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Las niñas que cambiaron de género para salvar su vida

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Bacha posh, o el dolor de crecer siendo una mujer en Afganistán

Luna Miguel

26 Agosto 2014 16:25

Tienes cinco o seis años, y entonces te obligan a tomar una de las decisiones más importantes de tu vida: ¿quieres ser una niña o un niño? Dependiendo de tu respuesta, tu mundo entero cambia. Si eliges lo primero, lo más probable es que jamás puedas salir a jugar a la calle, ni ayudar a tus padres a salir adelante, ni ser algo más que una vergüenza para tu familia. Si eliges lo segundo, podrás seguir tomando decisiones libres, estudiando y trabajando, y logrando que los adultos te respeten. Sin embargo, también es posible que si tienes cinco o seis años y eres una niña, tu futuro no dependa de ti, sino que se convierta en una condena: te cortarás el pelo, vestirás como un chico, trabajarás duro hasta los dieciséis años, y entonces, de pronto, volverás a ser mujer.

El fenómeno de las bacha posh (niñas que se visten como niños en Afganistán) lleva años apareciendo en los medios. Películas como Osama, documentales de en las televisiones europeas, y artículos sobre casos famosos de familias que tuvieron que travestir a sus niñas por pura supervivencia vienen mostrándonos desde principios de nuestro milenio esta tendencia cada vez mas común entre las niñas afganas. En 2010, de hecho, la periodista ganadora de un premio Pulitzer Jenny Nordberg publicó en The New York Times un extenso reportaje a propósito de Manoush Rafaat, una niña de seis años procedente de Kabul que tuvo que dejar a un lado su género para convertirse un chico. Tiempo después Nordberg transformó ese reportaje en un libro que verá la luz en septiembre: The Underground Girls of Kabul.

Foto: Adam Ferguson

La vida de la pequeña Manoush, una de tantas

Manoush no es Manoush, sino Mehran. Y tuvo que serlo así en el mismo momento en que sus padres tomaran la decisión de que no podían tener a más niñas en casa. Su madre Azita, era una importante parlamentaria cuya reputación dependía demasiado de su familia. En Afganistán, por lo visto, es común sentir alegría cuando nace un varón, y pena cuando nace una chica; así como pensar que si una mujer no ha criado a un hombre en su seno familiar, esta no es una buena madre. Por ese motivo no le quedó otra que acabar convirtiendo a la más pequeña de sus hijas en su nuevo y masculino hijo.

En un documental de la BBC, Azita se lamentaba de que en los tiempos que corren una niña no pueda salir a la calle, trabajar o ayudar a su familia sin ser juzgada. La libertad depende totalmente del sexo en su país, y lo peor de todo es que una vez crecidas, las bacha posh como su hija deberán reencontrarse con la feminidad, habrán de ponerse burka y perderán todas aquellas falsas libertades que tuvieron durante su adolescencia.

Cuando Jenny Nordberg conoció esta historia durante su estancia en Kabul, se quedó obsesionada ya no sólo con Mehran, sino con la cantidad de casos parecidos que se repetían alrededor. Encontrar grupos de chavales en la calle compuestos por niños de ambos sexos era cada vez más común, e incluso los vecinos o autoridades de la zona hacían la vista gorda cuando se enteraban de que alguno de ellos era una chica. Como si las apariencias importaran más que la realidad. Como si lo verdaderamente vergonzoso fuera la manera de vestir femenina, y no el hecho mismo de que hubieran nacido mujer.

The Underground Girls of Kabul

El próximo 16 de septiembre saldrá a la venta en Estados Unidos el libro The Underground Girls of Kabul (Random House), una crónica de la propia Nordberg que recoge sus últimos cinco años investigando, entrevistando, observando y conviviendo con distintas mujeres afganas que son o que fueron bacha posh durante su infancia. La periodista norteamericana quería reflejar de manera extensa las distintas etapas de estas niñas, no ya sólo en su niñez, sino también en su primera adolescencia o madurez. A través de distintas voces femeninas, Jenny Nordberg compone un interesante mosaico de experiencias muy distintas entre ellas.

Madres forzadas a travestir a sus hijas, mujeres adultas que aún siguen haciendo vida de hombre y que ocultan su género a diario, adolescentes que no quieren volver a ser chicas y que incluso sienten atracción por personas de su mismo sexo, homosexuales, bisexuales, religiosas o feministas, mujeres de todo tipo que llevan toda la vida dudando y enfrentándose a sus miedos, a las que ahora les toca luchar como nunca. Porque un día les tocó decidir. Porque un día tenían cinco o seis años y su mundo fue distinto para siempre. Porque un día ser masculinas o femeninas ya no les era una meta suficiente: todo cuanto ellas quieren es libertad.

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