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La pandilla del cementerio: retrato de 5 niños indomables

La fotógrafa polaca Konstancja Nowina siguió a un grupo de "malas hierbas" en la apartada ciudad de Zabrze

En la ciudad polaca de Zabrze vive una pandilla de cinco niños libres. Tienen entre 9 y 12 años y dos de ellos hace tiempo que dejaron el colegio. A una hora en coche de su aburrida ciudad se conserva el campo de concentración de Auschwitz. Hasta él llegan cada día decenas de turistas para fotografiar rejas, cámaras de gas y torres de vigilancia, mientras este grupo de jóvenes vive cada día al margen de los muertos y de los vivos, y se ensaña periódicamente con los parterres y tumbas del cementerio de su ciudad.

Proceedente de la metrópolis de Cacrovia, Konstancja Nowina fue la única que una vez quiso conocer a estos niños yaveriguar a qué dedicaban su tiempo las "malas hierbas de Zabrze". En uno de sus viajes personales a las afueras decidió documentar la vida de los indomables que la gente espantaba como moscas al verlos venir.

Nowina descubrió que, a diferencia de los niños de la ciudad, esta pandilla jugaba en sitios sin vallas y podían pisar el césped y jugar a fútbol donde quisieran. Se colaban en lugares peligrosos y podían portarse mal.

En una de las jornadas, Szychta y Kalus arrojaron un gato por un puente, Kalus y Bajlas volvieron a devastar el cementerio local y Bajlas y Szychta prendieron fuego a un pequeño cobertizo. Lo compartían todo, repartían los víveres para pasar el día lejos de sus casas y esquivaban al matón del colegio, “el gran Aneta”: chocolate, bebidas con gas y patatas fritas.

Tras varios días observando a la pandilla y documentando sus hazañas, Nowina no pudo seguir mirándolos de la misma forma: “Su mundo puede parecer fascinante, un espacio sin límites para la vida y la imaginación, pero entonces uno se enfrenta con perplejidad al código moral, es decir, uno se plantea cuántas malas acciones aún no han cometido en su vida adulta anticipada”, explica la fotógrafa en Lens.

De regreso a Cracovia, el mundo infinito de la pandilla de Zabrze se iba encogiendo a medida que aumentaban las normas, y las limitaciones necesarias para la vida en un espacio reducido como la gran ciudad.

Este premiado trabajo de Nowina nos acerca al mundo cada vez más improbable de la libertad infantil, y nos enfrenta a un dilema ético antiguo: si no hay leyes que prohíban algo, ¿está mal hecho? ¿Qué es, entonces, el bien? ¿No debería ser aquello que nos hace sentir bien a nosotros y a los demás, como desarrolló el filósofo Kant?

La pandilla de Zabrze, y su microcosmos de libertad desaparecerá a medida que crezcan. Para entonces el mal, en la cercana Auschwitz, seguirá recibiendo millones de visitas.

[Vía Lens Culture]

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