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6 consejos para que no te vuelvas a quedar en silencio en una conversación

Claves para convencer, engatusar y hasta ligar a través de la palabra

Imagen de Andrew Hetherington

Convertirse en un buen conversador no es una tarea fácil. Ya sea en charlas profundas o banales, es fácil caer en situaciones incómodas si no se tienen los recursos adecuados.

Siguiendo estos seis consejos de Anne Green, CEO de CooperKatz & Company, una agencia de training especializada en comunicaciión, todos podemos mejorar nuestros dotes como conversadores.

1. Escucha más de lo que hables

Lo más importante no está en lo que digas, sino en cómo actúas ante lo que dicen los demás. Hablar constantemente es algo peyorativo, y aún más cuando no existe un feedback suficiente con la otra persona.

El primer secreto de un buen conversador es que escucha más que habla. Se interesa en lo que le dicen y sabe intercalar con preguntas sobre el tema. Sin embargo, la mayoría de gente tiene preferencia por hablar más que escuchar, lo que no hace fructíferos la mayoría de diálogos.

Por una parte, preferimos hablar para ser el centro de atención. Ello se debe a una actitud narcisista que suele repetirse, pero también que es más fácil distraerse cuando estamos escuchando. Una persona dice unas 225 palabras por minuto, pero podemos escuchar hasta 500. Y de alguna alguna forma u otra llenamos el vacío de las 275 palabras que "nos faltan".

2. Mantente siempre informado

De nada sirve contar tu vida si no hay nada de relevante en ella. Para tener una conversación fructífera, resulta necesario estar informado sobre la actualidad que nos envuelve. Es imprescindible leer, culturizarse mínimamente y estar atento a las tendencias para tener siempre algo de lo que hablar.

Además, en la valentía está la clave. Ir más allá del "¿cómo va todo?" o "¿a qué te dedicas?" ayuda a mantener a la otra persona al tanto de lo que vas a explicar, para así experimentar con la sintonía de ambos y acercar puntos de vista.

Tampoco hay que tener miedo a sacar temas que puedan dar un giro a la conversación. Por brusco que parezca, introducir un diálogo político o social en una comida profesional puede ayudar a que se estrechen los lazos entre los interlocutores.

3. Cuida tu lenguaje corporal

Fijarse en los gestos de la otra persona, buscando aquello que marque tristeza, enfado o angustia ante un tema, puede mejorar nuestras conversaciones al ayudarnos a entender al otro.

También es importante saber utilizar con suficiencia nuestros signos y expresiones. El lenguaje corporal representa una gran parte de lo que queremos decir, por lo que dominarlo es básico para ser un experto del tema.

4. Deja de lado los detalles

Es bastante típico conversar con alguien que se centra demasiado en algún pequeño detalle –como una fecha o una descripción prescindible– y deja de lado la historia principal.

Por ello mismo es importante ser lo más claro posible en la exposición de los hechos. Sin irnos por las ramas a la hora de contar insignificancias que probablemente harán que la otra persona desconecte de la conversación.

5. No intercales tus historias constantemente

Algo que nos ocurre con más asiduidad de lo que creemos es explicar situaciones de nosotros mismos que no vienen al caso. Y no solo es por narcisismo.

Al empatizar con una historia, es usual que seamos transportados a algo que nos ha pasado a nosotros. Sin embargo, la mayoría de veces no es buena idea que lo expliquemos. No suele importar y está visto como una forma de intromisión en la exposición de la otra persona. Una manera de decir que no te importa absolutamente nada de lo que dice y que tu historia es mejor.

Las conversaciones no deben tratarse como una oportunidad de promocionarse.

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6. Admite que no tienes ni idea de lo que te están hablando

"¿Conoces este grupo?", te preguntan. "Sí, sí. Por supuesto...", contestas, sin tener ni idea de quién te están hablando. Reconozcámoslo, a todos nos ha pasado alguna vez y seguramente volvamos a hacerlo.

Pero un buen conversador no tiene miedo a decir que no sabe de quién le están hablando. Tampoco teme reconocer que no ha entendido lo que le quieren decir. Y, lejos de quedar mal, queda como alguien que está interesado en la conversación.

Para ello, lo mejor es pedir al interlocutor que replantee lo que te ha querido decir, ya que así la persona se siente escuchada y se plantea el reto de tener que explicar lo mismo de otra forma.

Mucho mejor, sin duda, que dárselas de listo e inventarse una respuesta absurda cuando te preguntan algo que no entiendes.

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