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La periferia obrera de Barcelona se ha enamorado de Inés Arrimadas

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Militantes de Ciudadanos reconocen que sus votantes han salido del armario en estas elecciones

Rafa Martí

28 Septiembre 2015 19:15

Julio Roldán lleva 2 años en Ciudadanos. Es concejal en Esplugues de Llobregat, uno de los tradicionales feudos socialistas en el perímetro de Barcelona. Pero después de las elecciones del 27-S, esa realidad ha cambiado. El famoso “cinturón rojo” se ha convertido en un abrigo naranja.

Y ese abrigo naranja es en gran parte culpable de que el partido liderado por Inés Arrimadas haya superado por mucho el resultado que le daban las encuestas (de 18-20 escaños a los 25 que han obtenido).

Mayoría silenciosa”

¿Qué ha pasado? Roldán me explica que ha ganado “la ilusión de Ciudadanos” frente a la “ambigüedad del PSC” sobre el tema de la independencia... 

Aún así, el PSC solo ha perdido 3.800 de los votos que había tenido en las elecciones de 2012.

Por eso, la razón de que en L'Hospitalet, Barberà del Vallès, Castelldefels, Esplugues, Gavà, Ripollet, Rubí, Sant Adrià del Besòs, Sant Andreu de la Barca, Sant Boi o Viladecans, Ciudadanos haya sido la primera fuerza, es que sus votantes han decidido salir del armario.

Roldán reconoce que en estos dos años que él lleva en el partido las cosas han ido cambiando y el orgullo naranja se ha hecho ver: “Antes era complicado manifestar que uno era catalán y español. Costaba más. Pero ahora la gente se ha lanzado a votar sin complejo”. 

“El porcentaje de participación nos dice que sí, que la gente ha salido en masa y ha visto en nosotros la opción antinacionalista más clara”, añade. 


Polarización del "Sí" y el "No" a la independencia

La polarización de la campaña entre el “Sí” y el “No” a la independencia ha dado rebufo a Ciudadanos en plazas que tradicionalmente había controlado la izquierda. Más votantes han ido a las urnas ante el miedo a la independencia, y más han ido a Ciudadanos porque han priorizado el antinacionalismo por encima de las opciones de izquierdas.

Así, abstencionistas tradicionales se han convertido en naranajas porque se veían en la disyuntiva de que, si no votaban, el independentismo complicaría las cosas.

Lo mismo que Roldán piensa Alex Cano, militante de base de Sant Feliu de Llobregat. Ahí, Junts pel Sí ha sido la primera fuerza. Pero Ciudadanos se ha situado como segunda, por encima del PSC. Cano lleva 3 años vinculado a la formación.

“Estoy alucinando, en el recuento de mi colegio electoral había caras de asombro. No paraban de salir papeletas de Ciudadanos”, dice. Reconoce también que esta campaña ha sido excepcional: “La gente no paraba de llamar para informarse de cómo votar por correo... era una locura”. “Y sí, puede que haya sido voto útil para frenar al independentismo”, dice.


A la gente le ha costado salir del armario, pero lo vivido en estas elecciones evidencia que había muchos votantes callados




Cano coincide con el análisis mayoritario en su partido: en estas elecciones, aunque ellos han enfatizado que no eran plebiscitarias, la gente se lo ha tomado como tal. Y el aumento de participación ha beneficiado a Ciudadanos, al igual que lo ha hecho a la lista separatista.

Según la propia experiencia de Cano —y como demuestran los datos—, en las elecciones municipales, el voto es diferente. “Algunos votantes del PSC habrán preferido votarnos a nosotros para parar la independencia pero en las municipales siguen votando socialista”.

Al igual que Roldán, explica que, en Sant Feliu, en los 3 años que él lleva colaborando con el partido de Albert Rivera, las cosas han cambiado mucho: “En 2012 apenas teníamos 2 ó 3 militantes en la agrupación. Ahora tenemos alrededor de 23, ¡y activos!”, dice.

“A la gente le ha costado salir del armario, pero lo vivido en estas elecciones evidencia que había muchos votantes callados”, añade Cano.

¿Mantendrá Ciudadanos ese voto? Como todos en Ciudadanos, Cano confía en que, si lo hacen bien, sí. Al fin y al cabo, ellos canalizarán a las fuerzas políticas unionistas en los próximos años.

Porque, que la periferia de Barcelona se haya teñido de naranja solo es, al fin y al cabo, la constatación de que lo que centra y centrará la política catalana en los próximos años será la independencia.

La izquierda apenas se ha quedado con representación en Cataluña: CUP y Catalunya sí que es Pot solo llegan a los 21 escaños. Mientras, en el corazón obrero de Cataluña, las tornas han cambiado.


De cinturón rojo a abrigo naranja


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