Actualidad

Así es la poesía secreta y mortal de las mujeres afganas

Eliza Griswold y Seamus Murphy publican la antología de poesía femenina afgana “I am the Beggar of the World”

Con frecuencia nos quejamos de la cantidad de antologías de poesía escrita por mujeres que se publican en nuestros cómodos países occidentales. Son tantos los volúmenes que reivindican ambos géneros (el poético y el femenino) que el simple hecho de coordinarlos o participar en ellos ya es motivo de burla: ¿para qué sirven estos proyectos exclusivos de mujeres si en una sociedad como la nuestra en realidad no hacen falta?; ¿para qué, si de tanto proclamar la diferencia son ellas las que acaban por convertir su postura literaria en algo completamente sexista?

Lo cierto es que todas estas acciones, recitales y reuniones no son para nada temibles aquelarres. Al contrario, adquieren todo el sentido cuando nos damos cuenta de cuál es el verdadero estado de la literatura escrita por mujeres en todo el mundo. No sólo en cuanto al trato del contenido de su obra, sino también al propio cuerpo de quien escribe: alusiones a su físico, risas ante sus posibles miedos, prohibiciones machistas e incluso violencia.

Aunque parezcan lejanas, están más cerca de lo que pensamos. Puede que aquí el lector se sienta incómodo o empachado cada vez que una poeta habla de su sexo, de su vientre, de la maternidad o de la menstruación, pero un poco más allá, ese empacho ha llegado a convertirse en rabia, incomprensión, violencia e incluso en muerte.

Nosotros enseñamos vida

En 2011 la poeta palestina Fatena Al-Gurra asistió al festival de poesía Cosmopoética. La historia de Fatena es como cualquier otra historia de una mujer refugiada, con la salvedad de que ella no sólo tuvo que huir de una represión hacia su pueblo, sino también de una represión hacia su sexo. Condenada por su procedencia y castigada por sus familiares por el simple hecho de ser mujer y tener inquietudes artísticas, la poeta no pudo desarrollar su pasión, asistir a ciertos festivales literarios o mostrar su brillante e íntima obra hasta su llegada a Europa.

En aquel entonces, otra poeta palestina de nombre Rafeef Ziadah conmocionaba al mundo a través de Youtube con su poema Nosotros enseñamos vida, señor, en donde pretende explicar a un periodista extranjero qué significa pertenecer a su terrible y siempre enfurecido mundo, qué significa ser madre y ser mujer en un ambiente bélico tan retorcido, y qué son las palabras para ella: nada más que una extensión de su cuerpo. Nada más que un pedazo de vida: hoy, recita Rafeef, mi cuerpo fue una masacre televisiva.

Poesía que arderá para ser libre

Tanto Rafeef como Fatena han tenido la suerte de poder seguir tejiendo sus poemas. Son escritoras a las que las grandes editoriales quizá no hayan mirado de cerca, pero cuyas voces han penetrado en quienes las escuchamos. Por su fuerza y compromiso, y también por su visión salvaje y sensual de lo que significa para ellas la feminidad.

Ese compromiso y rebeldía fue precisamente el que llevó a que Zarmina, una joven escritora afgana, acabara quemándose viva y abandonando este mundo años atrás. La poeta recitaba landays (breves poemas de dos versos que expresan quejas y miedos profundos) en una radio de mujeres a la que llamaba secretamente. Cuando sus hermanos la descubrieron, le dieron una paliza y le prohibieron volver a escribir aquellas cosas obscenas y vergonzosas para su familia. A Zarmina no le quedó más remedio que suicidarse. El fuego la liberaría para siempre. Las señales de su humo se elevarían en el cielo y lograrían que su historia se publicara en toda la prensa internacional

Soy una pordiosera del mundo

La historia de Zarmina marcó profundamente a la periodista y poeta americana Eliza Griswold. De ahí que junto al fotógrafo Seamus Murphy emprendiera un viaje de investigación, traducción y edición que ha dado sus frutos este mes de abril, gracias la publicación de la antología I am the Beggar of the World . Una recopilación de poemas, textos periodísticos y fotografía que se adentran en el universo de las poetas afganas y muestran su vida, sus opiniones, y por encima de todo sus descarnados versos.

Porque aún queda mucho por hacer, este volumen ya es un paso hacia delante y ayuda a la concienciación no sólo del lector literario sino de todos aquellos que algún día imaginaron que la lucha contra la violencia sexista ya estaba ganada. Los poemas que componen I am the Beggar of the World son afilados como cuchillos de carne, y entran en nuestra piel haciéndonos sentir el frío de la muerte. Voces así son necesarias. Mujeres escribiendo para sobrevivir a esta vida.

Yo llamo. Tu eres piedra

Un día cuando me busques, descubrirás que me he marchado.

Me vendiste a un hombre viejo, padre,

Que Dios destruya tu casa, yo era tu hija.

Hacer el amor con un hombre viejo

es como cogerse un arrugado tallo de maíz ennegrecido por el moho.

Cuando hermanas se sientan juntas, siempre alaban a sus hermanos.

Cuando hermanos se sientan juntos, venden a sus hermanas a otros.

Me haré un tatuaje con la sangre de mi amado

y apenaré a toda rosa en el verde jardín.

Desafortunado tú que no me visitaste anoche,

Confundí el duro poste de madera de la cama con un hombre.

Hija, en América los ríos no llevan agua,

Las niñas pequeñas en el internet llenan sus jarras.

Podría haber probado la muerte por una probada de tu lengua,

viéndote comer helado cuando éramos jóvenes.

Vamos, dejemos a estos idiotas de pueblo

y casémonos con hombres Kabul con cortes de pelo de Bollywood.

¡Traté de besarte en secreto pero estás calvo!

Tu desnudo cráneo contra la pared ha golpeado..

Mi amor es justo como sólo puede ser un soldado americano.

Para él soy obscura como un Talibán, así que me ha martirizado.

Oh cariño, tu eres Americano para mis ojos,

Eres culpable; lo siento.

Porque mi amado es Americano,

pústulas florecen en mi corazón.

Sueño que soy el presidente.

Cuando despierto, soy la pordiosera del mundo.

Vuelve negro de pólvora o rojo sangre

pero no vuelvas entero a deshonrar mi cama.

¿Qué podrías ser sino un bravo guerrero,

tu que has bebido la leche de una madre Pashto?

Mi amor dio su vida por nuestra tierra,

Coseré su velo con una hebra de mi cabello.

En batalla, deben haber dos hermanos;

uno para ser martirizado, otro que prepare el velo del primero.

Portas un denso turbante sobre tu calva

para ocultar tu edad. ¿Con qué motivo? ¡Estas casi muerto!

La vieja cabra buscaba un beso de mi abadejo

como quitarle un pedazo de carne del hocico a un hambriento perro.

Mi cuerpo es fresco como una hoja de henna;

verde por fuera; adentro, carne cruda.

¿Qué has hecho conmigo, Dios mío?

Otras han florecido, yo permanezco apretada como un brote.

Las viudas llevan dulces al altar de un santo.

Yo le llevaré a Dios palomitas, rogándole que mate al mío.

Mi cuerpo me pertenece a mí;

a otros su dominio.

En la prisión de Policharki, nada tengo que me pertenezca,

excepto el corazón de mi corazón que vive entre sus muros de piedra.

Estoy cansada de adorar flores exóticas,

Extraño los jardines de Sangin; eran pobres pero nuestros.

La separación trajo este tipo de pena:

Hizo de sí misma un mulla y a mí la ladrona del pueblo.

Que Dios destruya la Casa Blanca y mate al hombre

que envió misiles estadounidenses a quemar mi casa.

Bush, no te enorgullezcas tanto de tu carro armado.

Mi bomba remota, desde lejos, lo hará volar en pedazos.

Los drones han llegado al cielo afgano.

Las bocas de nuestros cohetes contestarán a su llamado.

Mi Nabi fue muerto por un drone.

Que Dios destruya a tus hijos, América, has asesinado a los míos.

Que Dios destruya a los Talibanes y termine sus guerras,

Ellos hecho de las mujeres afganas viudas y rameras.

Ven a Guantánamo.

Sigue el repique de mis cadenas.

Madre, ven a las ventanas de la prisión

Háblame antes de que vaya a la horca.

Por favor dile al guardia de la prisión

que no sea tan cruel con mi hijo, Allah Mohamad.

Hamid Karzai vino a Kabul

a enseñarle a nuestras niñas a vestirse en dólares.

Hamid Karzai envió a nuestros hijos a Irán

y los hizo esclavos de la heroína.

Separación, tu prendes fuego

en el corazón y casa de todo amante.

(Traducción de Gustavo Osorio de Ita

para la revista Círculo de Poesía)

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar