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Más allá del Brexit, Reino Unido ve cómo su sistema sanitario se desintegra

Operaciones urgentes de cáncer canceladas; pacientes que mueren esperando en urgencias; médicos y enfermeras que no dan abasto... Y mientras tanto, el gobierno sigue negando que haya crisis

Primero fueron las muertes de tres pacientes esperando a ser atendidos en urgencias: uno falleció a causa de un ataque al corazón, los otros dos después de esperar largas horas para ser atendidos ( uno de ellos hasta 35 horas).

Luego llegaron las múltiples denuncias del personal sanitario: médicos y enfermeras llevan semanas alertando del colapso hospitalario. Los profesionales hablan de la imposibilidad de atender al número de pacientes que llega a los hospitales y de la imposibilidad de hacer frente, incluso, al transporte en ambulancia de enfermos hasta los centros sanitarios.

Falta personal. Faltan medios. Y, por encima de todo, falta inversión pública.

Hablamos de la crisis del Servicio Nacional de Salud (NHS) de Gran Bretaña, del cual esta semana la prensa británica informaba de la cancelación de operaciones urgentes de cáncer, y de que 23 hospitales del Reino Unido están en quiebra.

¿Por qué hay crisis?

Los motivos son varios y no se reducen ni al envejecimiento de la población, ni al mal uso que hacen los ciudadanos del servicio público sanitario, ni son los inmigrantes los que colapsan el sistema.

El hecho de que más de una veintena de hospitales públicos británicos estén en quiebra significa: despedir profesionales, no poder formar a nuevos médicos y falta de material sanitario, así como camas para poder atender de manera eficiente a los enfermos.

La deuda de estos hospitales proviene de las FPI (Iniciativa de Inversión Privada en sus siglas en inglés), iniciada en el 92 bajo el Gobierno conservadorde John Major. Esta deuda, por un lado, recortaba en gastos sociales en materia de educación y sanidad y por otra permitía la entrada de capital privado para financiar la construcción de hospitales, carreteras y escuelas.

El panorama recogido por el Gobierno laborista de Blair en el 97 era el del sector financiero copando el mercado público: una inversión del sector privado en edificios e infraestructuras que cedería al Estado a cambio de altos intereses. Aquello derivó en que el precio de construir un solo hospital equivaliese al precio de construir cinco hospitales una vez sumados los intereses.

Tal fue el escenario que dejaba Major y al que Blair no se opuso, sumiendo así al sector público en una permanente deuda con contratos de hasta 50 años para devolver el crédito.

Según datos ofrecidos por el sindicato Unison, dos tercios de los NHS trusts (organizaciones que ofrecen servicios sanitarios públicos) que se encuentran en déficit tienen una deuda de PFI. Lo que hace insostenible estos contratos son los intereses añadidos por parte de las empresas privadas; el Gobierno calcula que los más de 700 contratos de PFI que hay en el país para la construcción de colegios, hospitales y otros edificios públicos costaron 54.000 millones de libras; sin embargo, el Estado pagará más de 300.000 millones.

Para 2020 se estima que la deuda de Reino Unido alcance una deuda de 30 mil millones de libras con el sector privado.

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