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La contaminación humana está haciendo que este peculiar pez mute genéticamente

Su variedad genética les ha hecho 8.000 veces más resistentes que otras especies a residuos tóxicos resultantes de la actividad humana

El pequeño killifish, un pez diminuto y colorido habitual de las aguas atlánticas, debería estar extinguido. Todas las poblaciones de este vertebrado acuático deberían haber dejado de existir. En breves y bruscas palabras: a estas alturas deberían estar muertos. Y no es que se haya lanzado una campaña de odio contra estos pececillos, pero los humanos no se lo hemos puesto fácil a su especie.

Desde los años 50, en los lugares en los que residen, como la bahía de Nueva York, Virginia o Nueva Jersey, se han vertido ingentes cantidades de contaminantes industriales con alto potencial para condenar su vida, hasta el punto de ser letales. Y si por fortuna los metales pesados, los hidrocarburos y otros productos químicos no han acabado con ellos, es por lo que un estudio de la Universidad de California ha llamado "evolución instantánea". Es decir, una capacidad de adaptación sorprendentemente rápida que pocas otras especies pueden igualar

Los killifish llevarían tiempo teniendo embriones deformados o sufriendo muertes prematuras si no contaran con un mecanismo especial de defensa. Se trata de un gen raro que en un entorno normal —aguas cristalinas— es absolutamente inútil, pero que en aguas tóxicas marca la diferencia entre la vida y la muerte.

Los investigadores detectaron ese gen secuenciando los genomas de cientos de estos peces y comprobaron que hasta cuatro poblaciones lejanas de estos amigos con aletas presentaban la misma mutación genética. Y obviamente no podía ser casualidad.  

Dentro de las pocas opciones de supervivencia en un entorno altamente contaminado, el kingfish parece haber optado por priorizar el gen raro salvador y transmitirlo a su descendencia para no fallecer a resultas de las aguas inhóspitas que le está brindando la acción humana. A pesar de nuestra destructiva actividad industrial, estos peces han evolucionado genéticamente hasta ser 8.000 veces más resistentes a los niveles tóxicos fruto de los residuos.

"Algunas personas verán esto como algo positivo y pensarán: '¡Oye, las especies pueden evolucionar en respuesta a lo que estamos haciendo con el medio ambiente!'", dice Andrew Whitehead, autor principal del estudio. "Pero la mayoría de las especies que nos preocupa preservar probablemente no pueden adaptarse a estos rápidos cambios porque no tienen altos niveles de variación genética que les permita evolucionar rápidamente".

Por este motivo, señalan los científicos, los humanos tan solo tenemos dos opciones: tomar un actitud más ecológica o residir en un mundo poblado solamente por nosotros y... los killifish.

[Vía Vocativ]

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