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Esto es lo que ocurre cuando te enamoras de alguien que no existe

Leah Palmer no solo engañó a su novio, sino a miles de seguidores

Justin —este no es su nombre real— entró en contacto con Leah Palmer en verano de 2012.

Fue a través de las redes sociales, y pronto empezaron a flirtear. Su amistad fue a más, y en diciembre de ese mismo año Justin decidió poner fin a su relación con Sonja Polimac, una abogada de 25 años con la que llevaba saliendo algunos meses.

Pero Justin y Leah nunca se habían visto en persona.

“Cuando quedábamos para vernos, siempre había una excusa. Solía tocarme la fibra sensible, alegando que su hermano había muerto y otras tragedias familiares. Así que, a menudo, le concedía el beneficio de la duda”, explica Justin a Buzzfeed.

Justin y Leah estuvieron en contacto durante la mayor parte de 2013. Se mandaban mensajes por Twitter a diario, hablaban por teléfono a menudo y utilizaban Skype. La cámara de Leah, sin embargo, siempre estaba rota.

“Debido a su aparente trabajo en el mundo de la moda, se suponía que siempre estaba viajando, con mucho trabajo. Parecía que siempre tenía respuestas, y era capaz de cubrirse las espaldas bastante bien. Pero, obviamente, el hecho de que nunca pudieses encontrar un momento y lugar para conocerla hizo que saltaran las alarmas”, dice Justin.

Debido al comportamiento errático de Leah, a principios de 2014 la relación ya había terminado. Un año más tarde, Justin conoció toda la verdad.

En enero de 2015, Justin recibió un mensaje en Instagram de una mujer llamada Ruth Palmer. Tal y como ella misma recuerda a Buzzfeed, decía lo siguiente: “No sé con quién has estado hablando, pero creo que tienes que darme un anillo”. Iba acompañado de una foto de Leah. O mejor dicho, de una foto de Ruth.

Ruth Palmer tiene 25 años y vive con su marido en Dubai. Es guapa, tiene un grupo de amigos unido y trabaja como gerente de cuentas en una multinacional. Tiene una vida, en definitiva, envidiable. Y había alguien que la quería para ella.

Entre principios de 2012 y enero de 2015, “Leah Palmer” robó más de 900 fotografías del Instagram privado de Ruth y las posteó como si fueran suyas. Leah tenía una página de Facebook, varios perfiles de Twitter y una cuenta en Tinder, todos con el nombre de Leah Palmer, todos utilizando las fotos de Ruth.

Al darse cuenta que alguien le estaba robando partes de su vida, Ruth pidió a Instagram que eliminasen la cuenta de Leah, aportando su pasaporte como prueba.

“Para mí l o más escabroso fue que utilizara los nombres reales de mis amigos, que supiera cosas de mi familia, donde vivía y las cosas que hacía. De algún modo, ya sabes que cuando pones cosas en las redes sociales eso deja de pertenecerte: es de dominio público. Sé de gente a a la que le ha pasado esto, pero fueron un par de fotos, nunca hasta este punto”, dice Ruth.

Instagram eliminó la cuenta, pero pronto apareció otra, también utilizando sus fotografías.

Ahí fue dónde Ruth empezó a preocuparse: podría tratarse de un acosador obsesivo. Intentó averiguar quién estaba detrás de todo aquello sin demasiado éxito. Acudió a la policía pero le dijeron que no la podían ayudar porque utilizar las fotografías de alguien en la red no es ilegal más allá de las posibles violaciones de copyright.

Otras personas se involucraron en la búsqueda, entre las que se contaba Fenton Gee, un DJ británico con el que Leah había empezado a hablar en 2013, y Sonja Polimac, la mujer a la que Justin dejó por Leah. Ambos encontraron inconsistencias rápidamente y llegaron a la conclusión de que se trataba de una farsa.

Aún así, a día de hoy, todavía nadie sabe quién se escondía detrás de Leah Palmer.

La mayoría de personas involucradas en la historia creen que se trata de una chica joven, probablemente alguien que ha idealizado a Ruth y quiere ser como ella. Y todo apunta a que tiene que ser alguien cercano a su círculo de amistades, ya que sus redes sociales siempre han sido privadas desde que tenía 18 años.

La gente me dice que tiene que ser alguien a quien conozco. Pero no conozco a nadie que tenga tanto tiempo libre”, dice Ruth.

En todo caso, parece evidente que se trata de alguien con graves problemas.

Aunque la suplantación de identidad en Internet es habitual, el caso de Leah Palmer es extremo. Durante tres años vivió una doble vida utilizando imágenes robadas. Consiguió miles de seguidores en las redes sociales, hizo amigos reales y tuvo, como mínimo, una relación romántica.

Tal y como ella misma reconoce, lo irónico del caso es que la persona que se hacía pasar por Ruth tenía muchos más seguidores de los que tiene ella. Es decir, la persona que quería su vida para ser popular no solo lo consiguió, sino que la convirtió en alguien mucho más popular de lo que era.

Este último detalle sirve para demostrar que todavía infravaloramos el poder que nos otorgan las redes sociales para hacer ver que somos alguien distinto a quienes somos en realidad. Pero si algo nos enseña esta historia es que, quizá, el verdadero motor de este juego de las apariencias no está en aquellos que postean. Sino en aquellos que necesitan a alguien a quien admirar.

[Vía Buzzfeed]

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