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El papa Francisco es la revolución… ¿que no cambiará nada?

Hablamos con un periodista muy fan del papa y que escribe un libro en profundidad sobre los aspectos más personales de Bergoglio

Una de las citas más memorables de El Gatopardo es cuando Tancredi le dice a su tío Fabrizio: “si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”. El gatopardismo ha tenido reflejos en diferentes gobiernos, estados y maneras de hacer. Pero no en la Iglesia. Hasta ahora.

El papa Francisco es un personaje enigmático. Un cura argentino, obispo de Buenos Aires, jesuita, que, de la noche a la mañana se convierte en papa y pone todo patas arriba, sin que realmente, en el fondo, nada cambie.

En 2013, en los primeros meses al frente de la Iglesia, los medios de comunicación de todo el mundo se hicieron eco de la personalidad del nuevo papa: cambió el Mercedes oficial por un modesto Fiat utilitario; no usaba los zapatos rojos de su antecesor, sino los suyos de piel negra gastada; se detenía en sus recorridos a saludar a niños y enfermos poniendo histéricos a sus guardaespaldas...

Pero, más allá de eso, y de los aires reformistas que soplan en la Iglesia —aunque no se terminan de concretar— sabemos poco del papa Francisco.

O eso cree el periodista español Javier Martínez-Brocal, que ahora publica El papa de la misericordia (Planeta), un acercamiento personal a la figura del pontífice en forma de anecdotario con el que intenta dibujar un perfil de Francisco que, para él, a la gente se le escapa.

1. El papa Francisco se ha convertido en un icono pop al que le gusta a todo el mundo

Que a un papa se le reciba en la Casa Blanca con honores de Estado puede ser una imagen más o menos común. Pero que alguien como Pablo Iglesias le aplauda después de su intervención en el Parlamento europeo, no lo es tanto.

Es la imagen que podría resumir, para muchos, lo que es un papa aperturista, que consigue encandilar a unos y otros.

En la Iglesia, el papa Francisco ha conseguido caer bien a católicos y no católicos. Los más ultras dentro de la Iglesia se oponen a él y a los ateos militantes les sigue dando igual. Pero, como explica Martínez-Brocal, el objetivo del papa no es lograr más bautizados, sino "convertir a la Iglesia en una institución al servicio de la humanidad".

"Es un papa que ha conseguido que el catolicismo se vea con buenos ojos en todo el mundo, a pesar de los escándalos que le rodean", añade.

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2. Ser católico antes era estar en contra del aborto; serlo ahora es fijarse en las personas

Si algo ha cambiado el papa Francisco en la Iglesia es un discurso mucho más "centrado en las personas y en sus problemas reales" —dice Martínez-Brocal—, más que en una normativa fría y alejada de los problemas cotidianos.

Continúa Martínez-Brocal: “El papa Francisco lo que ha conseguido es que ser católico ya no sea estar en contra del aborto y del matrimonio de dos personas del mismo sexo; ahora ser católico es preocuparse por las personas, tratarlas bien y no marginarlas por ninguna razón. Él está cambiando el punto de partida”.

El discurso de Francisco no es juzgar a alguien porque no sea católico, porque sea gay, porque haya abortado, porque sea una madre soltera, porque sea mujer

En definitiva, lo que explica el periodista es que el discurso de Francisco no es juzgar a alguien porque no sea católico, porque sea gay, porque haya abortado, porque sea una madre soltera, porque sea mujer... “El papa trasciende los prejuicios y las circunstancias particulares de cada persona para fijarse en aquello en lo que realmente puede ayudarla”, dice.

Sin embargo, la normativa de la Iglesia sigue siendo la de siempre. Es decir, el papa Francisco anunció que daría la comunión a los divorciados o que perdonaría a las mujeres que hayan abortado. Pero el divorcio, para la Iglesia, sigue estando mal, al igual que el aborto.

3. Lo que ha cambiado el papa Francisco es la cultura, no la normativa

El cambio del papa es, en efecto, un cambio cultural, en las formas y en la manera de hacer. Para Martínez-Brocal no hay que subestimar que, en una institución milenaria como la Iglesia, se den cambios, aunque sean culturales.

Y precisamente, para el periodista, esos son los cambios más profundos: “las normas las puede cambiar este papa y que luego llegue otro y ponga otras. Pero lo cultural es un cambio mucho más de fondo”.

De fondo, pero que, por el momento, no son cambios que se reflejen en la moral y en la doctrina de la Iglesia. Más que de fondo, puede que Francisco esté aplicando un cambio cosmético que limpie la cara de la Iglesia... ¿No tendría más sentido aplicar ese cambio de estilo en las normas por las que la Iglesia quiere regir a los católicos y atraer a través de ellas a más fieles?

Predica y practica un discurso aperturista pero, cuando llega el momento de hacer los cambios en las normas, se mantiene en lo de siempre, o mira para otro lado

Martínez-Brocal discrepa. En su opinión, no prevé que el papa Francisco cambie nada en el sentido normativo.

Es como si el papa, consciente de que hay que hacer cambios, predica y practica un discurso aperturista pero, cuando llega el momento de hacer los cambios en las normas, se mantiene en lo de siempre, o mira para otro lado.

Una escena esclarecedora es la conversación que Francisco tuvo con una periodista en el avión volviendo de Brasil, como recoge el libro:

En sus encuentros con los jóvenes usted no ha hablado sobre el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo. En Brasil han aprobado una ley que amplía el derecho al aborto y ha permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Por qué no ha hablado sobre esto? —le preguntó.

La Iglesia se ha expresado ya perfectamente sobre eso. No era necesario volver sobre eso, como tampoco hablé de la estafa o la mentira, u otras cosas, en las cuales la Iglesia tiene una doctrina clara —respondió Francisco.

Pero es un asunto que interesa a los jóvenes —insistió Patricia.

Sí, pero no era necesario hablar de eso, sino de cosas positivas que abren camino a los chicos, ¿no es cierto? Además, los jóvenes saben perfectamente cuál es la postura de la Iglesia —continuó el papa.

¿Y cuál es su postura sobre este tema, Santidad? —le rebatió la periodista.

La de la Iglesia. Yo soy hijo de la Iglesia —le recordó el papa.

4. Guerra en el Vaticano ¿Qué guerra?

Sea como sea, el cambio cultural en el Vaticano y el hecho de que la persona esté en el centro del discurso papal ha levantado enemistades en el Vaticano. El monseñor gay Christzoff Charamsa nos contaba en una entrevista que hay una guerra interna contra el papa Francisco de aquellos que quieren dejar las cosas como están.

Y recientemente, la aparición de dos libros que dejan al descubierto la corrupción y las oscuras prácticas financieras de la Santa Sede, han vuelto a corroborar que dentro del Vaticano hay una lucha de titanes entre los que piden cambio y los inmovilistas.

Martínez-Brocal no está de acuerdo en la imagen de estado de guerra con la que últimamente se presenta al Vaticano. Pero matiza: “Sí que hay una oposición, y la hay de dos formas. Por un lado, la formal, como un jefe que llega y trae nuevos modos y se rompe el statu quo que se había creado. Y luego está la oposición patológica de quien le quiere llevar la contraria”.

Hay personas que trabajan en el Vaticano para servirse a ellas mismas, y piensan en las ventajas y honores que van a tener y no se lo plantean al servicio de las personas

Hay personas que trabajan en el Vaticano para servirse a ellas mismas, y piensan en las ventajas y honores que van a tener y no se lo plantean al servicio de las personas. Esas personas han chocado frontalmente contra el papa Francisco”, dice Martínez-Brocal.

Martínez-Brocal cuenta que, un día que el papa se adelantó a la hora del almuerzo, llegó al comedor y vio a las cocineras en su turno de comida. Les dijo que, si no les importaba, iba a comer ya y que no era necesario que prepararan nada, porque se iba a sentar con ellas.

Con esto, el papa Francisco ejemplifica la revolución que quiere en la Iglesia, como una organización de personas al servicio de las personas, sin honores, sin privilegios. Pero una revolución que realmente no toca nada de lo que —para muchos dentro y fuera de la Iglesia— podría aliviar la vida de muchas personas: las leyes.

“Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”

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