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La negociación del TTIP entre EEUU y la UE ya no es un secreto... y es para asustarse

Un extenso documento filtrado a Greenpeace evidencia cómo EEUU quiere que Europa rebaje sus leyes para, por ejemplo, poder introducir alimentos genéticamente modificados en nuestros mercados

Las sospechas de miles de ciudadanos contrarios al TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones) se han confirmado: las presiones de las grandes corporaciones y del gobierno de EEUU a Europa para rebajar algunas regulaciones que protegen a los ciudadanos son una parte fundamental de la agenda de las negociaciones.

Hasta ahora, precisamente por negociar temas como la protección del medioambiente, la legislación sobre alimentos transgénicos o los pesticidas, las conversaciones se habían mantenido ocultas a la ciudadanía. Eran demasiado “sensibles” como para que la opinión pública las conociera. Pero ahora Greenpeace ha tenido acceso a los documentos que dan cuenta de ellas.

Los papeles no dicen nada nuevo: los lobbys quieren leyes a medida para ganar más dinero, aunque sea a costa de la seguridad del consumidor o del medio ambiente. En definitiva, EEUU y las grandes empresas a las que representa quieren menos trabas para el libre comercio con Europa. Y, si Europa quiere beneficiarse, tiene que ceder.

Pero aunque los papeles no digan nada nuevo, demuestran lo que hasta ahora solo habían sido especulaciones. Los defensores del TTIP, al menos, ya no tienen una excusa para desacreditar a los críticos del tratado. Si quieren defenderlo, tendrán que ir de frente y reconocer que están poniendo en juego los derechos y la salud de los ciudadanos y del medioambiente para obtener más beneficios económicos.

Lo que los documentos nos dicen de las bambalinas de las negociaciones puede resumirse en estos puntos:

1. Los intereses de las empresas se tienen en cuenta antes que los derechos de los ciudadanos

En los documentos filtrados se muestra que antes de avanzar en determinadas negociaciones, las partes políticas implicadas esperaban a tener la consulta pertinente con los lobbies de los sectores empresariales afectados. Sin embargo, los partidos políticos y las organizaciones de la sociedad civil no han tenido acceso a las negociaciones. Los que lo han tenido, lo han hecho bajo estrictas normas de confidencialidad.

Una nota interna del equipo de negociadores europeos decía: “EEUU ha expresado que debería consultar con su industria química cómo posicionarse sobre este asunto”. La nota se refería al acceso al mercado de bienes no agrícolas.

La misma postura se ha replicado en lo referente a las pruebas químicas sobre animales, la regulación sobre el grado de contaminación de pesticidas y la seguridad alimentaria.

En este último caso, EEUU quiere leyes más laxas para la introducción en el mercado de alimentos genéticamente modificados (GMO) o carnes tratadas con hormonas. Estos productos son legales en EEUU pero no en Europa. Con los pesticidas hay una controversia similar con elementos como el glifosato, legal en EEUU, pero prohibido en Europa. La OMS dice que es cancerígeno, sin embargo ha sido defendido por EEUU.

La propuesta estadounidense pide que ejecutivos de multinacionales como BASF, Nestlé o Coca-Cola puedan sentarse en las mesas de negociación. La propuesta incluye también una obligación de la UE para informar a la industrias sobre futuras regulaciones que les afecten por adelantado, para que estas puedan tomar las medidas necesarias, incluidas las de lobbying.

En definitiva, los lobbies estadounidenses y su equipo negociador representado por el gobierno quieren mandar en Europa y lograr regulaciones más a su medida.

2. El medioambiente no es un asunto prioritario

En ninguna página de los documentos filtrados aparecen menciones a planes para consolidar o aumentar la protección del medioambiente.

Greenpeace denuncia que no hay referencia a la regla de Excepciones Generales. Esta regla permite a los estados regular las reglas de comercio “para proteger a los seres humanos, la vida animal y vegetal o la salud”. Sin embargo, en beneficio de las negociaciones, esto se ha obviado. Así, productos que están permitidos en EEUU pero prohibidos en Europa por sus amenazas a la salud o al medioambiente, podrían circular por el mercado interior europeo.

Al mismo tiempo, las negociaciones del TTIP también dejan entrever que el TTIP no contemplará acciones concretas para cumplir con los compromisos adquiridos en la COP 21 para luchar contra los efectos del cambio climático.

Los documentos muestran que se descarta la regulación de la importación de combustibles altamente contaminantes como el petróleo procedente de las arenas bituminosas (tar sands). Las negociaciones tampoco tienen en cuenta el Acuerdo de París para reducir las emisiones de CO2 y bajar la temperatura del planeta.

3. Las negociaciones están estancadas

Al igual que hay oposición en la opinión pública, no todo el mundo dentro de los equipos negociadores está a favor del tratado, al menos en los términos que propone (y exige) EEUU. La regulación más laxa en la industria de los cosméticos y en los pesticidas agrícolas es el principal punto de distanciamiento a la hora de avanzar en el acuerdo.

Europa no quiere rebajar la severidad de sus leyes en estos asuntos. Estas peticiones concretas de EEUU harían que la UE traicionara compromisos previos adquiridos en la defensa del medioambiente.

Aún así, la delegación estadounidense, después de 13 rondas de negociaciones, ha tenido conquistas importantes.

En enero pasado, la comisionada europea Cecilia Malmström decía que el principio de precaución consagrado en el artículo 3 de la UE era intocable. Este principio es el que permite que impere la regulación sobre un asunto en el que los riesgos no están claros. Sin embargo, meses después, los documentos muestran que no hay menciones a este principio. La delegación estadounidense pelea ya porque el enfoque prime sobre la gestión de riesgos que puedan generar diferentes actividades, en lugar de evitarlos frontalmente.

Malmström ha reaccionado a las filtraciones y ha asegurado que "ningún acuerdo de comercio en la UE rebajará jamás el nivel de protección a los consumidores, o la seguridad alimentaria, o el medioambiente". Por otro lado, ha explicado que lo que se denuncia como una actividad de lobby se ha limitado a consultas con los sectores afectados.

[Via El País, Greenpeace, The Guardian, Politico]

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