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Estos neurocientíficos han identificado una función desconocida del cerebelo

Aún estamos empezando a comprender de lo que es capaz

El cerebelo siempre ha sido el hermano pequeño y “tonto” — entiéndase las comillas—. En comparación con su vecino el cerebro, asiento de la inteligencia, hogar del pensamiento abstracto y de las funciones voluntarias, entre otras tantas cosas, a esa región del encéfalo siempre se le han asignado unas capacidades tremendamente relevantes pero limitadas. Por eso, también, siempre se le ha prestado una atención secundaria.

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A nuestro “cerebro pequeño” —esa es la traducción del término latino cerebellum— se le considera responsable de funciones tan “simples” como integrar las vías sensitivas y las vías motoras. Es el hub responsable de recibir la información que entra en el sistema en forma de impulsos sensoriales y controlar las órdenes que la corteza cerebral envía al aparato locomotor. Como tal, el cerebelo interviene en movimientos reflejos como la respiración y nos ayuda a mantener el equilibrio, regular el temblor físico o a movernos sin parecer patos mareados o gente borracha las 24 horas del día. Poco más. O eso se pensaba...

Las neuronas del cerebelo se creían únicamente involucradas en la regulación de procesos motores involuntarios. Sin embargo, un nuevo estudio revela que las células granulosas del cerebelo juegan un papel en el llamado 'sistema de recompensa', responsable de nuestra respuesta ante incentivos y de procesos de aprendizaje

La casualidad ha llevado a un equipo de neurocientíficos de Standford a identificar una capacidad desconocida en el cerebelo: sus neuronas —llamadas células granulosas— parecen jugar un pa pel en el llamado 'sistema de recompensa', responsable de rasgos diferenciales como la respuesta ante incentivos (el querer o desear algo, con su traducción en comportamientos concretos), el placer (el gustarnos algo) o la motivación para el aprendizaje a través del reforzamiento positivo.

En realidad, los investigadores estaban estudiando cómo el cerebelo controla los movimientos musculares involuntarios en ratones. Para ello usaron una técnica de imagen intravital por excitación de dos fotones. El proceso implica la inserción de proteína verde fluorescente (producida de forma natural por un tipo de medusa) en el genoma del ratón. Gracias a esa proteína, se logra que determinadas células —en este caso, las células granulosas del cerebelo— emitan fluorescencia en la zona verde del espectro visible, posibilitando el seguimiento de su funcionamiento en tiempo real.

En el caso de los ratones, los investigadores querían ver qué pasaba en el cerebelo del ratón cuando se les incentivaba al movimiento sirviéndoles agua azucarada cada vez que apretaban una palanca. Fue entonces cuando vieron, para su sorpresa, que parecía haber una conexión entre la actividad de las células granulosas y la respuesta ante la recompensa del agua azucarada.

Según explican los científicos, algunas células granulosas “se encendían” cuando el ratón se acercaba a apretar la palanca, pero otras se activaban cuando el ratón estaba en reposo esperando la llegada de su premio. Un tercer grupo de células granulosas registraba actividad cuando el roedor se llevaba la recompensa. Estaban pasando cosas que, se suponia, no debían pasar. 

Aunque el cerebelo apenas supone un 10% del volumen total de nuestro encéfalo, acumula más del 50% del total de sus neuronas

No es la primera vez que se identifica la doble conexión de una misma región cerebral con la coordinación motora y con el sistema de recompensa —sucede, por ejemplo, con los ganglios basales—, pero sí la primera vez que se relaciona el cerebelo con la respuesta ante recompensas.

Parece, pues, que el cerebelo es mucho más complejo de lo que creíamos, una caja negra llena de secretos que solo podemos intuir. Idea que va en consonancia con una realidad neurológica difícil de ignorar: aunque el cerebelo apenas supone un 10% del volumen total de nuestro encéfalo, acumula más del 50% del total de sus neuronas.

Parece demasiada poder de procesamiento para simplemente mantenernos erguidos, respirando y en buena postura. Lo que invita a pensar que aún estamos empezando a comprender de lo que es capaz.

[Vía Standford]

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