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El pacto petrolero entre Trudeau y Trump que parte el corazón a todos los ecologistas

Justin Trudeau y Donald Trump parecen ser como la noche y el día, pero la ampliación de un oleoducto entre Canadá y Estados Unidos les ha unido más que nunca

Un gabinete multicultural con una gran representación de mujeres en los altos cargos del gobierno, el empoderamiento de movimientos como el LGTB o la acogida a los refugiados sirios han sido algunos de los grandes hitos de la presidencia de Justin Trudeau en Canadá.

Por contraste, al otro lado de la frontera, en los Estados Unidos de Donald Trump se habla de poner muros a los inmigrantes, de expulsar a los musulmanes, de gabinetes ministeriales formados por varones blancos pertenecientes a las élites financieras o de salirse del acuerdo mundial contra el cambio climático firmado en la COP21 de París.

A simple vista, Justin Trudeau y Donald Trump y las políticas que representan no podrían ser más opuestas. Pero hay un interés de Trudeau con olor a petróleo que ha acercado sus posturas: se trata de la intención de Canadá de finalizar las obras del oleoducto Keystone XL que conecta a ambos países y que ha roto los corazones de los sectores ecologistas que veían en Trudeau un aliado.

Antes de finalizar el año, Trudeau dijo en un evento que había mantenido una conversación con Trump sobre la ampliación de Keystone. "Trump sacó a colación lo del oleoducto y dijo que estaba muy a favor. Confío en que se tomarán las decisiones acertadas", comentó el canadiense. Por "decisiones acertadas", Trudeau se refería a que se ejecute la ampliación de la infraestructura, algo que no había sido posible con anterioridad por el rechazo de Barack Obama y por lo cual Trudeau se mostró "decepcionado" en su día.

La cuarta fase del proyecto Keystone no llegó a ejecutarse por la oposición del estado de Nebraska, en EEUU. El estado se convirtió en una prioridad de la comunidad ecologista y la administración Obama respetó su decisión.

Según los ecologistas, las obras de ampliación del oleoducto nunca se hubiesen llevado a cabo con Hillary Clinton como presidenta. Pero ahora Trump, defensor de una política de autonomía energética, de generar empleo para los estadounidenses y que además apoya a las grandes multinacionales de los combustibles fósiles, es el primer interesado en satisfacer esta demanda de Canadá.

El interés de Trudeau se explica porque la empresa propietaria de Keystone XL es una compañía canadiense, Transcanada. La cuarta fase del proyecto, sin embargo, no llegó a ejecutarse por la oposición del estado de Nebraska, en EEUU. El estado se convirtió en una prioridad de la comunidad ecologista y la administración Obama respetó su decisión.

Los ecologistas estadounidenses señalaron que el riesgo de contaminación era demasiado alto. Trump, al igual que Transcanada, apunta a que la finalización de esta cuarta fase (de más de 1.000 kilómetros) no representa un riesgo para el medioambiente y que, por delante de todo, supondrá un fuerte impulso al empleo.

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