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Las niñas salvajes queremos ser bichos

Un poema de Carmen Juan

Carmen Juan es autora de Amar la herida, un poemario sobre la más salvaje infancia, que recuerda a aquelos mundos que Fleur Jaeggy o Vladimir Nabokov nos entregaron en sus novelas. Poesía hecha por lolitas demoníacas, cuyos rostros podrían ser retratados por la artista Dara Scully (imagen de cabecera), entre las ramas de los bosques.

SER EL BICHO

I

Fuimos niñas que no sabían ser niñas.

Tal vez por eso luego.

II

Fuimos niñas que no sabían no podían no querían.

Jugábamos a deformarnos.

A ser el bicho. Arrastrábamos

el uniforme por las paredes recién encaladas,

las palmas, las mejillas por las paredes recién

encaladas, como lagartos, para volver a la fila

ropas blancas, manos blancas, caras blancas, para

escucharlas escupir mira, es el bicho, mira.

Las niñas niñas nos miraban de reojo.

Que no te roce, que no te toque.

Que no

te contagie.

III

Las niñas eran hermosas.

Aunque no lo fueran.

Nosotras nos mordíamos la boca para provocar la llaga,

nos abríamos las rodillas y después

arrancábamos la costra, mostrábamos

el hueso a las niñas.

Las obligábamos a mirar.

Nunca quisimos la cura.

IV

Las niñas eran niña

pudor

mujer

silencio.

Nosotras olfateábamos el proceso de descomposición

de las sangres nuevas, limpias.

Por qué el cambio, por qué

los labios cerrados. Nos frotábamos la adolescencia contra

los dedos, buscando.

Incluso entonces olíamos distinto.

V

Las niñas crecieron ordenadamente.

Nosotras desarrollamos extremidades invisibles,

alcanzábamos con ellas el fondo de cuevas oscuras.

La oruga decía

                       quién

                       eres

                       tú

y nosotras nos mirábamos las uñas pintadas con carboncillo.

                       No sabíamos. Poco importaba.

                       No éramos eso.

 

VI

A las niñas hermosas se les abulta el vientre.

Paren niñas hermosas. Otra vez.

De nuestro centro nacen criaturas grises, viscosas. Mil

anfibios de golpe que se resbalan sobre el

asfalto del patio, que se arrastrarán

por las paredes y enfrentarán a la oruga

                       yo

                       no soy

                       eso

y darán a luz a más niñas que no sabrán

ser niñas. Lucirán sus uniformes

blancos de cal.

Seguirán jugando a ser el bicho.

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