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7 hallazgos científicos que resultaron ser una gran patraña

Tribus cavernícolas, la energía que salvaría al mundo o trasplantes de piel que se colorearon

Hay descubrimientos científicos que suponen un auténtico punto de inflexión en la Historia. Ahí está la electricidad, la ley de la gravedad o el tratamiento contra mil y una enfermedades que hasta hace no tanto eran letales. Pero frente a todo lo que se proclama como "gran hallazgo" a veces se nos olvida ser un poco escépticos... porque más de una vez nos la han colado.

La lista que sigue repasa algunos de los fraudes científicos más sonados de la Historia.

1. Los gigantes de la Biblia que se hicieron realidad

El 16 de octubre de 1869 se descubrió en un pozo de una granja de Cardiff una figura humana de más de tres metros de alto que pesaba alrededor de una tonelada. Los medios definían el hallazgo como una "nueva maravilla" o "el descubrimiento del siglo" y su interés atrajo a cientos de curiosos y expertos. Se creyó, entre otras especulaciones, que se trataba de un hombre que había existido y había quedado petrificado por las aguas de un pantano.

Aquella criatura venía a ser la encarnación de un pasaje de la Biblia: "Había Gigantes en la tierra en aquellos días". La prueba que demostraba la verdad del artículo del Génesis 6:4 del Antiguo testamento. Sin embargo, nada más lejos de la realidad.

El fraude fue perpetrado por un comerciante de tabacos llamado George Hull quien, ateo y escéptico, se encontró en uno de sus viajes a Iowa con un metodista evangelista que predicaba los versos de la Biblia y sostenía que había que interpretarlos literalmente.

Hull, molesto con el discurso del reverendo, encargó construir en secreto una escultura de yeso con la forma de un hombre desnudo y la enterró con el consentimiento del granjero en el pozo de los terrenos de Cardiff. Su engaño pretendía asestar un gran golpe a la religión. Al año siguiente todos habían confesado: escultores y el propio Hull contaron que el gigante era una obra contra todos los fundamentalistas.

2. La tribu Tasadays no era tan cavernícola

En las islas Filipinas se anunció una gran noticia: habían dado con una tribu que había permanecido aislada del mundo hasta el momento. Gente viviendo en la jungla de la que no se sabía su existencia y con unas formas de vida de la edad de piedra. La popularidad de la tribu llegó a ser portada de National Geographic en 1972 bajo la supervisión del Gobierno del país.

Manuel Elizalde, el mismo político filipino que se había hecho eco del descubrimiento y que definía a la tribu como "tierna" y "amante de la paz", mandó construir un muro alrededor de los carvernícolas para protegerlos del mundo exterior.

Escasos permisos se concedían para acceder a la zona y guardias armados custodiaban la zona. Al antropólogo Oswald Iten y al periodista Joey Lozano el secretismo les extrañó y decidieron entrar por sus propios medios para ver qué había de cierto en la historia de la tribu perdida. Y resultó que los tasadays existían, eran unos 150, pero ni vivían en cuevas ni se habían quedado en el mundo neandertal: usaban herramientas de hierro, llevaban vestimentas de algodón y, en definitiva, eran unos aldeanos a los que mandatarios filipinos habían convencido para que se hicieran pasar por aborígenes para obtener dinero.

La tribu desconocida de Filipinas que vivía como en la Edad de piedra fueron unos aldeanos pagados por el Gobierno

3. William T. Summerlin y los trasplantes de piel coloreados

William T. Summerlin consiguió en 1970 algo sorprendente en el complejo mundo de los trasplantes: un injerto de piel de una persona blanca a una negra sin aparente rechazo. Adquirió una enorme celebridad y en 1974 ya estaba trabajando en el afamado instituto neoyorquino Sloan-Kettering. Allí se le pidió que hiciera una demostración de su exitosa técnica, que consistía en cultivar la piel en un plato de nutrientes semanas antes de la operación, y trasplantó la piel de dos ratones negros a dos albinos.

William T. Summerlin observó, para su desgracia, los nefastos resultados: la piel de los ratones no tardó en blanquearse. Sin embargo, en vez de reconocer la equivocación de su método, optó por colorear de negro la piel injertada de los ratones para oscurecerla.

Su reputación después de aquello quedó por los suelos. Del prestigio pasó a ser el médico que coloreaba ratones.

4. La fusión fría que iba a resolver el problema energético del mundo

El sueño de que el nombre de uno pase a la Historia puede cegar a la gente en su objetivo. Los químicos Stanley Pons y Martin Fleischmann fueron dos personas que se precipitaron al vacío alardeando de avances cuando, en realidad, debían haber revisado sus notas. En 1989 proclamaron que habían conseguido hacer realidad la fusión fría mientras enseñaban a la prensa un tubo de cristal con electrodos en agua pesada.

"Parece que podemos conseguir fusión indefinida en un instrumento relativamente barato", se regodeó Fleischman.

La noticia era insólita por una razón: la fusión fría tiene el potencial de generar una gran cantidad de energía mediante la unión de dos núcleos atómicos. Este proceso, que solo ocurre de forma natural en el interior de las estrellas, se presentaba como la solución para acabar con el problema energético del mundo. Sin embargo, nadie fue capaz de duplicar los resultados y los científicos no tardaron en concluir que su evidencia debería haber sido corroborada antes de anunciarla a bombo y platillo.

5. El vídeo inédito: la autopsia a un alien

En 1995 se emitió un vídeo que demostraba no solo que había vida extraterrestre en el Universo, sino que se había sacado las entrañas a un alien. El vídeo databa de 1947 y todo cuadraba. En esa fecha se produjo el supuesto incidente de Roswell en el que cayeron restos no identificados del cielo en un rancho de Nuevo México.

Cuando en 1995 apareció el vídeo de una supuesta autopsia a un extraterrestre se especuló con que, en aquel accidente, las fuerzas de seguridad americanas habían capturado a uno de los visitantes y lo habían mantenido en secreto.

La cinta la sacó a la luz el productor de cine Ray Santilli, quien aseguró que se la había dado el cámara del ejército por una gran suma de dinero. Pero todo, como sus películas de la gran pantalla, era ficción.

El supuesto alien era un muñeco de látex relleno de vísceras y sesos de cordero y cerdo. Aunque prometió a los cómplices revelar la mentira pronto, el dinero que le ingresaba su paso por los platós de televisión pospuso la confesión. Fue ya en 2006 cuando sacó una película que visibilizaba cómo se había orquestado el engaño. Un gran desilusión para los ufólogos y otra cantidad de dinero que Santilli se ingresó.

El alien del vídeo era un muñeco de látex relleno de vísceras y sesos de cordero y cerdo

6. El hombre de Piltdown, el eslabón perdido que nunca existió

En 1912 se encontró al deseado eslabón perdido, el anclaje que se pensaba que faltaba en la evolución en el paso del mono al hombre. El arqueólogo Charles Dawson presentó los restos que había hallado en Sussex, Gran Bretaña. Se trataba de un gran cráneo humano con la mandíbula de un simio. El mundo científico dio la bienvenida al nuevo homínido bautizado como Eoanthropus dawsoni y datado con 500.000 años de antigüedad.

El fraude duró 40 años. No fue hasta 1953 cuando científicos del Museo Británico detectaron que Eoanthropus dawsoni era falso. Se trataba de un cráneo humano, sí, pero como mucho de 50.000 años de historia. Al cráneo se la había añadido una mandíbula de un orangután que había sido teñida de los mismos colores para que la historia encajara. Fue un duro revés que demostró la importancia del tratamiento químico y el resto de análisis a los huesos para determinar la autenticidad.

7. Malditos sapos parteros

Paul Kammerer iba a ser el sucesor de Darwin, pero acabó siendo un biólogo que se pegó un tiro por culpa de los sapos parteros en 1926. Kammerer fue un gran admirador del naturista francés Jean-Baptiste Lanmarck, cuyos planteamientos afirmaban que los rasgos adquiridos en vida son heredados por los descendientes. Sus teorías habían quedado desmentidas por Darwin en 1859, pero Kammerer quería hacer honor a su mentor y demostrar su lucidez.

El biólogo forzó a que unos sapos parteros se aparearan en el agua, como hacen las ranas, en vez de en la tierra. Las ranas macho desarrollan unas pequeñas espinas en los dedos para no escurrirse por la espalda de las hembras durante el acto.

Kammerer, tras años de trabajo obligando a los sapos parteros a reproducirse en el agua, presentó la confirmación de sus ideas: al final, a los descendientes de esos sapos les habían salido las pequeñas espinas.

El suicidio, según se cree, se produjo a raíz de que un miembro del Museo Americano de Historia Natural visitara su laboratorio y descubriera que las espinas no es que les hubieran salido a los sapos, es que habían sido pintadas con tinta china. La carrera de Kammerer había quedado destruida.

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