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“Nuestras palabras son piedras”: el rap más combativo vive en Palestina

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Hoy todo el mundo mira a Gaza, pero la tragedia eterna del lugar lleva años alimentando una escena musical rica y rebelde

Natxo Medina

31 Julio 2014 17:55

Está la guerra y está lo cotidiano. La guerra se hace entre individuos poderosos y la sufren los demás. Se discute en despachos y se aplica con toda crudeza en las calles. Y entre los disparos y el ruido mediático están las personas, pueblos sometidos a fuerzas que los superan y oprimen, y también el deseo de contar lo que ocurre, de no callar. De esa primera chispa surge todo lo demás: el arte, la Historia, la lucha. Más aún en lugares que como Palestina, que llevan décadas sufriendo conflictos armados que a estas alturas pocos entienden del todo. No es de extrañar que la semilla del rap haya crecido tan fuerte allí. Tanto que hoy hablamos de un importante fenómeno cultural, artístico y político.

Y es que ese relámpago del narrador es el motor mismo del rap. Aunque hoy al hablar de hip-hop tengamos en la cabeza el mainstream estadounidense, en donde apenas quedan figuras con discurso político, sobra decir que el género nació en el gueto (en cualquier gueto). Por tanto surge como expresión directa de una realidad muy poco amable. Como altavoz de los que tienen mucho que decir pero ninguna manera de decirlo. Los oprimidos por raza, género o economía. Una forma de arte que brota de barrios deprimidos o en zonas de conflicto lleva la protesta en su mismo ADN.

De Chuck D a DAM, hermandad universal

Así se explica que una cultura musical tan genuinamente yanqui se desplace hasta los terrenos de una Palestina que si a alguien tiene algo que echar en cara es a Estados Unidos y al flujo de crédito incesante e influencia mediática con el que lleva alimentando al Estado de Israel desde 1948. En el fondo, si Public Enemy hablaban de la opresión del hombre blanco en los barrios negros, los raperos palestinos hablan sobre la opresión sionista en terrenos vallados por grandes muros.

Históricamente, la llegada del rap a tierras de Gaza fue un proceso lento y similar al de otros países mediterráneos. Después de instalarse en Europa a lo largo de los 90, la cultura hip-hop fue acercándose hasta Oriente Próximo. Así los primeros artistas mezclaron este primer hip-hop vieja escuela con influencias musicales árabes y formas ancestrales de poesía mediterránea, como el Zajal. ¿Resultado? Una bomba.

En 1998 nacería entonces el que hoy se considera el primer grupo de rap palestino, los pioneros DAM (siglas de Da Arab MC's). Desde la ciudad de Lyd en Cisjordania, DAM hablaban precisamente del miedo israelí a un “planeta árabe” mientras denunciaban los abusos policiales y la miseria estructural de su pueblo.

Era sólo un aviso de lo que estaba por venir: un fenómeno global que con el cambio de milenio experimentó un crecimiento imparable. Ya en 2008 el documental Slingshot Rap, dirigido por Jackie Reem Saloum nos ofrecía unas pinceladas de hasta qué punto la mancha se había extendido con los años. En él se daban cita los propios DAM y muchas caras nuevas como PR, Abeer o Arapeyat, que hoy siguen soltando sus proclamas desde la franja de Gaza.

Precisamente 2013 fue un gran año para el rap: Anan Ksym con su productora Mazaj y su grupo WE7, el también veterano Murad Abo Ahmad, el jovencísimo Hoss Basha, o el grupo Refugees of Rap son sólo algunos ejemplos de los muchos que justifican que hoy una de las camisetas más populares del lugar dice, "el hip-hop no está muerto. Vive en Palestina".

El poder de la red

Internet y la renovación generacional son las dos claves fundamentales para entender esta expansión. Lo primero es obvio: al carecer de las herramientas tradicionales de distribución, muchos de estos artistas se han ido haciendo fuertes a través de redes sociales y Youtube. Hoy algunos consiguen crear productos de una gran calidad.

En cuanto a lo segundo, los raperos y raperas de las que hablamos son jóvenes que ya nacieron en las colonias, rodeados de muros, y bajo una situación de violencia cotidiana que en realidad va mucho más allá del conflicto palestino-israelí. Se trata de una situación que no acaban de entender del todo, pues otros se la han legado en herencia.

La cuestión no es desplegar un panorama en el que haya buenos y malos, sino interrogarse por los motivos de tanta agresión, de una guerra entre Hamás y el estado de Israel, de tanta policía y tantas explosiones y tantos amigos muertos: se trata de aspirar a una panorámica y preguntarse por qué dentro de los muros de Gaza, los principios del Islam tienen que impedir a una mujer hacer su vida y rapear incluso, si se le antoja.

En ese sentido llama la atención la presencia de mujeres en esta escena. Saafa Arapeyat o Abeer rapean desde una posición de fuerza y son mucho más que curiosidades en el mundo rap. Es llamativo primero porque la del hip-hop es una cultura tradicionalmente machista, y segundo porque su entorno nunca se ha caracterizado por la tolerancia de género. En ese sentido son las últimas de la lista en lo que a derechos se refiere. La tradición secular de organizaciones árabes como la OLP o la FPLP podría haber ayudado a esta normalización.

Más allá de los muros

Siguiendo este hilo, podríamos decir que el conflicto palestino tiene un calado tan amplio y abarca tantas cuestiones que en realidad el espíritu de su hip-hop desborda los terrenos del conflicto. Por eso en Palestina se rapea en hebreo, árabe, francés o inglés. Por eso puedes rapear desde la Franja de Gaza, desde Israel, desde otros Estados Árabes, desde Europa, como Keny Arkana o Shadia Mansour o incluso desde Estados Unidos como hacen Excentrik, the Philistines, Iron Sheik, Ragtop othe Hammer Brothers. Todos ellos son Palestina, y luchan por lo mismo.

Porque al final todos estos artistas comparten un discurso sobre la libertad, la opresión del capital internacional sobre un pueblo, las políticas militares de ocupación, las injusticias, el dolor y la rabia. “Escuchadnos y no os perdáis nada de nuestro mensaje. Nuestro álbum es la nueva Intifada, ¡nuestras palabras son piedras!”, gritan DAM en sus conciertos. Y es que, por encima de las bombas, siempre se alza la voz.

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