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Esto es lo que pasa cuando bajas a un volcán activo con una GoPro

Viaje al centro de la Tierra

Escalar el Himalaya cumple el mismo propósito que idear un avión con que imitar a las aves, poner el pie en otro planeta es tan absurdo como anhelar ciudades más altas, conquistar la Antártida tiene el mismo beneficio que la tecnología más avanzada…

La frontera que distingue las decisiones útiles de los delirios de grandeza es, a menudo, borrosa, y ahí mismo es donde se sitúa el pensamiento de un tal Sam Cossman, que un día se propuso tocar el sol.

O casi.

Acompañado de una expedición de pioneros volcánicos, Cossman viajó desde uno de los epicentros de la humanidad (San Francisco) a otro de los epicentros de la naturaleza (Vanuatu), donde se encuentra el volcán Ambrym.

Cossman sólo tenía un deseo: asomarse a un río de fuego mucho más de lo que ningún otro hombre se había asomado, y dejar constancia de ello.

Es una idea absurda y colosal. Tanto como nuestro día a día.

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