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10 películas en defensa de 'esa clase de cine' que no entiende ni Dios

Ahora que es verano y apetece revisitar películas, hacemos un repaso de nuestros títulos incomprensibles preferidos

¿Cuántas veces te has encontrado a ti mismo viendo una película y rascándote el cogote, con la ceja levantada porque las neuronas de tu cerebro están chocando entre sí como bakalas en una rave intentando descifrar su contenido? Si la respuesta es ninguna, cuidado, porque enfrentarte directamente con cualquiera de las cintas de esta lista puede generarte un serio ataque de ansiedad. Ahora bien, si logras sobreponerte a esa danza espitosa dentro de tu mente, puede que te veas recompensado con algunos estupendos momentos cinematográficos. O que decidas refugiarte para siempre en las comedias de Jennifer Aniston, quién sabe.

En cualquier caso, como ya aprieta el calor y más de uno tendrá vacaciones, os ofrecemos una buena manera de llenar vuestros ratos muertos con películas que suponen un reto para el occipital. No están todas las que son, y algunas de las que están serán del agrado de todos, pero en cualquier caso aquí va nuestro particular Olimpo de películas que hay que ver con un cuaderno y una linterna al lado, para no perderse.

Inland Empire

David Lynch suele ser el primer director que viene a la cabeza cuando uno piensa en películas que parecen difíciles de entender. Tanto que “lynchiano” se ha convertido en un adjetivo común. El punto fuerte de la mayoría de sus películas, sin embargo, era que por lo general uno más o menos podía adivinar sus claves, y disfrutarlas. Todo esto se esfuma en Inland Empire, un ladrillo imposible de 3 horas de duración que parece hecho al azar a base de remiendos. Si sabes perderte en él tiene momentos buenos, pero donde antes había misterio y maravilla, sólo encontramos desorientación. ¿Será la edad?

Primer

Bastante desorientados salimos también de ver Primer. Estrenada en 2004, es la primera película de Sean Carruth, un señor que años después dirigió Upstream Color, otra película enrevesadísima y bastante pretenciosa. Primer, que cuenta la historia de unos tipos que inventan sin quererlo una máquina del tiempo, maneja varias líneas temporales a la vez y varios personajes cruzados en lo que acaba siendo un metraje tan lioso que los espectadores empezaron a compartir esquemas temporales para lograr darle algo de sentido. Todo un reto, y bastante inteligente una vez te libras de la confusión inicial.

El Resplandor

La trama de The Shining, sin embargo, no es nada difícil. Familia con niño raro va a encargarse de un hotel de montaña. Padre pierde los papeles por presencias fantasmales y bloqueo creativo. Padre quiere cargarse familia. El interés de El Resplandor reside en todas las teorías conspirativas que han ido surgiendo en torno a los detalles que el siempre perfeccionista Kubrick introdujo en el film: que si una película sobre el Holocausto, que si una confesión sobre la participación de Kubrick en el fake de la llegada a la Luna, que si una carta de arrepentimiento sobre el exterminio indio... Las teorías son inagotables y están todas recogidas en una metapelícula bastante conspiranoica llamada Habitación 237, que es casi tan interesante como la cinta en sí.

El año pasado en Marienbad

Otra película que transcurre en un hotel es la segunda incursión de Alain Resnais en la ficción. Una historia aparentemente protagonizada por gente que NO está en un lujoso palacio versallesco, y que NO puebla sus jardines. Algo pasó algún otro año en ese mismo hotel, un amor o una infidelidad, pero no queda claro si alguien se acuerda. Y mientras tanto, una voz en off grave y pesada repitiendo las mismas frases una y otra vez. Todo muy francés, muy de vanguardia y casi de risa sino fuera porque es todo un (fascinante) ejemplo de lo que puede pasar cuando pones a un escritor tan sesudo como Alain Robbe-Grillet a escribir un guión de cine.

El Almuerzo Desnudo

También basada en la obra de un escritor, pero uno situado en el extremo opuesto del espectro, encontramos una de las películas más perturbadoras (y personales) de David Cronenberg. El canadiense utilizó el universo salvaje y alucinado de William Burroughs para recrear una Interzona en la que los episodios biográficos se mezclan con una trama llena de humanoides, objetos blandos, sustancias extrañas y momentos de una fuerza visual incomparable. Uno no siempre tiene claro qué está viendo, pero sí que nunca se ha trasladado el complejo universo Burroughs a la pantalla con tanta lucidez.

Enter the Void

De escritor drogata a director drogata, la tercera película del siempre polémico Gaspar Noé supone un reto para todo aquel que se siente a verla. Rodada utilizando técnicas poco convencionales, cuenta la historia de un camello de poca monta que malvive en Tokyo junto a su hermana. Un día en un trapicheo, la policía le dispara. Lo que sigue después es un tripi extracorporal lleno de neones y electricidad inspirado vagamente en el Libro Tibetano de los Muertos. Pensada para poner a prueba la paciencia del espectador, es una de esas películas que provoca reacciones enfrentadas, y que pasas días reconstruyendo en tu cabeza. Aunque puede que, según su director, en realidad no signifique nada.

Southland Tales

Como pasa con los films de Noé, la segunda película de Richard Kelly es una de esas cintas que amas u odias. Cuando se estrenó en 2005, la gente sobre todo la odió, más teniendo en cuenta que llegaba después de la muy sobrevalorada Donnie Darko. Southland Tales es un delirio de referencias postmodernas, guiños a la ciencia ficción más casposa, al universo cómic, a Nietzsche, a la física cuántica y a los culebrones de la tele, que para muchos espectadores no tenía ningún sentido. Años después ha adquirido un cierto estatus de culto entre quienes defienden su carácter metaficcional, lo cual no quita para que de entrada tenga uno de los peores cástings del cine reciente, y que se pegase una buena castaña en taquilla. Kelly nunca se recuperó de esta.

El Espejo

Al contrario que Kelly, Andrei Tarkovski no tenía nada que demostrar y todo el mundo coincidía ya en vida en considerarlo uno de los más grandes directores de todos los tiempos. Pero hay que decir que cuando se puso a juntar las piezas de El Espejo, no parecía demasiado seguro de lo que estaba haciendo. Tanto que él mismo aseguraba no acabar de entender por qué ciertos pasajes de este film son como son. De todas sus películas, ambiguas, poéticas y atmosféricas, seguramente sea esta la más extraña y la más incoherente. Una empanada cirílica que tal vez tenga sentido sabiendo que estamos ante una película sobre la memoria de la primera infancia. Tal vez el film autobiográfico de un poeta ruso no podía ser de otra manera.

Visitor Q

Y qué sería de un repaso a filmografías enloquecidas sin irnos al lejano Oriente. Aquí podríamos haber destacado decenas de películas, desde la jungla fantasmal de Apichatpong Weerasethakul a los locales vacíos de Tsai Min Liang, pasando por el universo desparramado de Sion Sono. Eso sin meternos en el terreno del Anime. Sin embargo, queremos cerrar con una película bastante minúscula y tapada de ese maestro de la locura que es Takashi Miike. Comparada con Teorema de Pasolini, cuenta la historia de una familia que un buen día recibe la visita de un extraño. El festival de violencia, erotismo bizarro, incesto y podredumbre que se desata después te deja finalmente pensando: ¿Pero qué demonios ha sido todo esto?

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