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Este poeta construyó una casa encantada y todos quisimos habitarla

Oraciones, destellos pop, y un montón de sueños: Unai Velasco regresa a las librerías con 'El silencio de las Bestias'

Todo libro de poemas es una casa, y lo cierto es que la casa a la que el joven escritor barcelonés Unai Velasco nos invita es un verdadero desastre. No os asustéis, detrás de todo ese polvo, de toda la ropa revuelta y de los libros amontonados se esconden diversos secretos, pequeños tesoros entre los que encontramos biblias con las páginas arrancadas, carátulas de las películas que veíamos cuando éramos niños, cartas escritas a máquina por las amantes que alguna vez atosigaron el alma del poeta e incluso pequeñas monedas de oro puro, brillantes como los versos que el autor perfila. 

Velasco acaba de abrirnos las puertas de su pequeña mansión. Él, que en diciembre de 2013 ganó el Premio Nacional de Poesía Joven gracias a su libro debut En este lugar (Esto no es Berín) hoy regresa a las librerías con un delgado pero contundente volumen que igualmente promete cosechar grandes críticas y premios en nuestro país. El silencio de las bestias (La Bella Varsovia) es el resultado de tres años de escritura, de investigación y de vida que han pasado a formar parte del cemento que recubre las paredes de esta mansión poética. Unas veces con forma de iglesia, otras con forma de cueva en la que pueden habitar los más temibles animales, y otras, también, como una de esas estructuras voladoras que los tornados arrastran por los aires de las regiones más peligrosas de Estados Unidos.

Una casa habitada

“Lo que se lleva esa casa de ahí por delante es un viento muy fuerte”, advierte Unai Velasco en el poema que abre el libro. Así, El silencio de las bestias se convierte en una suerte de advertencia. No hay que tener cuidado con el perro, sino que, en todo caso, uno debe prestar toda su atención al propio humano que vive dentro de esas frágiles paredes y que está dispuesto a no dejarnos salir de allí hasta que no comprendamos cada una de sus palabras. Por estos motivos, en la casa de Velasco cada habitación tiene un olor intenso y reconocible, y al igual que ocurre en sus poemas, cada una guarda una pantalla en la que imágenes de películas en VHS son proyectadas.

Velasco concibe su propio libro como una misa antigua. Como un espacio sagrado en el que todo ha de ser purísimo. ¿Pero qué hay más puro que la infancia? ¿Qué hay más puro que la risa infantil? ¿Qué hay más hermoso que la mirada de un niño atónito atendiendo a que sus héroes de ficción venzan sus miedos? Poemas que son hostias, y que al mismo tiempo son tambores africanos como en Jumanji. Poemas que son salmos y que al mismo tiempo son pequeñas picaduras de avispa un tanto mortales. Poemas que son rezos, y que al mismo tiempo nos ayudan a cazar a los fantasmas que amenazaban con truncar nuestros sueños.

Cierra El silencio de las bestias con una reflexión sobre cómo la palaba "misa" nombra en realidad la idea de “salir del reino”. Es aquí donde cada uno de los poemas de Unai Velasco se tornan tan sagrados como generacionales. Su misa es un evento atípico que no requiere de oraciones clásicas sino más bien de recuerdos. Aquí todos somos invitados a comer fragmentos de esa celulosa que alguna vez, no hace mucho tiempo, lo significó todo para nosotros. De modo que no temáis. Rebuscad entre la ropa sucia y los libros desordenados del poeta. Si un buen libro de poesía ha de ser una casa, por favor, que nuestra casa para siempre sea esta.

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