisaría, donde le vuelven a golpear. “Hubo otro policía que salió a quejarse: ‘¿queréis matarle, o qué?”, dice. Los policías le preguntan entonces a Rafa si quiere notificar su detención, y Rafa asiente. “Di el nombre de Rober, el bajista de mi grupo, pero nunca le avisaron. No fue hasta que ellos vinieron a denunciar mi desaparición cuando supieron que yo había sido detenido”.

David, otro de los miembros del grupo, corrobora por teléfono: “La policía nos dijo que había firmado un papel en donde detallaba que no quería notificar su detención a nadie”.

Tras una inspección médica, Rafa ingresa en el calabozo el domingo a las 12 de la mañana, donde permanece hasta el lunes a las 9:

—Mis primeras horas fueron horribles . Solo tenían que ver mis antecedentes o buscarme en Facebook: no soy la clase de persona que vaya por ahí pegando a la policía. Nunca me he metido en ningún lío. En el calabozo estaba completamente aislado y aterrado. Me dieron permiso para salir a orinar, pero tenía tanto miedo que preferí no hacerlo. Me bebí un zumo, lo recorté y lo utilicé como orinal.

El lunes por la mañana Rafa abandona el juzgado. Se marcha con libertad provisional, acusado de haber agredido a un policía. Ahora es él quien se enfrenta al tortuoso proceso de denunciar a las autoridades. Rafa dice que todo habría sido mucho más fácil si la policía hubiera asumido su error y le hubiera pedido disculpas; sin embargo, ahora tendrá que demostrar ante el juzgado que él no agredió a nadie. “Me da escalofríos pensar que la gente que tiene que velar por nuestra seguridad es capaz de detenerte sólo para salvarse”, concluye.

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