PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Now

Su acosador la apuñaló con unas tijeras. Ella le había denunciado 125 veces... sin que la policía hiciera nada

H

 

Ahora la policía reconoce errores y pide perdón a la víctima. AHORA

Luis M. Rodríguez

01 Julio 2017 06:00

SWNS

Una auténtica pesadilla. Una situación de acoso enfermizo que se prolongó durante 5 años y ante la que Helen Pearson se sintió desesperadamente indefensa. Indefensa porque ella denunciaba, acudía a la policía una y otra vez para avisar del hostigamiento al que estaba siendo sometida, pero nadie hacía nada. Nadie hacía caso, hasta el día que su acosador le clavó unas tijeras en el cuello en plena calle. A punto estuvo de no contarlo.

La agresión sucedió hace ya cuatro años. Ahora la policía británica ha emitido un informe en el que reconoce errores y pide perdón a la víctima por no haber actuado de forma diligente ante sus repetidas denuncias. Ahora.


El infierno en el que nadie escuchaba

Helen Pearson recordará siempre la fecha. 21 de octubre de 2013. Era lunes. Un lunes cualquiera en la localidad inglesa de Exeter. Ella caminaba rumbo al gimnasio cuando, al pasar al lado de la entrada del cementerio de San Bartolomé, Joseph Willis se abalanzó sobre ella.

El hombre la arrastró hacia el campo santo y allí empezó a apuñalarla sin mediar palabra. En vez de cuchillo, tijeras. Los golpes directos a la cara, el cuello y la espalda.

Los gritos de ella alertaron a una conductora. Sandra Robertson detuvo su vehículo, corrió hacia la pareja y paró el ataque derribando a Willis de un fuerte empujón. El hombre huyó de la escena a la carrera.


Willis apuñaló a Helen en la cara, el cuello y la espalda. Durante los 5 años previos a esa agresión, Helen llegó a reportar hasta 125 incidentes separados ante las policías de Devon y Cornwall. Sus denuncias no produjeron ningún tipo de actuación


Helen Pearson recuperándose de sus heridas, meses después de la agresión. South West News Service

Helen aseguró después frente al tribunal que se ocupó de juzgar la agresión que aquel día, en pleno forcejeo, estuvo segura de que iba a morir. Lo vio en los ojos de su agresor. Él, de hecho, ya se lo había advertido. Había avisado que iba a matarla. Su amenaza quedó fijada con espray en las paredes del barrio para quien quiso mirar.


South West News Service

Helen, de 34 años, conocía bien a su agresor. Joseph Willis era el hombre que durante cinco largos años había insuflado miedo en su vida. Primero fue su vecino en una vivienda social en Exe Street. Luego el vecino se convirtió en acosador perturbado.

Todo empezó con un hecho de lo más trivial: Willis invitó a Helen a ir a un concierto con él y ella declinó la invitación. Él se sintió rechazado. Ese día nació su obsesión malsana por Pearson.

Con el tiempo empezaron a aparecer las ruedas pinchadas y los arañazos salvajes en la carrocería del coche. Luego, un buen día, alguien dejó un gato muerto en una caja en la entrada de su casa. Siguieron las ventanas rotas y las pintadas dirigidas contra ella en las calles del barrio. Y las llamadas telefónicas intimidatorias, cada vez más frecuentes. Y las cartas anónimas con amenazas.

Aquellos textos la tildaban de “mentirosa y diabólica” y la avisaban de que debía “guardar sus espaldas”. Una de las cartas rezaba: “Quiero jugar a un juego... Quiero ver cómo reaccionarías si fueras atacada... ¿Pelearías? ¿Gritarías? Que comience el juego”.

El acoso fue tan intenso que la mujer llegó a reportar hasta 125 incidentes separados ante las policías de Devon y Cornwall. Sus denuncias, sin embargo, no produjeron ningún tipo de actuación.


"Quiero jugar a un juego... Quiero ver cómo reaccionarías si fueras atacada... ¿Pelearías? ¿Gritarías? Que comience el juego"


Joseph Willis en una foto de archivo. South West News Service

Durante el juicio contra Willis, el sospechoso intentó cambiar las tornas y girar los focos hacia Pearson. En su relato habló de un fin anunciado, pero no el de Helen, sino el suyo.

Willis aseguró ante el tribunal que había decidido quitarse la vida. Iba a suicidarse el día en el que se produjo el ataque. Por eso estaba donde estaba: había decidido acercarse a los bloques en los que había vivido durante un tiempo para despedirse de algunos amigos.

Allí se cruzó con Helen. Según su versión, fue ella quien sacó unas tijeras y le atacó. Temiendo por su vida, el respondió arrebatándole el arma y apuñalándola. “Ahora miro atrás y pienso que no hice lo correcto. Pero aquel día pensé que me iba a herir de manera muy seria”, contó frente al tribunal.


Helen Pearson contó durante el juicio que la experiencia del acoso la había dejado "extenuada, enferma y absolutamente aterrorizada", hasta el punto de que llegó a considerar quitarse la vida "en muchas ocasiones"


Willis negó que su intención fuera matarla. También negó estar detrás de aquellas cartas anónimas o aquellas llamadas ofensivas. Nadie creyó su historia. El azar hizo que una cámara de seguridad de un comercio cercano captara el momento preciso en el que Willis sacaba de su bolsillo las tijeras mientras se aproximaba a Pearson por la espalda.

El hombre, de 49 años, fue declarado culpable de intento de asesinato.

Helen contó frente al jurado que la experiencia del acoso la había dejado “extenuada, enferma y absolutamente aterrorizada”, hasta el punto de que llegó a considerar quitarse la vida “en muchas ocasiones”. Fueron “cinco años de infierno”, dijo.


South West News Service


Depurando responsabilidades

Durante el juicio contra Willis, el papel de la policía quedó en entredicho. Helen y su familia presentaron una queja formal contra el cuerpo. “Nadie en la policía fue capaz de ver que el nivel de violencia iba en aumento, en aumento, en aumento...”, se quejaba Bernard Pearson, padre de Helen, a la salida del juzgado.

Portavoces de la policía de Devon y Cornwall aseguraron entonces que las denuncias de Pearson por acoso siempre habían sido tomadas en serio. A la vez, el cuerpo decidió remitir voluntariamente un dosier sobre el caso a la Comisión Independiente de Quejas a la Policía del Reino Unido (IPCC).

Tres años después, los cuerpos policiales de Devon y Cornwall han tenido que reconocer que hubo "fallos individuales y organizativos que desembocaron en el apuñalamiento de Helen Pearson".


La policía ha abierto un procedimiento interno contra tres oficiales implicados en la investigación, que deberán responder por mala praxis


South West News Service

El informe señala que se ha abierto un procedimiento interno contra tres oficiales implicados en la investigación, que deberán responder por mala praxis. Otros dos agentes han sido apercibidos por su conducta.

“Nuestras prácticas de trabajo y nuestras guías de actuación han sido revisadas para mejorar nuestra respuesta ante los casos de acoso y hostigamiento”, aseguró el subjefe de policía Paul Netherton. “Las policías de Devon y Cornwall van a seguir esforzándose para asegurar que este tipo de incidentes no se repitan, y queremos animar a las víctimas de acoso a que den un paso al frente y acudan a las comisarías. Estamos comprometidos con su protección y eso incluye creer y darle apoyo desde el primer momento en el que se dirijan a nosotros”.

El jefe de policía para Devon y Cornwall se ha reunido personalmente con la familia Pearson para pedir disculpas. Pero ahora, de poco le vale esa disculpa a Helen. “Eso no hace nada por mí. Todavía sufro cada día por lo que me sucedió. Solo deseo que nadie tenga que pasar por lo que yo pasé”.


[Vía The Guardian, BBC, Plymouth Herald]


share