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Me pone tu píxel: cuando el porno se hizo videojuego

¿Cuántos muslos cabrían en un floppy disc?

La pornografía es tan vieja como el mundo. Desde los frescos romanos hasta el sexo a través de Oculus Rift, a los humanos nos ha atraído la representación de lo sexual, las fantasías picantonas en cualquier formato reproducible. Sin embargo, nuestra concepción actual de la pornografía es más reciente y tiene sus orígenes en la segunda revolución industrial, cuando los medios masivos de reproducción permitieron montar un lucrativo negocio a base de comercializar imágenes eróticas.

Desde aquellos inicios, a finales del XIX, hasta la llegada de la Edad de Oro del porno, pasaron unas cuantas décadas. Fue el gran momento de la revolución sexual, las salas X y las películas eróticas con argumento. Época de grandes hitos como Garganta Profunda o Tras la Puerta Verde. Entonces entramos en los 80, y aparte del SIDA y Margaret Tatcher, llegó la expansión de los ordenadores domésticos y el lento declive de la industria del porno tal y como se conocía hasta entonces.

Pero en realidad no había de qué preocuparse: era sólo cuestión de tiempo que la pornografía encontrara su hueco en las nacientes formas de ocio electrónico. Claro que era un campo nuevo, y todavía quedaba mucho camino por recorrer. De hecho, podría uno preguntarse si aquellos primeros experimentos eran realmente pornográficos o sólo vagamente provocativos. Todavía hoy el realismo y el sexo siguen llevándose mal cuando intentas juntarlos en un videojuego. Así que imaginad en 1981.

Ese fue el año en el que se lanzó al mercado Softporn Adventure, el que muchos consideran primer videojuego erótico. Para entonces el tráfico de bromas cachondas en ASCII y de material más o menos sexual ya era algo relativamente común en Estados Unidos, país donde se creó el juego. De hecho, es bien sabido que entre los primeros usuarios de internet (básicamente militares, ingenieros y universitarios) lo que más se compartía era información sobre ovnis y rudimentario contenido pornográfico. Pero el juego, creado por Chuck Benton, fue el primer lanzamiento comercial de estas características. Y claro, generó bastante revuelo.

Y lo curioso del caso es que Softporn Adventure era sólo un juego de texto. Eso es, no había imágenes excitantes por ninguna parte. Ni un mísero pezón, ni un trozo de piel pixelada. El juego te ponía en la piel de un hombre sin identidad, que parecía vivir en un mundo en el que sólo había un bar, un casino y un club de disco. Y todo lo que podías hacer era escribir una serie de comandos como "ponte un condón" o "tírate a esa puta". Todo bastante cavernícola. El sexo, en cualquier caso, estaba más en la imaginación del jugador que en ninguna otra parte.

Después de la polémica inicial y de vender unos cuantos miles de copias, la empresa distibuidora On-Line Systems, sacó el juego de su catálogo y se rebautizó como Sierra On-Line, futura creadora de míticas aventuras gráficas como King's Quest. Chuck Benton por su parte se dedicó a montar su propia compañía tecnológica y nunca volvió a programar ningún juego.

El legado de su casual aventura lujuriosa, sin embargo, encendió la mecha de un negocio que hoy ha tomado otras formas (¿alguien podría imaginar Los Sims sin el componente sexual?) pero que a lo largo de los años 80 nos dio algunos títulos tan delirantes y desprejuiciados (y en algunos casos bastante ofensivos) como estos:

Interlude, 1981

Pensado para mejorar la vida sexual del jugador, básicamente Interlude actúa como una especie de terapeuta. La máquina te interroga sobre tus costumbres sexuales, tus preferencias, tus fantasías y frustraciones, y finalmente te da unos cuantos consejos para que le añadas un poco de especias y encanto a tus relaciones sexuales. Suponemos que a los programadores nunca se les ocurrió pensar que quizás hablar con tu pareja es mejor que hacerlo con una pantalla.

Custer's Revenge, 1982

En el Far West no había demasiadas reglas. Tampoco en la época de los pioneros del videojuego, cuando la Atari 2600 era la reina. Sólo de esa manera se explica que este título viera la luz sin demasiada polémica. En él, el general Custer (sí, el que murió guerreando contra los nativos americanos) se sirve de una erección pixelada para violar a una mujer atada a un cáctus mientras intenta esquivar las flechas que le lanzan. Ojipláticos estamos.

Night Life, 1982

La contrapartida japonesa de Interlude fue este juego de Koei, que básicamente estaba pensado a modo de "simulador de sexo". El jugador elegía el tiempo que duraría el acople, las posturas que iban a usar, cómo se sentía... Y acto seguido pasaba a la acción. Como sucedía en su homólogo americano, todo era bastante clínico y muy poco sexy. Aún así Night Life fue muy influyente y contribuyó a la proliferación del Eroge, género erótico específicamente japonés.

Seduction of the Residential Complex Wives, 1983

Otra bizarrada nipona en la que manejas a un comercial de una empresa de condones que se adentra en un complejo residencial. Su misión: vender sus existencias o exponerse a ser despedido. El comercial recorre los pasillos enfrentándose a gangsters y fanstasmas para finalmente llegar a las casas y convencer a las mujeres de tener sexo con él. ¿Qué mejor uso para todos esos preservativos?

Paradise Café, 1985

Este simulador de barrios bajos portugués no iba tanto de convencer como de tener el dinero suficiente como para pagar a prostitutas. Un juego bastante sórdido, cargado de misoginia, homofobia y situaciones desagradables, que sin embargo resulta extrañamente naif por sus gráficos coloridos, su mecánica burda y su insistencia en mostrar sexo explícito con gráficos que parecen sacados del Paint.

Samantha Fox's Strip Poker, 1986

Incontables fueron los adolescentes crecidos durante los ochenta que descubrieron los placeres solitarios con las imágenes de la cantante y actriz británica Samantha Fox. No es de extrañar pues que un juego sobre ella tuviera un importante contenido sexual. El título ya lo decía todo: jugar al póker hasta conseguir que la señorita acabara quitándose la ropa. Aún así los gráficos de la Commodore 64 no daban para mucho y los pechos de Samantha eran más un mar de píxels que algo apetecible.

Leisure Suit Larry in the land of Lounge Lizard's, 1987

Con la primera entrega del bribón Larry se cierra un círculo. Porque sus desarrolladores no son otros que Sierra On-Line, distribuidores de Softporn Adventure, y porque aunque los gráficos y la mecánica de juego hayan evolucionado y ya se parezcan más a un point & click clásico, la historia del juego copia punto por punto la de aquella primera aventura de texto.

Larry acabaría conociendo numerosas secuelas y convirtiéndose en un icono del videojuego. La industria del videojuego seguiría evolucionando. Pero todo empezó con un humilde floppy disc y un programador que no tenía demasiada idea de lo que estaba haciendo. Y en esas ganas de experimentar reside el encanto inocente de toda una época.

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