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La ropa no era suficiente: llegan los cuerpos normcore

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Adiós a la figura musculada o ultradelgada, pero... ¿alguien sabe lo que es un "cuerpo normal"?

Leticia García

15 Octubre 2014 11:20

Cientos de publicaciones especializadas han señalado al normcore como la tendencia de 2014: tirando de paradoja, la moda del año consiste en pasar de la moda, en vestir normal. Sin embargo, nadie, en realidad, ha definido dicha normalidad y este esquivo concepto sólo ha servido para encumbrar las chanclas de piscina y los forros polares como uniforme del moderno que quiere pasar desaperbicido. Chanclas de piscina por la calle para reflejar lo anodino. Perfecto.

Los supuestos inspiradores de la tendencia (y los que acuñaron dicho palabro), el coletivo artístico K-Hole, se quejaban hace algunos meses de la tergiversación del término. Normcore alude a una actitud, no a un estilo. A dejar de tomarse en serio la moda, no a vestir como nuestros padres. A rechazar esa pulsión hacia la individualidad extrema, no a adaptarla a base de riñoneras y anacronismos.

Poco importó. La dichosa palabra ha salido tan rentable (por ejemplo, un editorial de la revista W se amparaba en el normcore para mostrar prendas por valor de 260.000 euros) que hay que extenderla a otros ámbitos. Como por ejemplo, el estilo de vida normcore. O eso ha debido pensar la periodista Maya Singer, quien afirma en un artículo de Style.com que el cuerpo de 2015 será normcore: "Desde un punto de vista puramente estético, ha llegado el momento de la suavidad y la sensualidad, de cuerpo que no parezcan sobretonificados sino vividos", escribe la autora. Comienza argumentando que, al ver a Sandra Bullock en una película del 95, se dio cuenta de que en esa época las estrellas como Bullock, Winona Ryder o Drew Barrymore eran "normales", y no hacían ejercicios agresivos ni dietas de desintoxicación a base de zumos. Esos cuerpos, dice, volverán a estar de rabiosa actualidad.

Pero lo interesante es que Singer considera que estos cuerpos se pondrán de moda por una cuestión meramente estética (toca cambiar de cánon y de silueta), no por los motivos que la autora llama "políticos". Dicho de otro modo: el cuerpo normcore no es el resultado de las quejas ante cánones corporales demasiado rígidos ni ante las constantes presiones que se ejercen buscando una perfección utópica. Es una moda más, como la de las chanclas de playa o las riñoneras.

Y, como ya sucedió con la ropa, se plantea un problema de definición. ¿Qué es un cuerpo normal? Para la autora, aquel que las actrices famosas lucían en los noventa, una silueta ni demasiado atlética ni demasiado descuidada. En definitiva, otro canon corporal poco concreto y poco realizable, aunque esta vez vaya amparado bajo la palabra normalidad.

Si, según cuentan las revistas de moda,  para vestir "normal" hay que invertir en unas sandalias Birkenstock, una sudadera de Céline y varios pares de camisetas de Uniqlo, esperen la paradoja de las paradojas: dietas espartanas y exóticos consejos de entrenamiento para fingir un cuerpo "normal".

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