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El photocall del terror: así se expande el miedo en Internet

Hay algo que ISIS controla mejor que el AK-47: Twitter

“Pasando el rato con mi vecino, o lo que queda de él”. Este es el tweet que acompañaba la fotografía que el rapero británico de 23 años Abdel-Majed Abdel Bary se hizo mientras sostenía la cabeza de un soldado en la ciudad siria de Raqqa.

A los dos días, un niño de seis años hizo lo mismo. En realidad lo hizo animado por su padre, el australiano Khaled Sharrouf, que también tuiteó con orgullo la imagen. Al menos 50 cabezas de soldados del ejército sirio fueron ensartadas en una valla para uso y disfrute de milicianos y simpatizantes. Allí uno podía posar o cubrirse la nariz por el hedor de los cuerpos tirados en la acera, pero no era posible no permanecer al margen del mensaje que allí se exhibía: la ciudad está bajo control del ISIS.

Alrededor y dentro de la organización terrorista todo el mundo tiene un teléfono móvil, y muchas de sus acciones parecen pensadas para los medios e internet. La plaza siria se convirtió en un photocall del terror, un sistema interactivo de fidelización de las bases: la gente puede sacar una fotografía de la valla de las cabezas, pero también puede sentirse sanguinaria como los milicianos yihadistas haciéndose la selfie más espantosa. Basta que tengas un móvil para sentirse un guerrero del califato.

Imparables

El Estado Islámico de Siria y Levante lleva meses expandiéndose desde Siria hacia Irak. Sus últimas victorias son el control de las ciudades sirias de Akhtarin y Turkmanbareh, cerca de la frontera con Turquía, y sus métodos escalofriantesestán invadiendo las pantallas de todo el mundo: matanzas entre minorías y rebeldes o resistentes, secuestros, violaciones, extorsiones, expolio de bancos e implantación de la ley islámica entre la población.

El ISIS es Al Qaeda, pero no sólo. ISIS es más pura, más radical. Mientras Bin Laden se hizo fuerte en Afganistán en los años 80 y 90 con los talibanes, el ISIS está tratando de capturar y canalizar el resentimiento de los sunitas a raíz de la represión del ministro iraquí Al Maliki contra ellos: ahora prefieren vivir en un terrorífico califato que en otro gobierno de Bagdad. También gana apoyos mediante programas de bienestar social, actividades recreativas para niños, repartición de alimentos y combustible e instalación de nuevas clínicas.

Su laboratorio financiero y social han sido los países protagonistas de la primavera árabe: en Libia, Siria, Egipto y Túnez, además de otros países africanos y de Yemen, los gobiernos dejaron de controlar parte del territorio y se convirtió en caldo de cultivo para la expansión yihadista. Entre sus inversores están aliados de Estados Unidos, como Arabia Saudí y Qatar.

El profeta sin rostro te busca

Al contrario que Bin Laden, el líder del ISIS prefiere ocultar su rostro. Abu Bakr al Baghdadi, el “jeque invisible”, se llama así en referencia al primer califa y sucesor de Mahoma, Abu Bakr. Sólo hay dos imágenes de su cara, y cuando se dirige a sus hombres lo hace con el rostro cubierto.

A pesar de que la doctrina de Al Baghdadi sea vivir como en la época “pura” del profeta, su fanatismo se combina con una gran organización y con un uso moderno de las redes sociales. Además de utilizarlas para difundir su mensaje y alentar a la identificación con sus matanzas, son canteras perfectas para captar a sus soldados occidentales.

El ISIS es el grupo armado que más combatientes extranjeros atrae, en parte es por sus tácticas militares y porque no le falta armamento: según el profesor Peter Neumann del King College, el 80% de los yihadistas procedentes de países occidentales combaten en sus filas, y eso en cifras se traduce en más de 3.000.

El rapero Abdel-Majed Abdel Bary fue uno de ellos: abandonó a su residencia familiar en el oeste de Londres y se fue de casa con un millón de libras. Lo dejó todo “por el bien de Alá”.

¿Disney?

El Estado Islámico es tendencia. Está a tope en todos los sentidos. Representa el éxito del yihadismo, los "auténticos" y hijos de Alá. Sin embargo, a su alrededor orbitan personas que no nos resultan tan lejanas. Para empezar, tienen su propia tienda de merchandising.

Mientras desde la misma Raqqa llegan noticias de crucifixiones públicas, decapitaciones y la prohibición de la música, los seguidores del ISIS conversan en Twitter sobre sus películas favoritas de Disney y lamentan la muerte de Robin Williams: “Vergüenza. Me gustaba Jumanji”, tuitea el simpatizante afincado en Londres Ibn Fulaan.

Estos signos de humanidad son amplificados por medios de comunicación de todo el mundo. Todo occidente trata de comprender a los terroristas, y a los jóvenes nacidos en sus países que se ven atraídos por sus mensajes. ¿Han tenidos la misma infancia que nosotros? ¿Comparten nuestros ídolos? ¿Pueden comprender la ternura del actor Williams?

Por un lado, el ISIS quiere mostrar su fuerza y decir bien alto que van a por todas. Ellos quieren volver a una época pura y al mandato de dios. Eso sí: no quieren volver al pasado. Su califato es del siglo XXI; su dureza responde a idealismo.

En su ascenso se mezcla la ideología fundamentalista, las nuevas tecnologías, la violencia más extrema y la voluntad de atraer a seguidores de todo el mundo. ISIS no entiende de patrias: el Estado Islámico es la nueva tierra de los "musulmanes verdaderos", como si eso limara las diferencias. ¿Es su voluntad expansiva lo que produce mensajes contradictorios? ¿Terminarán estas incoherencias culturales, estas distintas sensibilidades, debilitando su estabilidad?

Por el momento su líder sin rostro, sus legiones occidentales y la elocuencia de la sangre están consiguiendo desafiar a la lógica de Occidente y a los estados más grandes de Oriente Medio.

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