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5 nuevas tribus urbanas que la van a liar pardísima en 2014

Si estás harto de it-girls, b-boys, góticos, emos, preppys y demás chusma estandarizada, te descubrimos en exclusiva las corrientes del futuro

En los 80, las tribus urbanas eran la manera más fácil que tenían los jóvenes para encajar en una sociedad en transformación. Al hacerte, por ejemplo, grunge o heavy, estabas no sólo identificándote con una música y una visión del mundo, sino también con el pensamiento outsider de comunidades de jóvenes que se sentían fuera de lugar, desclasados, necesitados de una nueva familia que les entendiera. Desde los 60 en adelante fueron proliferando culturas que derivaron en tribus como los hippies, los mods, los punks y los góticos, en los 80 nacieron los pijos y en los 90 los techno-kids, pero con la entrada en juego de internet muchas de estas tribus dejaron de tener sentido porque la familia se formaba en los chats, los foros y los círculos de Google Plus (bueno, aquí no, es broma; no hay nadie). Pero cuando parecía que las tribus urbanas habían muerto, en 2014 están sufriendo un repunte inesperado. No has oído hablar de las nuevas corrientes porque todavía son muy underground, pero hemos hecho un trabajo de investigación a fondo, bajando a alcantarillas si fuera necesario, para presentarte, por primera vez, las tribus urbanas del futuro. No seas gótico, que eso está muy pasado: hazte mudéjar.

1. Mudéjares

1. Mudéjares

El mudéjar sería algo así como lo contrario al gótico, o la versión muslim -con barba y turbante- del emo: si los mudéjares originales eran los invasores árabes asimilados por la cultura cristiana durante la Reconquista de la península Ibérica, un hipotético mudéjar militante en la actualidad sería un hijo de emigrantes magrebíes o paquistaníes que habita los barrios antiguos de Madrid o Barcelona, perfectamente asimilado en la cultura española y por el sistema de educación pública, que mezclaría la chilaba con los cardados, mucho uso del rímel y se pasearía por las calles como una especie de pequeño monstruito que imita a Marilyn Manson o Robert Smith. Hay que distinguirlos de la versión más radicalizada, los mozárabes, muy extendidos en la periferia y con los que tienen innumerables riñas a sablazos a la salida de las discotecas chabi por un quítame allá esa primavera árabe: normalmente, los mozárabes reparten más estopa y cercenan más orejas (que se aprestan a convertir en collares, como el personaje de Dolph Lundgren en “Soldado Universal”). Todas sus ropas son negras con ligeros toques de verde, se aceptaría la pedrería en orejas y colgantes, y su música favorita sería una mezcla entre guitarras elongadas sobre las que una voz cavernosa recitaría versos mezclados del Corán y la Biblia, tipo el disco aquel de Patti Smith con Kevin Shields, pero con producciones de DJ/rupture.

Grado de probabilidad de implantación en la cultura actual: escaso.

2. Neo-Etruscos

Neo-Etruscos

El neo-etrusco es una variante deformada y muy decadente de lo que conocemos como ‘folletis’, ‘fuckers’ o depredadores sexuales: ese tipo de personas cuya victoria en la vida sobre los demás consiste en prolongar el mito de Don Juan hacia las redes sociales y las discotecas, coleccionando un historial de conquistas amorosas que no superarían ni el mismísimo Dinio, por no hablar ya de Julio Iglesias. El neo-etrusco parte de las mismas premisas que el latin lover mediterráneo -eran los antecesores de Roma, hasta que llegó Eneas con sus troyanos para conquistar la itálica, degollando al caudillo Turno con la hoja de su daga-, pero no tiene el mismo carisma que el gigoló italiano, tipo ‘chico Martini’, que con una mirada y unos morritos sería capaz de encamarse con la mismísima Scarlett Johansson preñada. El neo-etrusco folla mucho, pero folla de poca calidad: señoras de 60 que se cuelgan la foto de cuando tenían 38 en Adopta Un Tío, adolescentes con abundante acné, notorio sobrepeso y muchos problemas de autoestima que pululan por Tuenti, locas del coño y de la cabeza, matures que no llegan a MILF, y en este plan.

Grado de probabilidad de implantación: existe abundantemente, pero rara vez reconoce su existencia, pues sería más motivo de escarnio público que de honor. El neo-etrusco es el fracasado entre los vencedores de la gran batalla del sexo a granel.

3. Vestales

Vestales

La vestal intenta ir de it-girl, pero lo hace sin gracia, sin carisma y además sin un maldito céntimo. Nació a finales de la década pasada, cuando arreció la crisis y muchas jovencitas con aspiraciones de braguetazo se quedaron sin opciones de trepar por la escala de predación sexual -el clásico ‘cazar a un tío’ para chorrarle el Ferrari, la herencia y las reservas en los restaurantes caros-, así que fue necesario un golpe de timón. De este modo, la vestal se inspira en las vírgenes romanas para hacer de la virtud a ultranza un manifiesto vital: tomando a Miranda Makaroff como reflejo, la Vestal tiene Instagram, pero hace fotos de comida aún sin cocinar (una bolsa de macarrones del Caprabo, por ejemplo, o una naranja sin pelar, o el arroz basmati a punto de ser lanzado al agua hirviente), se fotografía en la piscina municipal en vez de en una cala ibicenca, y sus objetos de lujo son una tortuga (en vez de un carísimo perro de raza y minúsculo), una pulsera de bisutería comprada en los chinos, una edición en bolsillo de Anagrama de Houellebecq -con el que se identifican y lo admiran como el prohombre del futuro, su ideal nietzscheano de superación de la raza- y uñas recortadas para no tener que pintárselas a lo Mireia Belmonte. De música les mola Flos Mariae, la recopilación de mejores baladas de Luis Miguel y Animal Collective, pero sólo los momentos new age.

Grado de probabilidad de implantación: alto, aunque en los más underground de las redes sociales. En el fondo les da vergüenza asomar, son como los gnomos o las hadas, sólo se manifiestan cuando la noche es cerrada y el clima turbio.

4. Uranistas

Uranistas

El uranista del siglo XXI recupera el viejo movimiento uranista del XIX, que proclamaba que existía un Tercer Sexo en el que acabarían fundidos hombres y mujeres en una proto-utopía transgénero y andrógina, para denunciar con energía la decadencia del mariconeo de los últimos años. Porque una cosa es ser homosexual, que es una cosa muy digna y respetable, y otra muy distinta perder aceite, ser un mariconazo o, directamente, un palomo cojo. Como bien expresa ese chiste infantil que recogió Torrente, “nos hacemos unas pajillas, pero sin mariconadas”. El uranista tiene en su altar a gurús de la hormonación y la yonquiez testo como Beatriz Preciado, y se la tiene jurada en calidad de enemigos públicos número uno a It-Maricones como Màxim Huerta, Jordi González o Jaime Cantizano (especialmente a este último, por no salir del armario públicamente). Escuchan en secreto a Pablo Alborán, la gran revelación gay de la temporada por su anuncio de irse a grabar con Ricky Martin al Caribe, pero nunca lo admitirán como referente porque en público deben decir que son fans de Dana Internacional, La Veneno y Boy George. El uranista lleva al extremo la extraña realidad del gay homófobo, ese gay que sólo quiere follar con heteros para ‘convertirlos’ y mataría con mucho gusto a todos los gays por ser demasiado sarasas y no llevar la condición con un mínimo de elegancia.

Grado de probabilidad de implantación: existen, pero con otro nombre. Y son peligrosos. Algún día dominarán la televisión como lo hicieron sus ancestros.

5. Patillarians

 Patillarians

‘Patillarian’ proviene de ‘singularitarian’, pero más por la patilla. O por el morro. O echándole dos cojones más grandes que los del caballo de Espartero a la hora de vender motos que no compraría ni el pazguato más crédulo. El singularitarian es un adicto a las necedades de la nueva era tecnológica que sigue a pie juntillas, como si fuera la letra del Talmud para un judaico, las conferencias y escrituras de Raymond Kurtzeil, gurú de la singularidad, un concepto filosófico-futurista que aboga por el crecimiento exponencial de la inteligencia artificial, de modo que en un futuro próximo las máquinas y las computadoras serán virtualmente más inteligentes que el cerebro humano y se pondrán al servicio de la humanidad para hacerla progresar hasta el infinito, trayendo como resultado la vida eterna, la curación de las enfermedades, rescates angelicales, los viajes por el tiempo y el espacio y la resurrección de Gandhi. O sea, como Guardiola pero mucho más bestia. El problema es que venden esto con una retórica hippy que apesta. El patillarian lleva esto más allá y convierte su filosofía mística en la típica charla del taxista (ahora lo llaman ‘cuñao’) o la del vendedor de alfombras. Defienden la ingesta de nutrientes naturales importados de Asia, la dieta estricta de los viejos templos budistas, mezclan espiritualidad con lucro, escuchan a todas horas el mantra divino de Ashter Sheran y tienen como sumo sacerdote a Fernando Sánchez Dragó, que desde su fortaleza en Castilfrío (Soria) tiende lazos poderosos con otros centros de poder astral como Pamplona (donde gobiernan los Lannister dirigidos por J.J. Benítez), Madrid (Íker Jiménez, rey de las tierras de la meseta cósmica) y Dos Hermanas, Sevilla, donde actualmente se refugia Carlos Jesús.

Grado de probabilidad de implantación: altísima, están fortísimos en las calles y en las librerías esotéricas.

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