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En Venezuela cada vez más niños abandonan la escuela para vender gasolina

"Algunos van al médico. Yo no he ido nunca. Ya estoy acostumbrado. Uno solo piensa en vender y agarrar los cobres"

"Uno no piensa en si será dañino o no para la salud, en qué puede pasar en la garganta, en la boca o en el estómago. Algunos van al médico. Yo no he ido nunca. Ya estoy acostumbrado. Uno solo piensa en vender y agarrar los cobres (dinero)".

Son palabras de Ronaldo , un niño venezolano que vende gasolina en Los Filúos, un pueblo del estado de Zulia fronterizo con Colombia.

Para gran parte de los 4.000 habitantes de Los Filúos, incluidos niños y adolescentes, el contrabando de combustible se ha convertido en una práctica común para subsistir. Pero, para muchos, también significa abandonar las aulas.

Para conocer esta realidad, The New York Times se ha acercado a la región y ha hablado con niños que comparten la misma rutina que Ronaldo.

En estos momentos, salen ilegalmente 100.000 barriles de gasolina del país, de acuerdo con cálculos de la empresa petrolera estatal, PDVSA. Algo que, especialmente, ocurre en las zonas fronterizas que comparten el estado de Zulia y el departamento de La Guajira de Colombia. Aunque, también se comercializa dentro del territorio venezolano.

En estos momentos, salen ilegalmente 100.000 barriles de combustible del país, de acuerdo con estimaciones de la empresa petrolera estatal, PDVSA

En las regiones fronterizas, los artículos de primera necesidad son mucho más caros que en el resto del país. Además, las escasas lluvias y las altas temperaturas hacen que, en Los Filúos, la ganadería y la agricultura sean, prácticamente, imposibles.

Estas circunstancias dejan a sus habitantes sin demasiadas opciones para seguir adelante, por lo que muchos encuentran la solución en el contrabando de gasolina. "Empecé en esto porque pasaba mucha hambre y no tenía nada para comer", dijo Ronaldo.

El negocio de la gasolina empieza en las gasolineras legales, donde llenar un depósito de 50 litros tiene un importe de 250 bolívares (menos de 10 centavos de dólar al precio del mercado negro). Después, ese mismo combustible se vende en puestos ilegales por un precio de entre 8.000 y 12.500 bolívares (entre 2 y 3 dólares y medio).

Llenar del depósito en este tipo de puestos tiene un precio que puede ir desde 17.000 a 25.000 bolívares (alrededor de entre 4 y 7 dólares). En ellos, suelen haber 2 tipos de clientes: aquellos que pretenden evitar las largas colas que se forman en las estaciones convencionales y colombianos que quieren beneficiarse del bajo precio del combustible venezolano.

Álvaro tiene 13 años y es pimpinero. En otras palabras, el que saca gasolina de los depósitos, o bien, los llena. Para ello, pasa los días enteros en la carretera soportando temperaturas que pueden llegar a los 40 grados. En cada puesto ilegal de venta puede haber una docena de niños con la misma rutina.

"Uno no piensa en si será dañino o no para la salud. Algunos van al médico. Yo no he ido nunca. Ya estoy acostumbrado. Uno solo piensa en vender y agarrar los cobres (dinero)"

Sin embargo, esta práctica está llevando a muchos a abandonar las aulas. Como muestran estimaciones del Sindicato Unitario de Magisterio del Estado Zulia (SUMA), en el curso 2016 /2017, el 60% de los alumnos de primaria y secundaria dejaron la escuela. Una tendencia que se evidencia, especialmente, en Los Filúos, ya que de los 178 alumnos matriculados solo van a clase entre 90 y 120 , según la responsable de la Escuela Bolivariana Luis E. Palmar, Neida González. 

Si con el tiempo los niños de Los Filúos no regresan a las aulas, podrían verse inmersos en una paradoja: venden gasolina para mejorar su vida, pero con ello se están privando de la educación que podría llevarles a un futuro más próspero.

[Vía The New York Times]

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