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"Prefiero ser mala a ser fea"

¿Qué les estamos haciendo a nuestras niñas?

Tenemos que elegir entre dos opciones. La primera es la de ser la niña buena de una película. La segunda es la de ser su antítesis, esto es, la niña mala. La opción parece clara, ¿no? La niña buena siempre es mejor que la mala… Pero no vayamos tan rápido, porque la cosa no acaba ahí. Resulta que la niña buena es muy muy muy fea. Y que la niña mala es rubia, tiene los ojos azules, viste muy bien y es la más guapa del mundo entero. ¿Ahora qué? ¿Seguimos prefiriendo la primera opción? ¿O nos apetece más la segunda?

Espejito espejito, ¿quién es la más bella?

Estas preguntas son las mismas que se les pasan por la cabeza a un grupo de niñas francesas de entre 8 y 10 años que asistieron a un falso casting que en realidad resultó ser el material de un cortometraje de Lola Rougier-Onnis. Bajo el título de Je suis Louie, en estos apenas dos minutos de grabación podemos ver cómo este grupo de chicas se enfrenta a un cuestionario muy sencillo. Cuando su entrevistador les dice que han sido seleccionadas para optar a la representación de una película sobre una niña muy buena que se tiene que enfrentar a una niña muy mala, ellas sonríen alegremente, sabiendo que podrán ser elegidas para representar un bonito papel.

"¿Cómo os imagináis a la niña buena?", les preguntan. Y entonces ellas dicen palabras como “bonita”, “vestido”, “rojo”, “flores”, “rubia”, “guapa”… Sueñan con ser esa niña, y sueñan con llevar sobre ellas mismas todos esos conceptos y todos esos adjetivos que las convertirán en perfectas princesas. Sin embargo, cuando todo parecía ir bien, la tristeza y la duda aparecen en sus rostros. "¿Y si os decimos que la buena es muy fea, y que la mala es la más guapa del mundo?". El casting torna gris entonces y todas ellas acaban decidiendo que quizá ser la mala les convence más. "¿De verdad que preferís ser malvadas?", y asienten. "¿De verdad que por no ser feas preferís dejar de ser la buena?", y asienten de nuevo, nerviosas, sin saber muy bien cómo reaccionar. 

El proyecto de Lola Rougier-Onnis finaliza así produciéndonos un sentimiento inquietante. Que niñas tan pequeñas opten por elegir la belleza por encima de la bondad es algo que sólo puede explicarse atendiendo al tipo de anuncios, de revistas y de modelos que estamos enseñándoles. Este cortometraje, seleccionado para el Nikon Film Festival, es, además de una pieza cinematográfica, un grito de socorro, un estudio sociológico sobre qué estamos haciendo con nuestros hijos… La respuesta es que, en realidad, el espejo del mundo que les mostramos está hecho pedazos. 

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