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Oona, Salinger y Beigbeder: así se hace un trío literario

Frédéric Beigbeder publica 'Oona y Salinger' (Anagrama) una curiosa historia de amor basada en hechos reales en la que el escritor se cuela, y la hace suya

I

«Cuando le preguntaban a Diana Vreeland si sus recuerdos más extravagantes eran factuales o ficticios, ella respondía: It’s Faction.

Éste es un libro de pura facción. Todo en él es rigurosamente exacto: los personajes son reales, los lugares existen, (o han existido), los hechos son auténticos y las fechas son todas ellas verificables en biografías o manuales de historia. Lo demás es imaginario, y por este sacrilegio ruego a los hijos, nietos y bisnietos de mis protagonistas que disculpen mi intrusión.»

II

—Me está gustando mucho lo nuevo de Beigbeder. Mira que tenía dudas, pero creo que es muy bueno.

—¿Sí? ¿Me va a gustar?

—Sí, es que está muy bien escrito.

—¿Qué es para ti “bien escrito”?

—Pues no sabría decirte. Cuando una novela está bien escrita sientes como que al leerla en silencio puedes masticar sus párrafos. Sólo llevo 40 páginas de Oona y Salinger, y ya he salivado y masticado mientras la leía. La tengo entera subrayada. Aunque también hay alguna cosa cursi, en general me deslumbra.

Es viernes por la noche, cruzo la Diagonal con mi marido de camino a un restaurante japonés donde procederemos a celebrar nuestro primer aniversario de casados. Mientras caminamos lo pienso: nos dirigimos a celebrar el amor. O quizá lo que nosotros pensamos que es el amor.

Mi marido se siente intrigado por esta nueva novela de Frédéric Beigbeder que he sacado en la conversación, y me pregunta más sobre los personajes y la trama. Beigbeder nunca nos ha parecido un narrador virtuoso, pero sí excepcionalmente divertido retratando sus propios malestares y dudas hacia la vida.

Casi por primera vez , leo a un Beigbeder que no habla todo el rato de sí mismo —aunque eso no es algo que a mí me moleste, pues soy la persona que más disfruta del mundo hablando de sí misma—, y casi por primera vez, también, leo a un Beigbeder cuya definición del amor no es tan desastrosa como en libros anteriores.

Nos dirigimos a celebrar el amor, o lo que nosotros pensamos que es el amor, mientras en el libro que llevo en el bolso dos personajes se disponen a celebrarlo también, y a su manera, bajo las órdenes alocadas del novelista francés.

—Ha tenido una idea fantástica. Beigbeder lo llama facción y no ficción. Ha cogido la historia del primer amor de Salinger y lo ha convertido en una suerte de telenovela literaria fabulosa.

—¿Recrea la historia o se la inventa?

—Se la inventa, y ahora es como si Oona y Salinger hubieran hecho un trío. Un trío con Beigbeder. Se ha metido en mitad de esa relación. Da la impresión de que ninguno de los dos existiría sin él. He subrayado muchas cosas. Es como un chicle que me encanta masticar.

III

Imaginad que abrís una revista de moda —cualquiera de esas que el día después de una gala de cine o musical encabezan sus webs con profundos análisis sobre lo que llevaba cada famoso en la alfombra roja— y que os encontráis con un reportaje sobre una It Girl de Nueva York y su nuevo amante.

Ahora imaginad que esa It Girl es en realidad una chica de 16 años, guapa, inteligente, moderna, atractiva e hija de un célebre dramaturgo, y que su nuevo novio no es otro que un aspirante a escritor obsesionado con la juventud que se ofende cada vez que alguien tacha su literatura de pretenciosa.

Aunque a primera vista podríamos pensar que se trata del retrato de Serena van der Woorsen y Dan Humphrey, los protagonistas de Gossip Girl, en realidad estamos asistiendo a la juventud de la celebridad Oona O’Neill y el escritor J.D. Salinger, mundialmente conocido por su novela El guardián entre el centeno.

Para Beigbeder el amor entre Oona y Salinger es como una historia entre una it girl y un aspirante a escritor neoyorkino

En el libro Oona y Salinger, recientemente publicado en España por Anagrama , el francés Frédéric Beigbeder ha hecho suya la historia de estos dos personajes, que durante años se amaron, y después se odiaron, y después millones de lectores vieron cómo la obsesión de aquel amor, marcaría la vida entera del escritor.

Oona y Salinger se conocieron en Nueva York cuando eran muy jóvenes, después, la participación de él en la II Guerra Mundial les separaría para siempre. En el extranjero Salinger se enteró de que Oona se iba a casar con Chaplin, 36 años mayor que ella, y eso al joven escritor y soldado le repugnó.

La verdadera motivación de Beigbeder es la de entender a quienes, como él, sólo pueden enamorarse de personas más jóvenes, ¿quizá eso les aleja de la muerte?

Lo que no sabía entonces Salinger, es que desde aquel momento él también se convertiría en un viejo verde, al que sólo le gustaría relacionarse con mujeres mucho más jóvenes.

Y ahí es donde reside la verdadera motivación de Frédéric Beigbeder para escribir esta novela, reinventar la historia de sus protagonistas y hasta recrear y reescribir todas sus cartas: en la imposibilidad de algunos hombres por reconocer su vejez, por amar a una mujer que tenga su misma edad.

IV

V

Hacia el final de Oona y Salinger, el escritor francés elabora una lista de todos aquellos pintores, escritores, músicos e intelectuales que terminaron su vida con mujeres más jóvenes que ellos. Para él, la vida de J.D. Salinger es una clara representación de ese síndrome.

De ese miedo profundamente masculino.

De ese terror a quedarse solo, y esa creencia según la cual un hombre sólo puede enfrentarse a la decrepitud y a la muerte y al lado tiene un culo pequeño, una vagina tonificada, un corazón aún inocente que se convertirá en su amuleto contra la temida muerte.

Da la impresión de que Frédéric Beigbeder sólo quiere escribir la vida de esta actriz y de este escritor para sentir que lo que él es y en lo que él se ha convertido —otro hombre que podría aparecer en esa lista— está bien y es correcto, y que gracias a la vida de Salinger también está completamente justificado.

Escribir sobre las desgracias de los demás sólo para poder justificar las propias

Beigbeder es un gran fan de la juventud, y su última novela es un canto a esta.

Él podría haberse limitado a contar por enésima vez su vida, pero ha preferido recuperar la de uno de los novelistas que más admira para decirse algo así como: “eh, mira, Fred, él también las pasó putas, y aún así sigue siendo uno de los autores más importantes de la literatura estadounidense, ¿a qué tienes miedo?”

En las primeras páginas, de hecho, Beigbeder reconoce esto: "Salinger es el escritor que ha hecho que a los humanos les repugne envejecer”. Y de hecho tiene razón, porque, ¿qué es El guardián entre el centeno sino un escudo?

¿De qué precipicios iba a salvarnos ese guardián, sino del precipicio del olvido y la vejez?

¿Quién es Holden Caulfield sino el espejo una jovencísima Oona, de todos nosotros, eternos adolescentes atormentados, esclavos de nuestra arrogancia, temblorosos ante el amor?

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