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¿Quién no ama a Ruby Rose? Mucho más que una cara bonita

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Conoce a la presidiaria de la que todo el mundo habla

Luis M. Rodríguez

19 Junio 2015 06:00

Triángulo de deseos. En una cárcel. De mujeres.

El pasado viernes, Netflix sorprendía a los fans de las historias entre bambalinas del penal de Litchfield estrenando del tirón los trece capítulos de la nueva temporada de Orange Is The New Black. Desde entonces, sólo se habla de una cosa. Ella:


Una foto publicada por Ruby Rose (@rubyrose) el


Ojos diamantinos. Brazos cubiertos de tinta. Una boca de escándalo. Pero también unos puños capaces de romperle los dientes a cualquiera que se pase de idiota.

Tan pronto como Ruby Rose asomó la cara en OITNB, internet explotó en un tsunami de amor. En cuestión de pocas horas, Rose era trending topic a nivel mundial. Pero su hype va más allá de la habitual adulación del fan rendido ante la belleza televisiva de turno.

Con su sola presencia, Rose ha sido capaz de levantar un interesante debate en torno a los límites de la identidad sexual. Lean:

Hombres homosexuales que se declaran confusos sobre su propia orientación después de verla en pantalla. Mujeres heterosexuales que se declaran conversas al lesbianismo por su culpa. Gente de todas las orientaciones reconociendo sentirse atraida por ella. Y también voces críticas que salen al paso de tanta tontería para denunciar expresiones —ese veleidoso 'me volvería gay por ella', repetido estos días hasta la saciedad— que consideran perniciosas y hasta contrarias al respeto de la comunidad LGBT.

Ruby Rose es así: un imán pansexual. Y las reacciones que provoca tienen mucho que ver con su propio proceso de construcción identitaria.

Nacida en Melbourne hace 29 primaveras, Rose es hija de madre soltera. A los 12 años salió del armario como lesbiana, y tuvo que soportar todo tipo de burlas y abusos por parte de sus compañeros de colegio.

«El odio homofóbico y el acoso pasó a dominarlo todo en mi vida. Yo sentía que simplemente había nacido así y aquello me llevó a una enorme espiral de depresión. Me sentí aislada, sola. Mi existencia se volvió solitaria y horrible», recuerda Rose sobre aquellos días.



Poco queda ya de aquella niña solitaria. Rose floreció hasta convertirse en una mujer positiva y tenaz. Estrella juvenil de la MTV en su país natal, modelo, presentadora y ahora actriz dramática. Su imagen es la llave, pero Rose no se conforma con ser otra cara bonita.

«"Modelo". No me veo a mí misma como modelo. Soy genderqueer, tengo tatuajes», le contaba hace poco a Rolling Stone para explicar por qué no encaja en la imagen que muchos tienen de ella. Guapa sí, pero también comprometida con cuestiones como el animalismo, la investigación de las enfermedades mentales en los jóvenes, el activismo anti-bullying o la diversidad sexual

Su fluidez de género es uno de los atributos que más notoriedad le ha dado a Rose en los últimos tiempos. Sobre todo a raíz de la publicación en la red de Break Free, un corto de cinco minutos en el que explora los roles de género a partir de su propia transformación: de "mujer cañón", una barbie rubia con vestido ajustado, a hombre de cara preciosa y actitud agresiva.




La pieza se hace eco de su propia experiencia: en una vieja entrevista con The Guardian, la actriz revelaba que empezó a vendarse el pecho para ocultar sus senos a una edad tempranísima. Llegó a ahorrar dinero para afrontar una operación de cambio de género, aunque luego esa idea fue, poco a poco, desapareciendo de su cabeza.

«La fluidez de género no es realmente sentir que estás en el extremo de un espectro o del otro. Claramente, no me identifico con ningún género concreto. No soy un hombre; realmente no me siento como una mujer, pero obviamente nací como una. Así que estoy en algún lugar en el medio, lo que —en mi perfecta imaginación— es como tener lo mejor de los dos sexos. Tengo un montón de características que normalmente estarían presentes en un chico y luego menos que estarían presentes en una mujer. Pero a veces también me pongo una falda [...] La moraleja es que sólo tú sabes quién eres, y necesitas ser libre para poder ser esa persona», explicaba Rose a Elle.



Todo el mundo coincide en que su incorporación a OITNB —encarnando, además, al personaje más abiertamente queer del show— ha sido un acierto. Más allá de su indudable magnetismo, su presencia viene a ensanchar la reputación de la serie como espacio que aborda temas que para muchos siguen siendo tabú.

Es el entretenimiento de masas entendido como vehículo de empoderamiento, algo raro de ver estos días.

Ficción, sí, pero como espejo de realidades que no se pueden seguir silenciando en la pantalla.

«Muchas de nosotras hemos pasado por cosas en nuestras vidas que nos han llevado en muchas direcciones distintas. Somos casi todas personas desamparadas, lo contrario a un ganador. Lo digo en un sentido positivo. Han pasado por muchas cosas, y ahora son exitosas. Hay esperanza para todos nosotros».



Nunca subestimes el poder politico de una belleza andrógina

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