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Un perfil falso en Facebook y el mayor engaño sexual entre dos mujeres

Gayle Newland es condenada a ocho años de cárcel tras hacerse pasar por hombre para mantener relaciones sexuales con una amiga

Todo empezó en 2011. Gayle Newland, una mujer de 25 años de Willaston, Inglaterra, se tomó la molestia de crearse un perfil falso en Facebook para hacerse pasar por hombre y ligarse a una mujer. Una mujer que además era su amiga. Pero la jugada le ha salido mal y el pasado jueves fue condenada por el Tribunal de Chester a ocho años de cárcel por tres delitos de abuso sexual

En la red social, Newland era Kye Fortune, un hombre ficticio de origen latino-filipino que desplegó sus encantos para conquistar a la que se convirtió en su víctima.

Su historia de pasión y engaños comenzó como cualquier relación virtual. Primero intercambiaron mensajes, luego pasaron al chat, y del chat al teléfono. Así estuvieron durante cerca de dos años, hasta que llegó el momento de encontrarse cara a cara.

Su primer cita sucedió en febrero de 2013. Ambas partes estaban de acuerdo en conocerse, pero Newland puso una condición: la víctima debería llevar los ojos vendados para no ver el rostro de él, supuestamente desfigurado tras una operación para tratarse de un tumor cerebral. La otra mujer accedió. 

Aquel primer encuentro acabó en sexo.  La experiencia fue satisfactoria y ambas decidieron continuar con aquellas citas a ciegas. En el espacio de cuatro meses, la pareja mantuvo relaciones sexuales una decena veces. Siempre con la venda de por medio.

Los términos del juego cambiaron en junio del 2013. En mitad de una de sus citas, la víctima decidió quitarse el antifaz y descubrió que su supuesto amante latino era en realidad su amiga Gayle Newland. Durante todos aquellos meses, Newland había utilizado una prótesis de pene durante sus encuentros sexuales.

Incrédula y violentada por el hallazgo, la víctima acudió a la policía a denunciar lo sucedido. Newland fue acusada de cinco cargos por asalto sexual.

Dejarse cegar por amor

Gayle Newland

El caso de Gayle Newland se lee de manera totalmente distinta en función de la versión que queramos escuchar.

Según Newland, la víctima siempre supo que fingía ser un hombre. Ella entendía que ambas estaban metidas en un "juego de rol" del que se servían para explorar su sexualidad. Insistió además en que nunca ocultó sus pechos ni usó sombrero para esconder su pelo u ocultar su cara durante aquellos encuentros. Nadie la ha creído.

La pregunta que todo el mundo se hace es: ¿cómo pudo Gayle engañar a su amiga durante tantos meses? ¿Es verosímil que dos personas mantengan una relación continuada con una decena de encuentros sexuales sin que una de las partes se percate del cuerpo de mujer o del cinturón con pene que usa su pareja de cama?

La víctima justifica su "ceguera" aludiendo al ansia amorosa. "Estaba tan desesperada por ser amada... Es patético, pero estaba tan desesperada por el amor... Tan desesperada", insistió la chica ante el tribunal.

Para el juez Roger Dutton, encargado de juzgar el caso, Newland es una persona “mentirosa, intrigante y muy determinada”. Una manipuladora que jugó con los sentimientos de la víctima, "actuando únicamente para su propia satisfacción sexual sin tener en cuenta el impacto devastador que el descubrimiento de la verdad tendría en la víctima". Y nosotros nos preguntamos: esa descripción, ¿no seria aplicable a miles de relaciones de pareja que todos hemos conocido?

Si las relaciones siempre fueron consentidas, si los términos de sus encuentros se fijaron de mutuo acuerdo —incluido el uso de la venda—, ¿es justo tratar lo sucedido como abuso sexual? ¿Se abordaría el asunto de la misma manera si Gayle hubiera sido un hombre haciéndose pasar por alguien que no es?

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