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Este dildo te permite mantener relaciones sexuales con tus muertos

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Sí, esto que ves es una urna con forma de dildo

María Yuste

28 Abril 2015 15:38

A partir de ahora, asistir a un funeral y escuchar a alguien decir eso de que siempre llevará “dentro” al muerto no volverá a ser lo mismo.

Mark Sturkenboom, un joven diseñador holandés, se ha propuesto volarte la cabeza con un invento muy sencillo que, sin necesidad de nuevas tecnologías, te rompe todos los esquemas.

Se trata de su alternativa física a los proyectos futurísticos que pretenden reconstruir virtualmente la personalidad de un difunto: ni más ni menos que una urna funeraria que también es un consolador.

La idea surgió cuando Sturkenboom ayudaba a una anciana a llevar la compra a su casa. Allí vio que, en vez de haberlas esparcido en algún lugar especial, la mujer seguía conservando las cenizas de su marido.

Sin embargo, le pareció que aquella urna convencional no le hacía justicia al amor con el que la anciana hablaba de su esposo.

Sturkenboom acababa de leer un artículo sobre viudas, sexo y tabús en el que había aprendido que, tras una muerte, la pérdida de la intimidad con el difunto es una fuente importante de dolor, así que se propuso crear un objeto que combinara recuerdo, amor e intimidad sexual.



Las cenizas del difunto se introducen en un pequeño compartimento dorado dentro de un consolador de cristal. Su tamaño está diseñado especialmente para que solo puedan caber 21 gramos, en honor a aquel experimento en el que, pesando cadáveres, un médico intentó demostrar que el alma pesaba 21 gramos.

Por si fuera poco, la urna se guarda en una antiséptica caja blanca de madera al estilo de las cajitas de música en las que la figura de una bailarina da vueltas, pero en versión macabra. Tiene un perfumador para rellenarlo con el perfume que usaba en vida, altavoces para escuchar sus canciones favoritas y un cajón en el que guardar una prenda.



Con su invento, Sturkenboom intenta darle una vuelta a ese concepto impersonal y de trágico final que tenemos de la muerte. La cuestión es: ¿necrofilia o romanticismo?



Resulta que no era el alma lo que pesaba 21 gramos... era el pene





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